Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

eiden

Quise arrojarme del precipicio y no regresar nunca al Continente Lotán. Quise regresar a Farren, ser un ladrón y que nadie supiera quién era. Quise mi vida de regreso.

Aunque alguna vez haya añorado tener una familia completa, en este momento vi que mi deseo solo era una ilusión llena de cadenas.

No quería usar el estúpido traje para la cena de declaración, ni mucho menos la capa ni la corona.

Ni siquiera entendía la necesidad de usar un antifaz.

¿Para qué? Quise inundar todo para poder escapar.

La ropa me picaba, y los zapatos me lastimaban los pies como si tuviera agujas.

Sacudí la escarcha de mis dedos. Mi madre trató de calmarme, pero sus palabras solo entraron heladas en mi mente.

Sí, sabía que mi desespero tenía que ver con que el Señor Aqua iba a presentarme al mundo.

Diría que era el heredero de Lotán. Que era el príncipe Aqua, que me escondió, que me alejó de la familia para protegerme, que yo era el siguiente regente.

Poco me importaba la declaración de guerra, eso era lo que más me ahogaba.

Will aún me ignoraba, y Cassandra no me quería ayudarme. Bueno, si lo intentó, pero siempre me daba la misma respuesta. Will no quería hablar conmigo. Ugh.

Vi hacia la escalera, los dos bajaban con la elegancia de dos reyes, el celo me picó el pecho.

Quise negar su belleza. De ambos. Jamás había visto a Will de traje, bueno, en realidad no podía comprar uno.

Su corona hacía lucir su piel morena más brillante.

El traje blanco lo hacía resaltar, incluso más que Cassandra y su vestido de fuego.

Ella usaba una tiara, y un antifaz naranja, que hacían juego con su vestido negro con llamas en los pies.

Joder, todos ahí éramos un estereotipo de nuestro elemento.

Solo pude pensar en que mi traje era azul marino, y que Chloe vestía con un conjunto de dos piezas de color verde.

¿Por qué? ¿Por qué tenían que usar esos colores los modistas? Quise vomitar.

Will y Cassandra llegaron a mi lado. Chloe iba de la mano de su estúpido prometido, que usaba un traje a juego. No quería estar ahí, quería huir. Cassandra me regresó a mi horrible realidad, ella me tomó el brazo, y se separó de Will. Supongo que el trato seguía en pie.

Estaba confundido, se suponía que Will y ella irían juntos.

Chloe y el tonto de Einar, y yo iría solo.

Los adultos aparecieron antes de que pudiera quejarme.

Mi madre iba junto al Señor Aqua, ambos usaban conjuntos azules.

El celo me carcomió, quise alejarla del Señor Aqua.

Volver a nuestra vida mundana en Farren, y robar por placer.

Ser un inútil que disfrutaba de las chucherías que les quitaba a los niños.

El calor del agarre de Cassandra me distrajo.

Volteé a verla, su cara no mostró ningún sentimiento, pero vi en sus ojos el nerviosismo que tenía.

Compartí el mismo sentir. ¿Por qué teníamos que ir?

¿Por qué éramos secretos de las dos Dinastías más poderosas de nuestro mundo?

¿Por qué ahora éramos herederos? ¿Por qué?

Henning escoltó a Marie y a Aneka. Ambas mujeres me vieron con recelo.

Sabía que no confiaban en mí. Quise maldecirlas.

Decirles que dejaran de verme así y se fueran a la mierda.

Pero Cassandra estaba a mi lado, y aún le tenía miedo.

No le iba a hacer nada, me gustaba besarla, su calor me derretía, y no sabía por qué siempre quería tocarla, aunque el temor me quisiera hacer correr.

―Así llegarán ―comenzó mi madre con autoridad―. Cassandra y Eiden, ustedes entrarán primero. Actúen como pareja, si quieren. Lo que queremos es que nadie les preste mucha atención, y piensen que solo son hijos de alguna Casa Élite.

Volteé a ver a Cassandra, ella sonreía. No sabía si calmarme con el gesto, o no. Bueno, ya nos besábamos cada que podíamos, pero…

―Está bien ―tajé―. ¿Después?

―Nada, hijo ―continuó―. Chloe y Einar llegarán más tarde. Ellos serán la distracción para que William vaya a buscar a Rosa Vind. ¿De acuerdo? No llamen la atención hasta que el Señor Aqua suba al estrado y declare la guerra.

Todos asintieron, menos yo. El Señor Aqua tomó la palabra―. Hellena y yo llegaremos al último ―el silencio nos rodeó con bruma―. Es hora. Recuerden el plan. La guerra se va a declarar, traten de no estar en la línea de los disparos.

(…)

Los flashes me aturdieron. No entendía por qué mierda nos tomaban fotos. Cassandra y yo teníamos antifaces puestos, ni siquiera sabían quiénes éramos. Solo fingimos ser un par de chiquillos privilegiados. Que, si éramos, pero nadie lo sabía.

Entrar al lugar fue otro dolor de cabeza. Había docenas de personas, identifiqué a algunos, la verdad es que poco me importaban las Dinastías o las Casas Elite. En cambio, Will podría mencionar a cada una de las personas que se encontraban en el salón. Mierda. Lo extrañaba. No debí golpearlo.

Nos guiaron a la mesa. Me sentía abrumado, y no sabía si era por la calidez de Cassandra, o porque estaba inquieto por la Declaración de Guerra, y que mi madre iba a revelar que aún seguía con vida, y que yo también existía.

Traté de mantener mi agua dentro de mí. Aborrecí todo, ¿por qué no me iba?

¿Por qué Cassandra me tomaba la mano y no me soltaba?

¿Por qué ambos estábamos ansiosos de ver que sucedía con nuestros nombres aparecer en el mundo como herederos secretos?

Nos sentamos, e ignoramos a las otras tres personas en la mesa. Cassandra me apretó la mano. Sentí su calor. Volteé a verla y habló.

―Necesito que bajes mi temperatura.

― ¿Qué?

―Mi padre está por llegar, y no quiero que sepa que estoy aquí. Ya bajé mi calor corporal, pero no es suficiente. Aún estoy, tú sabes, caliente.

Jamás había congelado a una persona. A un policía sí, pero no a una persona.

Lo que me pedía era arriesgado. Más porque ella era fuego, y si le bajaba su temperatura corporal, tendría que estar tocándola todo el tiempo, para no matarla de hipotermia.

No me importó tocarla, ya lo estaba haciendo, además olía demasiado a durazno. Me gustaba su perfume.

Dejé mi hielo crecer por su piel. Traté que la escarcha no se viera, aunque se derritió de inmediato, fui cuidadoso.

Cassandra se estremeció mientras la enfriaba. Su piel se tornó pálida por un momento. El calor se desvaneció. El color de sus mejillas se fue por un momento, pero cuando suspiro, el colorete regresó, y volvió a ser la chica linda que me gustaba besar por alguna razón que no quería entender.

― ¿Funcionó? ―me preguntó en un susurro.

―Sí.

―Ya puedes soltarme la mano.

―Si lo hago, el efecto se irá, y te puedes morir congelada ―murmuré―. Nunca he hecho esto. Además, estamos fingiendo ser pareja ―subí nuestras manos entrelazadas―, ¿recuerdas?

―Sí, lo recuerdo.

Nos acercamos. Quise besarla, pero ella se alejó.

―Protocolo número tres: nada de afecto público. Si somos pareja, debemos seguir los tontos protocolos.

Quise irme de ahí. Reglas. Todo con las Dinastías eran reglas estúpidas.

Ni siquiera cuando estaba actuando me libraba de ellas.

Por eso, y por muchas otras cosas, detestaba las Dinastías.

En especial por la manipulación que hacían en los pueblos y el abuso de poder.

Ugh. Ya me quería largar de ese lugar y no ser un estúpido príncipe.

Cassandra se enderezó y miró hacia la entrada. Seguí su mirada. El Señor Ignis. Junto con Rocco.

La vi asustada. Sus manos comenzaron a sudar y el calor comenzó a comerme. La obligué a verme.

―Cálmate, Cass. Harás que se den cuenta de que estás aquí.

―Me duele la cabeza y quiero vomitar ―susurró―. No quiero que me vuelvan a encerrar. Al fin tengo libertad, puedo hacer lo que quiera. No quiero regresar a Quetzal. Quiero quedarme aquí.

―Tranquila, nadie te llevará, ni te van a encerrar. Nadie sabe que estás aquí.

― ¿Seguro?

―Claro, lo más probable es que el Señor Ignis aún piense que sigues escondida en Farren. Si te notan, escapamos. Estamos cerca de un risco, podemos largarnos por ahí.

―Pero no sé nadar― angustió―. ¿Cómo voy a saltar?

Apreté su mano para calmarla y le solté otra corriente helada―. Yo sí sé nadar, no te preocupes por eso. El agua me hace caso a mí.

Dejó de verme, pero asintió con la cabeza―. Solo espero que todo sea rápido. No quiero ver qué sucede después de la declaración.

Le tomé la barbilla para que regresara a mí.

También yo estaba entrando en pánico, y solo porque Cassandra no se calmaba.

No sabía cómo tranquilizar a una mujer con fuego.

Comencé a sentir el calor escalarme la piel, lo ataqué con una helada.

Cassandra se encogió un poco, se mordió el labio inferior y cerró los ojos con fuerza. El calor se marchó.

―El Señor Aqua hará la estúpida declaración de guerra y ya nadie podrá tocarte. ¿De acuerdo? No vamos a dejar que te encierren de nuevo.

Eso la relajó, su fuego dejó de atacarme.

Volví a ver al Señor Ignis. Seguía de pie, en medio de la pista de baile, estrechaba la mano y entablaba conversación con otros hombres.

El Señor Aqua no estaba ahí. Eso era bueno, solo debíamos esperar un momento más, para que Will hablara con Rosa y ponerla de nuestro lado, después ya todo podía irse a la mierda.

Chloe y Einar entraron al recinto. La mayoría de las personas se acercaron a ellos y los recibieron.

¿Cómo podían saber que eran ellos bajo los antifaces?

Me molesté. Vi a la pareja ser admirada por la mayoría de los presentes, incluso el Señor Ignis se acercó a ellos.

Todos los veían como trofeos, ¿acaso ese era el poder de los herederos y las Damas?

¿Qué poder tendría yo cuándo me nombraran príncipe?