CAPÍTULO 20 #3
—Resumido —me señaló—. El Fuego Verde es una deidad antigua que vive dentro de ti, que Rocco trajo a la vida para robarle su poder, y Henning no es tu tío, es tu padre.
—Sí.
Eiden chasqueó la lengua y movió la cabeza en asentimiento—. Yo digo que los cuestionemos, cuando bajen la guardia nos escapamos y vamos por Will. ¿Qué dices?
Junté el entrecejo, me quité la manta y gateé hasta él—.
No creo que se distraigan cuando les diga que sé que Henning es mi padre, Eiden.
Dijeron que van a hacer algo conmigo por los prisioneros que maté, estoy segura de que me quitarán mi elemento con el Neutralizador.
Peor, ¿por qué no te sorprendes por lo que te conté de Ib?
Eiden retrocedió un poco, comenzó a reírse nervioso—. ¿Por qué me sorprendería? Todo esto es una locura. Ya hiciste tu primera muerte, y yo no estaba aquí ¡Mierda! Quería verlo.
Tragué saliva un poco confundida―. Solo los hice caer al océano mientras huían.
—Eso es genial.
—Los adultos no piensan lo mismo —suspiré―. Pero no digas nada, les mentí, les dije que yo no fui porque no sé qué hice para que cayeran.
—Me importan una mierda los adultos. Por su culpa atraparon a Will, y por su culpa te encerraron once años. Así que yo digo que hagamos lo que queramos. Larguémonos. Yo solo vine a dar la noticia que nos atacaron. Debo regresar.
―No nos dejarán ir. Si ya los atacaron, entonces Vulkan y Vindas traerán la guerra hasta acá.
― ¿Eso crees?
―Sí.
―Entonces, tenemos que irnos antes ― Eiden vio al techo, yo no sabía si quería irme con él―. Esperemos a la noche. Ya que todos estén dormidos.
Me encogí de hombros, ya no dije nada. Miré hacia la ventana, ya era de noche.
Eiden me había encontrado en la puesta de sol y, por lo que dijo, nadó más de veinte horas sin descanso porque para él era mejor nadar que balancearse en una roca helada.
Y, aun así, parecía tener la energía suficiente para salvar a su mejor amigo.
Yo era lo contrario, mi respiración seguía ronca y probablemente me iba a enfermar de gripe.
—No creo que sea buena idea —dije—. Es mejor que descansemos.
—No quiero hacerlo —atacó, volteó a verme, pero se calmó—. Jamás he entendido tus emociones, en serio.
—Solo te volteé a ver.
—Claro que no. Me viste como con odio, o aburrimiento, no sé.
Hice una mueca con la boca. Sí, había dejado de expresar muchas emociones en mi cara para que Rocco no se aprovechara de mi estado de ánimo, después de que él me traicionara y cambiara mi fuego.
Me relajé, ya no estaba encerrada en la base Quetzal, podía expresarme sin miedo a ser atacada, aunque me gustaba que Will fuera el único que me lograba descifrar.
—Hay que descansar —volví a decir—. Mañana vamos por Will, tienes mi palabra.
—Mi palabra es mi honor —dijo Eiden con una sonrisa.
―Sí.
Eiden se inclinó un poco hacia mi como si quisiera besarme, pero se alejó de inmediato―. Iré al baño.
Dio media vuelta y se encerró. Me dejé caer en la cama y volví a envolverme en la cobija. ¿Por qué no me besó? El vacío en mi pecho me rodeó con incertidumbre. ¿Qué le sucedió a Eiden?
(…)
Eiden durmió en el sofá de la habitación, amaneció en el suelo, con una manta cubriéndole la cabeza, al menos yo dormí en la cama.
Desperté primero que el muchacho. Miré hacia la puerta y vi un carrito con comida.
Fui por un poco de fruta y té. La bebida estaba fría, la comida llevaba tiempo en el cuarto.
Vi una carta sobre el carrito. Tomé el papel y lo desdoblé, era la letra de Aneka.
Buenos días, Cassie.
No dejes que Eiden lea esto, estoy segura que serás la primera en despertar. Aún estamos deliberando qué hacer contigo, ya que tu madre y yo consideramos que lo que hiciste con los prisioneros no fue correcto. Henning, por su parte, dijo que nos ahorraste un problema.
Chloe, Hellena y el Señor Aqua piensan que lo mejor es recluirlos a ti y a Eiden en la base Militar que se encuentra en la Isla Mant, ya que Eiden también es muy impredecible.
Yo estoy en contra, aún desconozco las formalidades del Fuego Verde, esa energía que vive dentro de ti es muy inestable.
Necesito hacer más pruebas, lo sabes. A menos que yo vaya contigo a la Isla, no te dejaré salir de la Dinastía.
Seguimos en discusiones. Por ahora, no los dejaremos salir de la habitación.
A las diez vendremos a inyectarles el Neutralizador, es lo mejor, espero que lo entiendas.
Quizá si tu fuego se va por un par de horas, pueda investigar un poco más sobre el Fuego Verde que vive dentro de ti.
Me preocupo por ti, quiero lo mejor para ti y tu elemento. Recuerda eso, Princesa Fénix.
Arrugué el papel entre mis manos y luego lo quemé.
Vi las cenizas volar, era como ver mi vida caer a pedazos.
Eso quise que me sucediera. ¿Por qué mierda nací con elemento?
¿Por qué mierda el primer dios jugó con mi elemento e hizo que Ib también existiera en mi cuerpo? ¿Por qué no podía ser normal?
Fui al baño, miré el reloj, eran las nueve y media de la mañana.
En media hora más vendrían y me quitarían mi elemento, mis cicatrices se verían al mundo, mi daño permanente.
Mi historia que no podía borrar. Me puse otro cambio de ropa, un suéter y un pantalón deportivo.
Aunque hacía un calor insoportable, me gustaba eso, pero ahora ya no podría bajar la temperatura de mi cuerpo para aguantar el sol del Continente Lotán.
Al menos, en la mansión de la Dinastía la temperatura estaba regulada.
Escuché una queja, Eiden. Lo vi levantarse del suelo para después desplomarse boca abajo en la cama, vi su trasero.
No podía negar que era atractivo, su cabello rubio tostado y su piel bronceada porque no se cuidaba, era como ver al protagonista del libro de romance que Chloe me había prestado.
Aunque Will, él era por mucho, más hermoso que Eiden, además, no era un idiota.
Pero había algo en Eiden que me hacía querer besarlo más que a Will.
¿Tenía que ver con la profecía? ¿O que el pasaje del rubio decía que reviviría el fuego?
—Eiden —lo llamé.
—¿Qué quieres? —se quejó con un ronquido.