Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 14 #3
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CAPÍTULO 14 #3

Hasta hace un año sentí su fuego débil en el complejo, hasta que desapareció.

Pensé que había muerto en algún experimento.

Ahora sé que fue porque mi padre le arrebató su elemento, tal como quería hacer conmigo para liberarme.

Pero también por Henning estoy aquí. Porque le dijo a Chloe que me rescatara.

Y también por Aneka, que al ser desterrada, comenzó un complot para sacarme de la base Quetzal.

Todos me querían fuera por la Profecía, pero ninguno quería que fuera libre de verdad.

Porque la Primera Profecía era otra cadena en mi muñeca.

—¿Qué sucede? —pregunté con la incertidumbre volando en el aire―. Aneka dijo que querían prepararme para antes de llegar a Lotán.

Mi madre asintió con la cabeza—. Así es. Necesitamos hablar de la cena que harán para declarar la guerra contra el Señor Ignis. Si lo que dicen ustedes sobre Rocco es cierto, entonces es posible que él esté ahí.

—¿De qué hablas, madre?

Mi tío se cruzó de brazos y se interpuso entre nosotras—.

Si lo que nos has contado es cierto: tu padre quiere comprometerte con Rocco.

Por eso te pedimos que te controles frente a él.

Personalmente, estoy en contra de esta idea, pero al menos hasta que el Señor Aqua haga el anuncio, si Rocco se acerca, haz lo que te pida.

Si quiere bailar, baila. Después del anuncio, si quieres golpearlo, golpéalo.

—¡Henning! —mi madre chistó molesta—. Mi hija es una Dama, no hará eso. Nada de golpes. Nada de violencia.

―Usarán antifaz, es poco probable que se le acerque ― reprochó Henning―. Aun así, cualquiera puede sentir el fuego de mi sobrina. Sabrá que está ahí. Lo importante es que nada se descontrole hasta después del anuncio. Lo sabes bien, Marie.

―Eso lo sé. Pero Cassandra es una Dama, no debe usar violencia.

―Es una princesa.

Los dejé con su discusión.

Aneka me miró a los ojos y sentí su elemento rozar mi nuca, como una advertencia silenciosa.

Me comunicó todo el plan. Solo ser condescendiente con Rocco si está presente, y como dijo mi tío, después del anuncio, atacar si es necesario.

Pero que preferiría que no lo hiciera. Que recordara todo mi entrenamiento antes de ser desterrada.

Que mantuviera mi fuego dentro, sin dejar que nadie viera mi poder, para que no me temieran.

Que vieran el milagro de la diosa, no el arma nuclear de Vulkan.

Mi madre y Henning siguieron con su pelea sobre qué debía hacer durante la reunión, pero yo no podía concentrarme en lo que decían.

Solo escuchaba las palabras de Aneka rozando mi nuca.

Desde que ella se convirtió en la jefa principal que me cuidaba en el complejo, no dejaba de hablarme sobre la Profecía y el miedo que sentía el Señor Ignis.

Desde que tenía nueve años conocía mi destino.

Aneka y mi tío me entrenaron, aunque la doctora se llevaba todo el crédito.

Ella me educó, me enseñó el arte de mi elemento, me inculcó la enseñanza de la Lengua de los Muertos, aunque Henning también tuvo que ver en eso.

Incluso me ayudó a sobrellevar el encierro.

Me dio un propósito: algún día saldría y cumpliría la Profecía.

Lo único que debía hacer era mantener el fuego en mí, controlarlo, y ser un faro de esperanza para poder salvar el mundo.

¿Salvaría el mundo? No tenía idea. Solo sabía que debía hacerlo, no porque quisiera.

Quizá quería destruirlo por haber sido encerrada.

Lo mejor eran las clases con Aneka. Me enseñaba todo lo que había en el mundo, cada materia, cada carrera, cada detalle de los continentes y sus historias.

Los libros, esa infinidad de información, me llevaban a mundos diferentes donde podía explorar sin cadenas.

Pero cuando desafié a Rocco, me quitaron ese privilegio.

Los libros me mantenían con vida, me llenaban de historias y datos que acumulaba en mi cerebro.

Quería tomar un libro, oler sus páginas, analizar cada palabra que contenía, y Rocco me lo quitó porque sabía que era lo único que me distraía del encierro.

Incluido mis clases de violín y de danza. Todo se me fue revocado.

—Está bien —mustié con descontento para callarlos—. Pero si me hace algo, me defenderé.

Mi madre y Henning me miraron. Marie me sonrió complacida, y Henning simplemente aceptó mis palabras. Aneka dio por terminada la sesión con una pequeña ventisca.

—Ve a descansar, mañana llegaremos a Lotán. Ahí podremos hablar de lo que haremos en la cena. De momento no digas nada a los otros muchachos.

—Está bien, comprendo lo que se hará.

Hice afán de salir, ya no quería estar ahí, pero mi madre me detuvo al tomarme del brazo.

—Hija, quiero hablar contigo.

Asentí en silencio. Salimos juntas y caminamos hasta el camarote.

Mi madre cerró la puerta en silencio y la abracé para que no encendiera la luz y viera la ceniza en el suelo.

Me hundí en el cariño que tanto extrañaba.

Desde que la vi en la isla no nos habíamos separado, pero aún sentía que me debía tiempo, palabras y amor.

Ella me separó y me analizó con esos ojos cafés. Se veía cansada, y yo también lo estaba. Mi mente estaba difusa desde el encuentro con la Diosa y el sexo con Eiden. Ah, Eiden. Quería ir por él, y traerlo de nuevo a mi cama.

—Sé que te abandoné, pero sé fuerte. ¿De acuerdo? Tu padre estará ahí, y tratará de llevarte con él, lo conozco. Eres su hija, aunque te haya encerrado, siempre veló por ti. Ahora que estás fuera, buscará volver a protegerte.

—Encerrarme no es protección —solté molesta—. Además, el que me preocupa es Rocco.

—Hija —mi madre me calló—. Ya sé que dicen que el hombre que controla el éter es Rocco, pero nosotros no lo vimos.

—El profeta de la Diosa lo confirmó, Rocco…

—No —volvió a callarme—. Solo haz lo que te hemos dicho, y no golpees a nadie. Por favor. En Lotán hablaremos del plan con ustedes, de momento, solo descansa.

—Está bien.

Mi madre me dio un beso en la frente y salió de la habitación. Quise llorar. Quería obedecerla, pero a la vez, deseaba huir del barco para no tener que encontrarme con Rocco de nuevo. Pisé la ceniza con el zapato y la esparcí. Ugh.

(…)

Bajé del yate junto con Will, él me tomaba de la mano.

Einar y Chloe iban al frente. Los adultos nos escoltaban, y al último estaba Eiden, que se quejaba en silencio.

Entramos al puerto privado del Señor Aqua; había varios barcos, y un embarcadero para un buque.

Me sorprendió el tamaño real del navío, era como ver un edificio flotando en el océano.

Antes de encallar, pude ver la mansión en el risco, protegida por olas que rodeaban la casona.

Me quedé en la popa admirando el nuevo continente que estaría por conquistar.

A cada minuto, la mansión crecía junto al risco.

Eiden soltó que era una ironía que el Señor Aqua viviera cerca del océano.

Me reí del comentario. Sí, cada señor siempre se rodeaba del elemento que gobernaba para proteger su hogar.

Algunos guardias nos escoltaron hasta la Dinastía.

Veía todo asombrada, recordaba muy poco de Lotán.

Solo sabía que grandes ríos y lagos surcaban por todo el continente.

Bueno, y todo lo que había leído en los libros de historia, pero ver la mansión desde el puerto me fascinó.

Me sentí una pequeña hormiga frente a un árbol.

Al seguir subiendo la pendiente, vi los establos y mi fuego me crispó toda la espalda.

Quise correr a la planicie y montar a un caballo.

Aneka me detuvo al tomarme del hombro y me hizo seguir el camino sin soltarme.

Me dijo con su elemento que después podría ir a ver los caballos.

Ella sabía que yo adoraba esos animales, tan poderosos y libres.

Suspiré.

La fachada de la Dinastía me hizo sentir como una niña pequeña sin elemento. El mármol, entre azul y gris, parecía reflejar los ojos de Eiden. Él era el heredero de ese palacio, pero no lo deseaba. Lo vi escupir al suelo con desprecio.

Entramos y todos hicimos la reverencia correspondiente, menos Eiden. El Señor Aqua nos recibió. Chloe corrió a abrazar a su padre, y Einar estrechó la mano de su suegro. Hellena se colocó a un lado de su marido. Eiden se quedó a un lado de Will y de mí.

—Hijo —lo llamó su madre—. Ven acá, por favor.

—No —replicó—. Este no es mi hogar, y ese señor no es mi familia. No sé qué hacemos aquí. Me quiero largar.

—Ahora este es tu hogar, hijo, ven.

—No.

Eiden sacó el dedo medio, insultó al Señor Aqua y salió de la casona.

Él se mantuvo impasible ante la acción de su hijo.

Will se disculpó por su amigo con una reverencia torpe y lo siguió.

Hellena suspiró cansada, y habló con su esposo a través de sus elementos. Chloe sonrió y nos dio la bienvenida.

—Pueden ir con los mayordomos, ellos les enseñarán sus habitaciones. Cassie, quédate conmigo.

Mi madre me tomó del hombro y me despidió, Aneka hizo lo mismo.

Henning escoltó a mi madre, y ambos entablaron conversación mientras subían las escaleras de mármol.

Los mayordomos nos siguieron desde atrás.

Los perdí en el pasillo y alcé la vista hacia el techo de doble altura, donde colgaba un candelabro con cristales azules.

Volví la mirada a Chloe. Sus padres se habían alejado de nosotras.

Einar estaba desaparecido. ¿En qué momento se fue?

Chloe me ofreció la mano, y la tomé. Quería quedarme a observar la casona, cada detalle: azul y dorado, el piso de mármol blanco, los cuadros en la pared.

Todo. Después tendría tiempo para eso. Por fin había dejado Farren; ahora estaba en un continente que me protegería del miedo del Señor Ignis a la Primera Profecía.

Ahora estaba en otra tierra, en otro palacio.

Seguí a Chloe hacia otra habitación.