CAPÍTULO 15 #3
Ambos nos quedamos de pie, mientras Rosa y Will lloraban. Ella lo tomaba de la cara y Will solo aceptaba el gesto. Ambos se abrazaron. La líder de la casa Rubí los veía con compasión. Cassandra se recargó en mí, yo solo pude apretar su mano con la mía.
La jalé y nos sentamos en una de las bancas que había ahí afuera.
Lejos de la reunión familiar, pero aún podíamos verlos.
¿Estaba mal sentir dolor en el pecho porque yo quería que mi madre me abrazara así?
Yo siempre la tuve, pero…, no importaba.
Estar ahí afuera era mejor que estar en el salón, el bullicio de la música y las palabras de las personas de poder me sacaban de quicio.
Quería ahogar a todos. Quizá eso era lo que más me estresa, ese lugar estaba repleto de elementos poderosos.
Los cuatro Líderes de las Dinastías estaban ahí, la mayoría de las Casas Elite, y todo el Parlamento Humano se encontraba.
Siempre quise atacar a las Dinastías, ahora podía hacerlo, mi único problema era que Will se enojaría más conmigo, y no quería eso.
Además, ¿Cassandra también se molestaría conmigo?
No lo sabía. Quizá ella atacaría conmigo.
Suspiré.
Me sentía incompleto sin mi amigo, me arrepentía por haberlo aporreado el día que llegamos al Lotán.
Me desquité con él, no debí hacerlo, debí haber golpeado al Señor Aqua.
¡Pude haber hecho mil cosas y solo reaccioné con violencia porque soy estúpido!
Si no hubiera sido por Cassandra en la biblioteca, hubiera matado a Will, bueno, no, no lo hubiera hecho, no quería perderlo.
Quizá ella también me enojaba. Me estaba quitando a mi único amigo sin siquiera intentarlo.
Vi nuestras manos entrelazadas, su calidez me distraía de cualquier pensamiento acuático que me quería ahogar.
O tal vez la quería a ella y por eso no la quería cerca de Will.
Cassandra se enderezó y vio hacia una de las puertas del balcón. El Señor Ignis apareció, solo. Mierda. Se acomodó el traje y vio a nuestra dirección. Cassandra volteó hacia mí, sus ojos temblaron. El calor en sus manos volvió a escalar, lo ataqué.
―Sabe que estoy aquí. Me llevará a Quetzal.
―No, no sabe.
Di una mirada rápida al Señor Ignis. El hombre comenzó a caminar a nuestra dirección.
Vi a Cassandra, la tomé por la cara y la besé.
Ella me siguió el juego. La vibración de nuestros elementos volvió a explotar dentro de mi pecho.
Cassandra besaba bastante bien, y en ese momento, con su pánico, estaba devorándome.
Quise atacar de la misma manera, pero en ese momento yo solo era una víctima debajo de las garras del fénix.
Traté de mantener el frío en su cuerpo, pero el fuego me retaba a cada roce, era una batalla infernal que quería perder.
Apreté su mano para enfriarla, hacerla ceder, pero el fuego no se rendía, nunca lo haría.
Ella se separó, la vi cohibirse y caer. Ambos volteamos al frente.
El Señor Ignis nos veía, con sus guardias a unos metros de él.
¿Cuándo aparecieron? La severidad de la mirada del hombre me tajó, quizá porque habíamos roto una regla, como había dicho Cassandra, o porque sabía que la muchacha frente a él, era su hija.
―Cassandra― habló el Señor Ignis con orden, fue la segunda opción―. Pensé que seguías escondida en el Continente Farren. Me alegra que no sea así.
Cassandra se separó de mí, su piel tomó otro color, más rojizo.
Estaba expresando su elemento, y sin que yo la enfriara, era bastante fácil notar su calor.
Se levantó, y verla confrontar al hombre más poderoso del planeta, me excitó.
Yo también me puse de pie. Miré a Will. Él y sus madres nos veían atentos.
—No me pienso esconder nunca más, padre —dijo Cassandra firme―. Mi poder no puede ser oculto. Lo sabe bien.
El Señor Ignis dio un paso hacia atrás, e ignoró lo que dijo su hija—. ¿Qué haces en esta gala? ¿Besándote con…? —me analizó de pies a cabeza con asco—, un plebeyo sin título. Ni siquiera sé quién es, ¿de dónde lo sacaste? ¿De Farren? Sabes muy bien que estás comprometida.
—Le dije que no pienso casarme con Rocco.
—No es opción —mustió con molestia—. Ya estás afuera. Tendremos que adelantar los preparativos. Así que te ordeno que no muestres tu elemento.
—¿Qué? ¿El fuego? —ataqué, y lo desorienté—. Oh, sí. Cassandra es una mujer fuego. Y sé que quiere quitárselo.
—Muchacho irrespetuoso, no sabes con quién hablas. Debería arrestarte aquí mismo.
La prepotencia del Señor Ignis me dio risa. Cassandra me tomó la mano para callarme, no le sirvió.
—Tú tampoco sabes con quién hablas —me mofé—. Cassandra no se va a casar con nadie. Deje de tenerle miedo al elemento de su hija. Ella es el fuego de la Primera Profecía.
El Señor Ignis hizo una seña con la mano, no le importó nada lo que dije, ¿por qué lo haría?
Como él dijo, en ese momento yo no tenía título, pero pronto lo tendría.
Los soldados se acercaron a nosotros, nos separaron y me aventaron a un lado.
Cassandra se debatió entre los agarres de los soldados.
Vi cómo uno sacaba una jeringa. No, no podía dejar que la neutralizaran.
Una ventisca de aire se la arrebató al guerrero. ¿Eh? Miré a Will. Tenía la jeringa en la mano y la lanzó al precipicio. Rosa se interpuso entre su hijo y el Señor Ignis.
—¿Qué significa esto? —ordenó el Señor Ignis—. Señorita Vind, explíquese, ya.
—Lo siento, Señor. No hablaré.
Me levanté mientras más soldados iban tras las mujeres y Will.
Mi amigo empezó a defenderse. Yo me concentré en Cassandra.
Ella seguía intentando zafarse de los hombres.
Joder, ¿qué hacía? Mi madre me hizo jurar en privado que no llamaríamos la atención.
Esto iba a adelantar la declaración de guerra y todo el plan de contraataque se iría a la mierda. Bueno, ya qué.
Di un golpe contra el suelo con mi pie, el hielo corrió hasta los soldados y los congelé de un tirón.
Cassandra se debatió entre las manos congeladas, se logró liberar y corrió hasta mí, la tomé de la mano y la puse tras de mí para protegerla.
El Señor Ignis vio a sus soldados helados, luego volteó a verme.
El fuego cubrió las entradas a la terraza.
Hubo un par de grititos, sí, ya todo se fue a la mierda.
La gente que quedaba en el balcón no pudo huir de nuestra pequeña guerra, nadie se atrevía a cruzar el fuego del Señor Ignis. Yo era el único estúpido enfrentándome al Señor más poderoso de nuestro mundo. ¡Ja! ¡Ya qué!
―Esto es una ridiculez, Cassandra― expresó furioso el hombre―. Haz que esto acabe. Ambos nos iremos, y te casarás. Sabes qué es lo mejor. Compórtate como la Dama que eres.
― ¡No! ― gritó ella, y le lanzó una llamarada a su padre― El Señor Ignis voló hasta el otro lado de la terraza, ¿qué? ―. No pienso casarme con nadie.
Los soldados intentaron dispararnos, pero sus armas no funcionaron.
El metal de las armas se tornó rojo, los guerreros soltaron sus pistolas y gritaron por el dolor.
Sus guantes también se habían derretido y la sangre goteó de sus pieles.
Me quedé quieto, sentía que si miraba a Cassandra también me quemaría.
Will y sus madres se protegieron tras de mí. Eso me regresó al presente.
― ¡Cassie, tenemos que salir de aquí! ― gritó Will.
Las barreras de fuego de las puertas desaparecieron. Mi corazón comenzó a golpearme la cabeza. Me volteé con mi amigo―. Ve con Chloe y Aquiles, diles lo que sucede, yo me quedo con Cassandra.
―De acuerdo.
Will corrió dentro del salón con las dos mujeres.
Regresé a la batalla. Me posicioné a un lado de Cassandra.
Ella seguía su lucha con los guerreros, pareció que no quería matarlos o herirlos.
No tenían tiempo para la moralidad. ¡Acababan de iniciar una guerra!
Volví a azotar el piso con mi pie, el hielo hizo sus estragos, congelé a otros dos soldados. Quedaban tres.
Cassandra levantó ambos brazos, y cerró sus manos en un puño.
El fuego de los guardias desapareció. Vi el desconcierto en la cara de los hombres, a lo lejos, el Señor Ignis se estaba levantando.
Cassandra bajó sus brazos con un tirón. Pude jurar que vi como el elemento de los hombres que tenía enfrente dejó de existir en sus cuerpos.
Tomé a Cassandra del brazo y la obligué a entrar al salón.
No podríamos ganarle al Señor Ignis, no teníamos el poder para hacerlo.
Quizá nos podríamos defender, pero no íbamos a ganar.
Mierda, también había pánico en el salón.
¿Ya estaban haciendo la declaración? ¿Will comunicó rápido lo que sucedió afuera?
Quise berrear y largarme de ahí, pero también me quise plantar frente a todos, y mostrar que tenía poder, aunque no era cierto.
¿O sí? Tenía buen control elemental, no soy ningún principiante.
Bueno, quizá un poco, no tengo tantos años controlando el agua.
¡Da igual! ¡Debía dejar de pensar! ¡Tenía que largarme de ahí!
Hubo un pitido. El Señor Aqua ya estaba en el estrado, trataba de calmar a la multitud.
¿Cómo iba a calmar a un montón de animales desorientados?
Vi a mi hermana y a Will, estaban en medio de la pista, las demás personas estaban alrededor de ellos como si fueran veneno que no querían tocar.
La música ya no sonaba. Llegamos con ellos.
Chloe abrazó a Cassandra. Will era protegido por su madre, Einar estaba ahí, ugh, quise golpearlo.
Alguien me tomó del brazo, volteé exaltado, era mi madre. Ella me abrazó, y me analizó la cara.
― ¿Estás bien?
―Sí, mamá.