CAPÍTULO 16 #2
Les hablé de Eiden, de nuestras primeras aventuras.
De cómo lo conocí, omití que ambos nos hicimos los ladrones más famosos de Arnerr.
No quería que Rosa tuviera una mala impresión de mí.
Pero no pude callarme al contar cómo interrumpimos la base Quetzal durante las protestas.
Desde el momento en que conocí a Chloe y Cassie.
De cómo descubrí que Cassie era la única mujer fuego del mundo.
De su poder, de su energía, de su belleza.
También les conté sobre nuestra estadía en la Isla de los Salvajes, como esa gente solo deseaba pertenecer, tener una vida tranquila. Solo ser valorados por lo que eran. También le dije cómo fuimos al templo de la Diosa Em. Nos habló del destino y nos confirmó que mi padre seguía con vida.
Rosa se derrumbó otra vez. Y susurró un nombre. Anders.
Ese era su nombre. El nombre de mi padre.
Ahora tenía la verdad. Sabía sus nombres, ellos eran mis progenitores. Mi familia.
Nos quedamos en silencio. Rosa sollozaba y era consolada por su esposa. Quise abrazarla, pero no sabía cómo hacerlo. Apenas llevaba un par de horas de haberme reencontrado con ella. Lo sentía como una eternidad, y al mismo tiempo, como si solo hubieran pasado unos segundos.
― ¿Estás seguro de que la Diosa te dijo eso? ―preguntó Melinda en un murmuro.
Asentí con la cabeza―. Sí. Dijo que primero debía encontrar a mi madre, y después buscar a mi padre.
―Si lo dijo la Diosa en persona, entonces debe ser verdad― inquirió Rosa con dolor―.
La Diosa lo sabe todo, ella ve todo. Por ella estás con vida, eres parte de la Primera Profecía.
Debes cumplir tu destino, y si eso incluye encontrar a tu padre…
, lo haremos. Yo… ― su voz se quebró―. Mi madre me juró que Anders estaba muerto, que lo mandó matar ¿Por qué nunca me buscó?
―Sabes que los primeros años de nuestro matrimonio fueron horribles ―Melinda suspiró cansada―.
Teníamos vigilancia todo el tiempo. La seguridad bajó hace dos años, Rosa, y fue solo porque me convertí en la líder de mi Casa.
Sabes que la Señora Ventus hizo de todo para que no volvieras a ver a Anders o a William.
Mi madre asintió.
Conocía esa parte. Al público le dijeron que habían intentado matarlas, que había muchos hombres y mujeres deseosos de casarse con Rosa, y que todos al ser rechazados, quisieron venganza.
Rosa es la siguiente en la línea al trono de la Dinastía Viento.
El poder lo es todo. Pero ahora sabía la verdad, la Señora Ventus no quería que mi padre se acercara a Rosa, ni que ella lo buscara.
Le tomé las manos, temblé un poco―. Vamos a encontrar a mi papá. Solo tenemos que esperar a que Eiden llegue. No voy a irme sin él. Sé que podremos encontrar a Anders juntos.
―Lo quieres mucho, ¿verdad? ―preguntó mi madre―. Es tu único amigo.
Me debatí. Mis heridas latieron―. Sí…, es mi mejor amigo.
―Bien, esperaremos por él. Solo esperemos que el Señor Aqua lo deje venir ― rio un poco―. Él ahora es heredero de Lotán.
―Lo sé, y yo soy el tuyo, ¿no?
Rosa asintió con la cabeza y volvió a acariciarme la cara―. Sí, lo eres. Eso eres. Ahora yo te voy a proteger. Vamos a recuperar los años que perdimos, ¿de acuerdo?
―Sí. Sí, sí ― lloré―. Sí, eso es lo único que quiero. Quiero a mi familia.
―Ya la tienes. La tienes aquí.
―Gracias por creerme, por aceptar que soy tu hijo.
―Por qué lo eres. La Diosa lo dijo, y tus ojos también. Tienes la misma mirada de anhelo que tu padre. Anders siempre fue un hombre lleno de bondad y esperanza, así como tú.
― ¿Cómo era él?
―Maravilloso ― los ojos de Rosa brillaron, me hizo sentar en la cama, Melinda nos siguió―. Era el mejor hombre que he conocido, que ni siquiera puedo describir con palabras. Lo amé tanto. Tanto que mi madre se enteró y nos separó. Pero ya era tarde, ya me había embarazado de ti.
― ¿Lo que dicen las historias es verdad? ¿Qué lo conociste en la mansión porque era un empleado?
Rosa negó con la cabeza―. Él era hijo de un trabajador, sí, pero jamás trabajó en la dinastía.
Éramos jóvenes. Nos veíamos de lejos, y un día, le hablé, y cada que podía me escabullía para ir a verlo.
Sabíamos que nuestro romance sería prohibido, mi madre quería comprometerme a una Casa Elite para seguir con el reinado del viento.
Tenía que asegurar un heredero. Pero al embarazarme de ti…
Melinda tomó a Rosa de los hombros, me vio―.
La Señora Ventus escondió a Rosa todo el embarazo.
Decidió no hacer ningún estudio de gen. No le importó si tenías el elemento o no.
Solo quiso deshacerse de ti. Nos alegra que ese guerrero te haya salvado y que tus abuelos hayan aceptado criarte. Así lo quiso la Diosa.
Sonreí un poco―. Sí, la Diosa así lo quiso.
Me puse de pie. Aunque quería seguir oyéndolas, el viento comenzaba a picarme. Vi a la puerta. Cassie y Eiden me preocupaban. Tenía que buscar a Chloe. Eiden se había arrojado al océano con Cassie, y ella no sabía nadar. Debíamos encontrarlos primero.
Me inquieté. La mansión estaba vacía. No había sirvientes. No había Salvajes. Ni siquiera la madre y el tío de Cassie estaban en la casona, cuando prometieron que ahí nos estarían esperando.
― ¿Todo bien? ― Rosa preguntó.
―No. Algo anda mal. Iré a buscar a Chloe. Quédense aquí.
Salí sin dejarlas responder. Un grito. Luego, todo tembló. Bajé las escaleras. Chloe estaba de pie en medio de la entrada a la Dinastía. Tenía los brazos levantados hacia la puerta. Einar apareció corriendo, se puso a su lado e imitó su pose.
― ¿Qué sucede? ―pregunté alarmado.
―Nos atacan ―contestó Chloe.
La vi mover su brazo hacia arriba, luego hacia abajo. Azotó el pie contra el suelo y todo volvió a retumbar.
Giré. Mi madre y Melinda venían hacia mí. Ambas eran revoloteadas por su viento.
― ¡Es la guardia de mi madre! ―gritó Rosa―. Puedo sentirlos.
― ¿Cómo mierdas nos encontraron? ―mustié.
― ¡La razón qué sea, saben que estamos aquí! ―explotó Chloe.
Chloe volvió a mover los brazos, y Einar intentaba seguirle el ritmo.
El temblor bajo mis pies fue casi tan potente como la energía que ella despedía.
Me daban ganas de correr. ¿Eso era lo que Cassie decía que sentía con su calor corporal?
¿Ese era el poder electrizante del que hablaba cuando usaban sus elementos?
Miré hacia la puerta. Como había dicho mi madre, había elementos de viento tras la capa de tierra que trataban de traspasar los muros.