Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

cassandra

Estaba en mi camarote con Will, tratábamos de escondernos de Eiden y de los adultos.

Al bajar del templo, la gente que rodeaba las escaleras comenzó a acosar a Chloe y a Einar, pero lograron llegar al yate ilesos.

Me abrumó ver cómo la gente gritaba con adoración el nombre de Chloe.

Entendía su estatus como Dama, pero no sabía que era tan adorada por todos.

Yo, en cambio, había estado encerrada tanto tiempo sin reputación, que me sentí extraña.

Supongo que mi único título era la idiotez que decían los Salvajes de mí. Milagro no era.

Pero ese no era mi problema. Cuando partimos de la isla.

Chloe tomó la palabra y explicó que un profeta nos dio una guía que no podían mencionar en voz alta.

¿Era verdad? No. No me importó. Solo quería descansar y quizá besar a Will.

¿Qué se sentiría besarlo de nuevo? ¿Sería diferente?

¿Se mezclarían nuestros elementos? ¿Qué sucedería?

La emoción me picó en el estómago. Quería probar su inexperiencia de nuevo.

Lo bueno era que ya me sentía un poco mejor.

No sabía que tenía el té y la medicina que me dio la Diosa, pero mi cuerpo estaba reaccionando positivamente.

Esperaba que, al día siguiente cuando llegáramos al Continente Lotán, estuviera mejor de salud.

Aunque lo dudaba, mi cuerpo necesitaba generar los anticuerpos que no tuve durante once años. Pero, de momento, iba a divertirme.

Vi a Will. Ambos estábamos acostados en la cama.

Quise besarlo ya, aunque no sabía si sería apropiado.

Él seguía conmocionado por haber visto a la Diosa Em.

De hecho, no dejaba de murmurar. Quería callarlo, pero yo también estaba patidifusa.

Bueno, solo un poco, estaba acostumbrada a su presencia en mis sueños.

Ella me enseñó a hablar la lengua de los muertos. Will suspiró.

—¿Qué podemos hacer? Vimos a la Diosa, ella…

—Lo sé. Es hermosa.

—Lo es —soltó con una carcajada y se sentó en la cama—. Joder, vimos a una diosa. Ella…, aún no puedo entenderlo. La Diosa Em existe. Joder…

Solté una risita y me alcé en mis codos para verlo mejor.

—Sí, ella existe. Ya nos dijo qué tenemos que hacer. Así que mientras lleguemos a Lotán, solo hay que relajarnos.

Will negó con la cabeza—. Eiden sospechará que estamos juntos. Seguro ya nos está buscando.

—Es probable.

Nos quedamos en silencio. Quise acercarme a Will, tomarlo del brazo y hacerlo acostar de nuevo para besarlo.

Pero en cuanto lo iba a tocar, la puerta se abrió.

Eiden entró. Suspiré, sentí su agua llegar con él en una ola.

Trataba de ocultar su celo, pero ahí estaba: exasperado porque estábamos rompiendo el trato que habíamos hecho.

Aunque, al mismo tiempo, no había pasado nada, no había besado a Will desde la isla.

—¿Qué hacen? —preguntó molesto—. Tenemos un trato, Cass.

—¿Cass? —mustió Will confundido—. ¿Desde cuándo le dices así?

—Desde siempre. ¿Qué hacen?

Will se levantó de la cama. Estaba cansada, sí, quería estar un rato con Will, pero Eiden no nos dejaría. Suspiré.

—Nada. No hemos hecho nada, el trato sigue en pie. Solo hablábamos de la Diosa.

Esa respuesta no complació a Eiden. Se volteó a Will y empezaron a discutir con sus elementos.

Vi las bolitas de agua y las ventiscas rodear a ambos muchachos.

Will cortó la discusión, le enseñó el dedo medio a su amigo y luego salió de la habitación.

Ugh, hombres. Volví a recostarme, quizá podría dormir un poco, ya que no pude besarlo.

El rubio fue y cerró la puerta, se volteó a verme.

—Tenemos un trato.

—Ya lo sé.

—¿Entonces? ¡Aléjate de Will! —El grito me exasperó. Me levanté un poco y me encogí de hombros. Él me señaló—. No hagas eso.

—Yo haré lo que yo quiera, y no hicimos nada. Solo hablamos de la Diosa, ya te lo dije.

—No me importa una mierda de lo que hablaban. Me importa que tenemos un trato.

—Trato que no he roto.

―Me da igual.

― ¿En serio? ― jugueteé―. Recuerdo lo que me dijiste cuando Rocco apareció ayer. ¿Aún te gusto? ¿O solo lo dijiste por nuestro baile?

―Lo decía en serio.

―Ven, entonces.

Eiden chistó y se encaminó hasta la cama.

Se trepó en el colchón y me desafió. Le seguí el juego, me gustó verlo tan cerca.

¿Qué más podía hacer? ¿Quejarme como él?

Claro que no. Estuve encerrada once años, y la queja nunca me liberó.

Se acercó más, y sus pecas se convirtieron en una constelación que quería admirar. Se encaramó encima de mí.

Lo sentí como un reto, quizá era tiempo de olvidar a Rocco y divertirme.

Will estaba fuera de límites. Eiden, no.

Lo besé, y él me siguió el acto. Ambos nos tumbamos en la cama.

Él estaba desesperado, como un cazador hambriento, y yo era su presa.

Se quitó la playera y le di paso para que una de sus manos fuera a mis bragas.

El tacto fue diferente, demasiado. No fue inexperto como Will, ni posesivo como Rocco.

No, fue igual a mí. Fue una pelea de elementos que siempre deseé domar.

Me quité el vestido de un tirón, mientras Eiden se deshacía de su pantalón con su mano libre.

El calor y la humedad del agua nos envolvieron, ambos ejercíamos el mismo poder entre nosotros, haciendo de nuestros roces un sauna.

Nunca me había sentido así con Rocco, con Eiden fue diferente, más salvaje.

Éramos dos depredadores luchando por ser el alfa. Yo ya no era una presa.

Sentí la sal en mi boca, parecía que Eiden me envolvía en agua marina para convertirme en sirena.

Nos estremecíamos entre sí, los besos, la penetración y la excitación nos llevaron a un castillo de hielo y vapor.

Sulfurábamos el aire con nuestros elementos, éramos uno y a la vez nos repelíamos.

Fue un danzón exótico, donde al fin era libre, y Eiden mantenía sus alrededores picados, violentos y abrasadores para dejarme explorar el mundo sin restricciones.

Yo, a su vez, los encerraba en el calor de un volcán a punto de explotar.

Andábamos entre las aguas profundas y el magma nos cubría.

Eiden me estaba disfrutando, y sus toques me invitaban a aventarme al agua y ahogarme.

Lo dejé moverse, lo dejé besarme, lo dejé llevar el agua a la habitación.

Mis llamas nos rodeaban entre el sudor, ardiendo y sofocando al mismo tiempo.

Los labios de Eiden eran un martirio dulce, lo quería para siempre en mí, que jamás se alejara, aunque él me tuviera celo; en ese momento solo había deseo de lucha, de que nuestros elementos se fusionaran en una montaña de poder para dominar el mundo.

Por un instante, no existió profecía.

No hubo encierro en mi mente.

El fuego se exhalaba en la habitación, y el agua flotaba entre las llamas, ondulando con fuerza.

Olas chocaron contra el yate. Jadeé, sin saber si era Eiden transformándose en un monstruo marino o si era yo quien despertaba el deseo en él.

Nos volvimos a besar con desesperación. El fuego y el agua ansiaban convertirse en otro elemento, uno más sólido, más letal.

Uno capaz de destruir la Primera Profecía.

Eiden me sostuvo por la espalda y me hizo sentar sobre él.

La experiencia con él era aún más intensa, porque no había forma en que el agua calmara la sed que tenía.

Él bajó a mi cuello, y me arqueé un poco, aferrándome a su piel como si fuera mi ancla.

Lo dejé entrar en mi universo, lo dejé tocar mi alma ardiente, lo dejé enfriar con su agua el temor que latía en mi pecho.

En ese momento, me dejé arder y él se dejó congelar.

No hubo necesidad de palabras, ni de sonidos. Nuestros elementos eran los únicos con permiso para expresarse, los únicos que podían bailar a su propio compás.

Luchábamos con violencia, con tenacidad, con acidez. Éramos los elegidos de la Primera Profecía, y eso mismo hacía que nuestros elementos se convirtieran en una sinfonía vaporosa.

¿Por qué lo besé? ¿Por qué lo dejé entrar? No lo sabía. Solo disfrutaba la libertad de ser yo, de ser solo Cassie. Una chica que se movía entre las olas de su acompañante, mientras él se consumía en las llamas que yo misma había creado.

(…)

Desperté abatida, con falta de aire, me volteé en la cama y no encontré a Eiden a mi lado. Estaba sola. ¿Cuándo se fue?

Ya era de noche, ni siquiera me di cuenta de cuándo me quedé dormida.

Me levanté un poco mareada.  Decidí tomar una ducha, y por primera vez en mi vida, tuve frío.

Me concentré en mi cuerpo y logré regularizar la temperatura.

Odiaba sentir los cambios del clima, pero en ese momento no sabía por qué había perdido el control de mi elemento.

Quizá porque Eiden no estaba ahí cuando desperté.

Pero…, ¿por qué iba a esperar que él se quedara?

Al menos esperaba que Chloe no hubiera entrado y por eso Eiden escapó.

No, ella ahora tenía otro camarote que compartía con su prometido.

Suspiré. Aún sentía esas cosquillas dentro de mí.

Joder, Eiden era bueno. Me gustó lo que nuestros elementos crearon.

Incluso había un poco de ceniza en el suelo. Ups.

Salí del camarote, la oscuridad me rodeó y las olas me acompañaron.

Tenía hambre. Quizá podría encontrar algo de comida.

Eso era lo único que extrañaba de mi encierro: la comida tenía un horario.

Bueno, todo mi día tenía una hora. Ahora nada estaba programado, y eso me exasperaba.

Podía vivir sin la regla impuesta, sí, pero prefería tener todo arreglado y saber qué sucedería después.

O al menos seguir un patrón. Sacudí la cabeza, no, ya no debía pensar así.

Ya no estaba condenada, ahora era libre.

Podía hacer de mi vida lo que quisiera. No necesitaba un horario para hacer lo que quisiera. Podía crear mi propia rutina.