CAPÍTULO 15 #2
Cuando Will dijo que Chloe era la mujer más codiciada de las Dinastías, no mentía.
Mi hermana tenía poder sobre las personas, su voz era escuchada, o quizá era solo su belleza que era admirada.
Cassandra y yo volvimos a vernos. Ambos estábamos afligidos.
Aún me preocupaba ver emociones en ella.
Casi siempre era seria, muy pocas veces dejaba ver lo que sentía.
Y esas veces eran con Will. El celo se me atascó en la garganta. ¿Por qué? ¿Por Will? ¿O por ella?
― ¿Ahora qué hacemos? ―pregunté―. Solo debemos esperar, ¿no? No nos dieron muchas indicaciones.
―Mi madre solo me dijo que enseñara mi fuego cuando me mostraran al mundo. Pero la verdad es que no…
Se quedó callada. Apretó mi agarre y miró por detrás de mí.
Le seguí la mirada. Cassandra veía a Rocco.
Ugh, ese imbécil si había venido. Aún trataba de entender cómo había ocultado su identidad ante los adultos.
Ellos solo veían una masa negra, mientras nosotros veíamos a la persona, su identidad.
Lo peor es que ahora sabíamos de qué se trataba del Primer Dios.
Todavía me costaba creerlo. Se supone que la Diosa nos creó, no él.
O quizá nuestra historia era una total mentira.
―Aneka y mi madre quieren que Rocco sepa que estoy aquí ―Cassandra habló bajito―. Quieren que sea condescendiente con él si se me acerca. Yo no deseo hacerlo. Ni siquiera quiero que me vea. Me quiero quedar aquí contigo.
Suspiré agotado―. No lo hagas y ya. Tú toma la decisión. Si te quieres quedar conmigo, quédate conmigo.
Cassandra me vio afligida. Once años viviendo encerrada, siempre pidiendo permiso para hacer algo distinto, ahora que no tenía que hacerlo, se descomponía.
Lo había mencionado un par de veces con Will en la Isla de los Salvajes.
Solo escuché, porque no supe que decir, para mí eso era una tortura.
Cada acción, cada palabra, cada mínimo cambio en su rutina diaria, tenía que ser alabado por alguien más.
―No quiero hacerlo ―su voz flaqueó, como si esperara que la corrigiera y le dijera que fuera con Rocco―. Quiero quedarme aquí.
―Entonces ya está. Tú te quedas aquí, conmigo. Fingiendo ser una tonta pareja de alguna casa élite.
Cassandra me vio perpleja, luego se relajó con una pequeña sonrisa.
Solo debíamos esperar al anuncio del Señor Aqua, atacar si era necesario, y salir de ahí.
Solo haríamos eso, solo debíamos soportar un poco más de tiempo muerto.
Mierda, seguro ni siquiera lograríamos comer algo del banquete. Quizá debí comer algo antes de venir.
Volteamos al otro lado del salón. Will caminaba hacia nosotros. Su porte, su elegancia, todo lo hacía ver como un Príncipe más de una Dinastía, aborrecí eso. Se veía histérico, se tocaba la boca y la barbilla. Mierda. No logró ir tras su madre.
Will se sentó a un lado de Cassandra. Noté la desesperación en su rostro, o quizá fue la pequeña ventisca que movía su cabello rizado. Sus ojos estaban llorosos, y el labio inferior le temblaba.
―Necesito que me ayuden. No pude ir tras mi madre.
―Lo sé ―mustié―. ¿Qué sucedió?
Rodó los ojos y dejó de verme, se concentró en Cassandra. La tomó por el hombro y se acercó un poco a ella. Quise alejarlo. Llevarlo lejos de Cassandra. O quedarme solo con ella. No supe qué corriente de agua me revolvía el estómago.
― ¿Tú qué hiciste cuando viste a tu madre por primera vez? ―preguntó Will.
―Me desmayé ―contestó Cassandra.
Will contrajo los labios. Entonces lo vi. Sentí su ansiedad recorrerle el cuerpo, el corazón lo mataba desde dentro.
―Necesito… ―bajó la mirada, vio nuestras manos entrelazadas y se apartó. El celo lo envolvió. El aire se hizo seco―. ¿Por qué se están tomando las manos?
―No quiero que mi padre sepa que estoy aquí ―respondió Cassandra pulcra―. Eiden me ayuda.
―Ah.
Will se afligió un poco. Dejó de vernos para mirar la pista de baile. Ahí seguía mi hermana con Einar. La gente no los dejaba en paz, los atiborraban de preguntas y fotografías. Joder, qué horror. ¿Eso me sucedería cuando me llamaran príncipe? Qué asco. Preferiría no tener elemento.
― ¿Quieres ayuda o no? ―lo ataqué para ignorar mi propia ansiedad―. Tenemos que hacer que tu madre nos ayude, lo sabes.
Will me miró molesto.
―No es como que tenga otra opción. Síganme, les diré dónde está.
Hicimos caso, solo porque quería que Cassandra dejara de pensar en Rocco, y porque teníamos que convencer a Rosa Vind de ayudarnos antes de que el Señor Aqua dijera algo al público sobre Cassandra o sobre mí. Quizá solo ya no quería estar sentado sin hacer nada.
Rosa Vind estaba en la parte del bar, con su esposa, la líder de la Casa Rubí.
Will la había seguido hasta que ella lo interceptó y le preguntó si la conocía.
Mi amigo dijo que no, y se fue. Cassandra fue más comprensiva con él; sabía lo que sentía.
Ambos crecieron creyendo que sus madres estaban muertas. Pero no, ambas vivían.
Cassandra y yo seguimos con nuestro papel protagónico.
Tuvimos que cruzar la pista de baile, justo donde estaban el Señor Ignis y Rocco.
Ninguno de los dos nos notó, lo cual, joder, me aligeró el pecho demasiado.
Cassandra también se relajó. Tanto que se dejó colgar en mi brazo como si estuviéramos por entrar a la pista a bailar.
Will nos guió hasta el lugar donde estaba su madre. Las vimos. Una llevaba un traje blanco; la otra, un vestido que hacía juego. Will la miraba como si quisiera llorar. Sabía que deseaba correr hacia Rosa, abrazarla, y decirle la verdad. Que su hijo estaba con vida, que nunca murió.
Suspiré. Atraje a Cassandra a mi lado y miré a Will.
—Iremos Cass y yo. Ve al balcón —señalé con la mano libre—. Llevaremos a Rosa ahí. Espero que nos crea.
Will asintió sin decir nada. Solo obedeció. Casandra me dio un empujón con el brazo. La vi con una pequeña sonrisa. Quise quitarle el antifaz para apreciar toda su belleza. Pero también quería hacer lo mismo con Will. Ugh, ¿qué me sucedía?
—¿Qué vas a decirle? —preguntó.
—La verdad.
Nos vimos. Me acerqué a la pareja con paso firme.
Las dos mujeres nos voltearon a ver. Iba a dirigirme a la del traje, pero Cassandra me jaló ligeramente hacia la del vestido.
Con los antifaces puestos, me costaba distinguir bien sus rostros.
Solo había visto a Rosa en una fotografía antes del baile, y tampoco puse mucha atención en sus rasgos.
—Rosa Vind, soy Eiden y ella es Cassandra —me presenté—. Y tu hijo está con vida.
Las dos se miraron con una risa burlona. Rosa se tensó, trató de cubrir su incomodidad con esa sonrisa falsa.
—Yo no tengo hijos, muchacho. Estás equivocado. No sé de qué hablas.
―Se llama William― intervino Cassandra―.
La Señora Ventus le dijo que lo iba a matar por ser hijo de un Blanco.
Un guardia lo salvó y se lo dio a unos sirvientes.
Ellos lo criaron en el Continente Farren.
Tiene el elemento viento. Su madre la hizo casarse con esta mujer para limpiar su nombre ― su voz se hizo chiquita, ya que Rosa la veía con intensidad y sus ojos comenzaron a enrojecerse, la otra mujer la calmó tomándola del hombro, pues su viento comenzó a moverle el cabello―.
La Diosa Em confirmó esta información, y también, el padre de Will está con vida.
― ¿Por qué me dicen estas mentiras? Ya sufrí demasiado― la voz de Rosa se rompió un poco―. Por favor, váyanse.
―No― dije con fuerza ―. Will es parte de la Primera Profecía, la Diosa Em bajó en persona y confirmó esta información. Sé que suena una locura, pero es verdad. Necesitamos tu ayuda, Rosa, tanto como tú necesitas a Will porque es tu hijo.
Me arremangué. Mostré el pasaje que llevaba marcado en la piel. Cassandra hizo lo mismo. Movió apenas su brazo y este se cubrió de llamas. La frase de su pasaje brilló sobre su piel con un resplandor.
Las dos mujeres nos miraron. Sus rostros se llenaron de una mezcla de sorpresa, miedo y negación. Ambas retrocedieron, y sus vientos las rodearon.
—Las mujeres fuego no existen —exclamó la otra, Melinda—. Esto es un truco.
Cassandra no le respondió. Solo volteó a ver la puerta que conducía al balcón. Luego regresó a ellas
—Rosa, tu hijo está con vida, y te está esperando en la terraza —sentenció con calma—. Esto es tan real como que una mujer fuego está de pie frente a ti. ¿Vas a seguir negando la realidad, o vas a ir por tu hijo? No mentimos, no tenemos razón para hacerlo.
Rosa lloró. La vimos derrumbarse, pero no dudó de nuestras palabras, tomó la falda de su vestido y corrió al balcón. La esposa, Melinda, nos miró con desconfianza. Luego bajó la vista a los pasajes en nuestros brazos.
—Espero que no mientan —dijo dura. Siguió a Rosa.
Cassandra y yo bajamos los brazos. Ocultamos nuestros pasajes de nuevo.
Nos quedamos un momento donde estábamos.
No pensé que sería tan fácil convencerlas, pero bueno, Cassandra era una mujer fuego, era bastante fácil de comprobar su elemento, quizá por eso nos creyeron.
Seguimos a las mujeres. Teníamos que estar cerca, no sabíamos cómo iba a reaccionar Rosa. Ni Will.
Quizá Will se iba a desmayar como Cassandra en la isla. O quizá no. ¿Por qué me preocupaba? ¿Por qué pronto todo se iría a la mierda? Sí, era eso.
Al salir, el viento salado nos pegó en la cara.
No sabía si era Will, Rosa, o cualquier otra persona de poder en ese lugar.
Había más gente ahí afuera, como si se tratara de un parque público, nadie nos prestó atención.
Eso era bueno, no quería que nadie interrumpiera la alianza que estaban haciendo.
Quise caminar hasta con Will, Cassandra me detuvo.
―No.
― ¿Cómo de que no? Tenemos que ir.
―Ya sé― apretó mi mano―. Solo deja que Will disfrute este momento. Está feliz de tener a su madre.
―Yo… ― lo vi, la sonrisa en mi amigo me amortiguó―. Bien.