Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 14 #4
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CAPÍTULO 14 #4

Chloe cerró la puerta, y al ver el lugar, quise desfallecer.

Era una biblioteca. Doble altura, con libros en cada rincón.

El olor a libro viejo me llenó de recuerdos de las historias que leía en Quetzal.

Chloe me tomó de la mano y me guió a una esquina.

La madera de los libreros era de un tono más claro.

Me soltó y tomó un libro que me entregó.

—Es mi favorito. Dijiste que te gustaba leer.

Me encogí de hombros—. Estaba encerrada. Era lo único que podía hacer.

La pequeña sonrisa de Chloe decayó un poco. Traté de sonreírle y hojeé el libro. Prohibidos. Me confundí; en mi cárcel solo podía leer enciclopedias o libros informativos. Lo que tenía en mis manos era una novela romántica. Volteé a verla.

—Gracias.

—Espero que te guste —me dijo con un toque de vergüenza—, y mientras estés aquí, puedes leer cualquier libro que quieras.

La abracé en respuesta. La estrujé contra mí, su aroma era dulce, como una mandarina. Desde que me rescató de la base Quetzal, quise agradecerle de alguna manera, y nunca supe cómo hacerlo. Quizá un abrazo era lo que necesitaba darle. Nos separamos.

—Gracias por todo. Por liberarme, por...

Chloe me calló—. Lo hice porque era lo correcto, además, el destino así lo quería. La Diosa Em así lo decidió.

Me enseñó su brazo con el pasaje de la Profecía. Hice lo mismo. Quedamos en silencio por un par de segundos. Las letras negras resaltaban en nuestras pieles, como si fuera una maldición y no una profecía. Chloe bajó el brazo y yo abracé el libro contra mi pecho.

La incertidumbre nos aplacó a ambas―. ¿Sabes qué sucederá una vez que anuncien que tu madre está viva y que Eiden es el heredero? ― pregunté insegura―. ¿O qué sucederá cuando digan que una mujer fuego existe?

Chloe negó con la cabeza―. No tengo idea de que suceda. Quizá haya revueltas, o ataques. Pero espero que tengamos la ventaja. Todo saldrá bien. Papá tiene todo planeado. Además, no dejaremos que nada te suceda. Estarás protegida. Lo prometo.

―Gracias. Sé que sí, pero aun así tengo miedo de la reacción de la gente. Tú escuchaste como me alababan en la isla. ¿Y si ahora es diferente? ¿Que si me temen?

―No lo sé. Lo sabremos hasta ese día. De momento, solo relájate. Explora la mansión, ve a los jardines. Disfruta de tu libertad.

Dejé de verla, libertad. Eso era lo que más deseaba. Pero ya no sabía qué significaba. Solté una risita.

―Está bien, trataré de hacerlo.

—Oye ― la vi―. Te agrada William, ¿cierto?

Dejé de pensar. Lo único que apareció en mi mente fue el excitante sexo que tuve con Eiden.

Sentí calor en las mejillas. Chloe soltó una risa amable, me tomó por el hombro relajada, hasta parecía feliz por mí.

Pero no pensaba en Will..., o bueno, sí.

Will me gustaba, pero no de la manera en la que me atraía Eiden. Decidí mentir.

—Eh, no lo sé.

—Tu cara dice lo contrario —se burló—. Me alegra que sea William y no mi hermano. Eiden solo busca sexo.

—Lo sé.

—¿Qué?

La puerta de la biblioteca se abrió de golpe y ambas nos crispamos.

Will y Eiden fueron empujados dentro. El Señor Aqua estaba en el umbral, el agua se arremolinaba a su alrededor en forma vaporosa.

Mi fuego quiso salir para atacar, pero apreté con más fuerza el libro.

Chloe me soltó y se acercó a su padre. Analicé a los muchachos; ambos tenían sangre en la cara, habían peleado.

—¡Si vuelven a crear una tormenta, harán que la guerra se desencadene antes de declararla! —gritó el Señor Aqua—. El Señor Ignis está aquí, y sabrá que su hija está en el Continente. Ambos están castigados. Quédense aquí y arreglen sus problemas sin elementos.

Eiden se levantó del suelo para confrontar a su padre, pero Chloe se interpuso y le dio una cachetada a su hermano. Me quedé quieta, sin saber qué hacer. ¿Escabullirme en silencio? ¿Decir algo? No hice nada.

—Haz caso, solo haz caso. Eres parte de esta familia, quieras o no, Eiden. Soy tu hermana y él nuestro padre, compórtate.

—No quiero, estúpida.

Chloe volvió a abofetearlo y salió de la habitación. Eiden se quedó mirando el suelo con la respiración agitada. También había bruma en sus pies. El Señor Aqua siguió a su hija, y un bloque de tierra nos encerró a los tres en la biblioteca.

Miré el libro, después a los dos amigos. Will empujó a Eiden, luego Eiden a Will, y comenzaron a golpearse de nuevo. No hubo quejas, no hubo gritos, solo golpes. Suspiré.

Hombres.

Caminé lento hasta encontrar un sofá y me senté alejada de la pelea.

Admiré los detalles de la biblioteca antes de empezar a leer.

Toda la madera de los estantes era ocre, las ventanas daban al risco; podía ver la línea infinita del océano, como una gran ola que nos rodeaba con su pincelazo.

Quise inclinarme y ver hacia abajo, pero el jardín estorbaba.

Los chicos aún no se percataban de mi presencia, pero no duró mucho. Will voló frente a mí con un golpe seco. Lo vi rodar por el suelo, se puso de pie y se impulsó con su viento hasta Eiden. Traté de ignorarlos, pero no pude. No podía concentrarme ni en el título.

Eiden ahora estaba encima de Will, lo golpeaba con puño cerrado en la cara. ¿Qué si los detenía? ¿Me atacarían a mí también?

Dejé el libro en el sofá y me puse de pie.

No quería ver sangre. Despedí una llamarada que lo empujó lejos de Will, y lo rodeé de fuego para que se calmara.

Escuché sus bramidos querer escapar de mi fuego, los ignoré.

Estaba actuando como un niño berrinchudo.

Sentí su agua querer apagar mi fuego, pero esta vez no estábamos teniendo sexo, nuestros elementos no se dominaban, el fuego estaba secándolo.

Will comenzó a toser sangre. Me acerqué a él y lo empujé hasta ponerlo de lado para que no se ahogara con su propio fluido. Lo dejé tirado y volteé hacia Eiden, lo liberé.

Trastabilló entre las llamas, sus mejillas se enrojecieron.

Movió su brazo, el agua creció y fue directo a mí.

Levanté mi mano y cerré el puño. El agua se evaporó con una ráfaga de viento.

Eiden dejó de crear el líquido. Oh, no sabía que podía hacer eso.

Sentí dentro de mí cómo el agua deseaba surgir entre sus manos, pero solo se arremolinaba desesperada, sin un agujero de libertad.

Eiden tosió furioso, su piel se tornó rosada por el enojo que llevaba dentro.

Bajé el brazo y el agua explotó de nuevo en su pecho.

Se acercó a mí, hasta que lo tuve a un par de centímetros, mantuve su mirada.

El azul de sus ojos se convirtió en una tormenta eléctrica; quise estar ahí, debajo de un rayo.

Pero él se alejó, cerró los ojos y se talló la cara con las manos.

—¿Por qué discutían? —pregunté, curiosa.

—¿No es obvio? —murmuró con enojo—. ¡Yo no quiero estar aquí, odio este lugar, odio las Dinastías! ¡Odio todo esto! ¡Nada tiene sentido!

—¿Cambiaste algo de eso al golpear a Will? —crucé los brazos, esperé una respuesta.

—No.

—¿Entonces?

Se quedó callado, se mordió el labio inferior y dejó de mirarme—. No sé. Estoy harto de escucharlo hablar de la profecía.

Escuché el lamento de Will y volteé a verlo; el castaño estaba en cuatro mientras tosía. El bloque de tierra que cubría la puerta desapareció con un leve temblor y las puertas se abrieron. Sentí el calor de Chloe.

—Cassie, perdón, olvidé que estabas aquí.

Me volteé a verla, tomé el libro del sofá, le saqué la lengua Eiden y salí junto a Chloe. En cuanto los portones se cerraron, ambas escuchamos un grito. Nos miramos y dijimos la misma palabra: hombres.

(…)

—Mañana es la cena de la declaración de guerra —murmuró mamá—. ¿Estás segura de que quieres ir?

Llevaba toda la semana insistiendo en que no fuera al baile.

Incluso Aneka mostró su desaprobación en la reunión.

Dijeron que lo mejor era que nadie supiera que yo estaba aquí, que la mujer fuego no había aparecido.

Querían esconderme de nuevo. Entendía sus miedos, habíamos sobrepasado todas las posibilidades de ser expuesta.

Tanto la de seguir siendo alabada como milagro de la diosa, como ser señalada como un fenómeno que debía de volver a ser encerrada y quitarle su elemento.

Pero yo estaba decidida. Quería confrontar a mi padre y decirle la verdad al mundo.

Además, el plan era ese desde el inicio, no entendía por qué querían cambiarlo.

Quizá estaban preocupados, lo entendía; para ellos, yo seguía siendo la niña que estuvo encerrada gran parte de su vida y no entendía nada del mundo.

Quizá aún no lo hacía, quizá aún no comprendía nada de lo que me rodeaba, pero trataba de aprender lo más rápido que podía, y Eiden era un buen comunicador entre sus quejas.

Chloe y su padre tenían todo arreglado. El Señor Aqua hablaría, daría las pruebas, y ahí mismo iniciaría la guerra.

Yo quería ser parte de esa revuelta. Quería usar mi fuego, que todos vieran que una mujer fuego había nacido, que no era ningún milagro, que al fin una profecía se había activado y debía completarse.

—Sí, mamá. Estoy segura, es lo mejor.

Me vi en el espejo y me balanceé un poco para ver el vuelo de la falda.

El vestido que usaría para la cena me encantaba.

Era negro, y la falda se degradaba en rojo, como ver carbón y fuego consumirse.

Pequeñas brazas salpicaba la tela, era una fogata.

Revelé mis cicatrices, mi brazo mostraba las palabras de la Profecía.

Casi nunca lo ocultaba con mi fuego, pero en ese momento lo hice, para lucir el vestido.

Me sentí como una princesa de algún cuento tonto.

Bueno…, en teoría era la princesa heredera de Vulkan, pero sin el reconocimiento de mi padre, solo era una dama que portaba elemento.

No, era una dama que había muerto en un incendio.

Mi mamá se quedó callada, me vio por el espejo. Marie se levantó y se acercó, me acarició la piel, luego la vi llorar. Me di media vuelta para verla.