Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 16 #3
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CAPÍTULO 16 #3

Cerré los ojos. Me concentré en los elementos al otro lado de la casona.

A veces, cuando robaba con Eiden, hacía eso para saber cuántos usuarios de elemento había en algún lugar para evitarlos, aunque siempre fallábamos y terminábamos en alguna pelea.

Lo cual pasaba más de lo que me gustaría admitir. Aspiré aire, saboreé su poder

Abrí los ojos.

―Son trece. Todos portan elementos ―dije―. No sé si podremos contra ellos.

Chloe soltó una carcajada seca―. Soy la mejor Tierra que conocerás en tu vida. Einar es el segundo mejor. Tú eres el viento de la Profecía. Tu madre es la heredera de la Dinastía del Viento y está casada con la cabeza de la Casa Rubí. ¿Crees que vamos a perder? Qué poca fe nos tienes, William.

― ¿Me estás retando? ―ataqué con hastío―. Jamás me he enfrentado a guerreros de una Señora.

La Dama sonrió de lado, no me respondió. El muro de piedra descendió y las puertas se abrieron con una ráfaga de viento que me cortó el respirar.

Los trece hombres entraron con sus rifles de asalto en mano.

Nos apuntaban, mientras pequeños remolinos se formaban a sus costados.

Bien, tendría que pelear, y mi único entrenamiento era en las peleas clandestinas de Darth el organizador, y las peleas donde robaba con Eiden. Joder. Esperaba ganarle al menos a uno.

Rosa me tomó del brazo y me puso tras ella.

Melinda hizo lo mismo. Las mujeres atacaron al unísono.

No dudaron. Sus movimientos eran casi líquidos, como si el aire las convirtiera en ondas dentro del agua.

Imité sus gestos. Debía de aprender rápido para poder defenderme.

Sabía que esta no sería la primera vez que me enfrentaría a algún guerrero.

Las rocas comenzaron a elevarse a nuestro alrededor. Miré a Chloe; me señaló con el rostro lo que debía hacer. Lancé las rocas con mi viento. Los soldados esquivaban los proyectiles con agilidad. Parecía que bailaban entre los ataques. Ugh.

Einar encerró a dos en cápsulas de piedra y los arrojó hacia afuera. Empujé a otro con una ráfaga. No quería matarlos, solo debíamos dejarlos fuera de la pelea. ¿No?

Mi madre se enfrentó a tres soldados. Melinda, con otros dos. Chloe y Einar se encargaban del resto.

Seguí los pasos de mi madre. La vi noquear a un guardia por falta de oxígeno y lanzarlo fuera.

Rosa volvió a interponerse entre los atacantes y yo.

Sentí calor por toda mi espalda, su protección me hacía querer caer.

Sentí un tornado en la garganta, ¿por qué nunca pude estar junto a ella?

Rosa aterrizó a mi lado en una ventisca.

―Observa y aprende, hijo.

Jamás pensé ver a Rosa Vind protegerme. Mucho menos verla atacar. Ella, que era conocida por ser activista de los derechos humanos y de los elementos.

Criticada por la prensa. Por todos. Por no ser la Princesa perfecta que todos deseaban que fuera.

Sus brazos se movían como listones de tela. El aire los seguía, formaba látigos que usó para azotar a los soldados contra el suelo. Quise intentar ese movimiento. No pude.

El suelo comenzó a congelarse y la felicidad me hizo mover más rápido mi viento. Eiden ya había llegado. Los soldados restantes se congelaron en el acto. Murieron. Corrí a la entrada, vaho me rodeó, pero quien apareció no fue mi amigo. Era el Señor Aqua y Hellena lo cargaba.

Chloe se acercó con sus padres, Einar la ayudó. Varios guardias los siguieron, asegurando el camino para su jefe. La sangre salpicó el mármol del piso. No sabía si debía inclinarme o no.

—¿Qué sucedió, padre? ¿La batalla sigue? —cuestionó Chloe apurada.

Olí la sangre putrefacta que emanaba del Señor Aqua, su respirar era irregular. Hellena tenía el rostro constipado.

—Sí, la pelea sigue. Tenemos que movernos. Alguien le disparó a tu padre. Tengo que quitarle la bala o se desangrará.

—Hay un quirófano por acá —dijo ella con urgencia, y luego se volteó hacia mí—. ¡Revisa que no los hayan seguido!

Desaparecieron por uno de los tantos pasillos. Rosa me tomó del hombro y me hizo caminar hacia la entrada.

Seguí sus pasos, aunque algo en mí se resistía.

Salir me causaba conflicto. Afuera había tres camionetas, todas vacías.

Cerré los ojos un segundo, dejé que el viento me hablara con sus susurros.

No había nadie. Solo los elementos que ya conocía, y los guardias del Señor Aqua que resguardaban la entrada.

Vi a Rosa y a Melinda inspeccionar los vehículos. Las seguí. Pasé junto a los dos hombres envueltos en piedra, los tres cuerpos que habíamos azotado contra el suelo -inconscientes, o quizá muertos- y los demás…, congelados.

Eiden hacía lo mismo. Aunque él solo lo había hecho tres veces, y aun así trataba su crimen como si fuera una hormiga aplastada. Siempre evadía el tema de sus asesinatos. Porque eso eran. Quizá no deseaba hablar porque sería aceptar lo que hizo. Yo no quería ser un asesino.

Vi al guerrero que noqueé. El que estaba a unos metros de mí. No despertaba y su respiración era débil.

Esperaba que no muriera. O tendría su muerte en mi conciencia para siempre.