Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 13 #3
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CAPÍTULO 13 #3

Mi hermano se crispó en su asiento, como si fuera una estatua de taxidermia, mientras William por fin parecía prestar atención a cada palabra de la Diosa. Quizá él ya entendía todo esto.

—Usted trató de impedirlo —me forcé a hablar—. Que no la encerraran.

—Sí, Brand no escuchó. Prefirió seguir su miedo y condenó a Cassandra.

Tomé mi taza con fuerza, sorbí un poco del té y suspiré antes de continuar—. ¿Se refiere a Rocco? ― La Diosa asintió—. ¿Sabe lo que sucedió entre ellos dos?

—Rocco murió hace años. Era un joven talentoso, y el Éter lo encontró. El primer Dios está débil. Cassandra es su única opción para recuperar todo su poder.

—Tenemos que detenerlo antes de que haga algo —exclamé—. Ayer nos atacó y dijo que su experimento funcionó después de que el fuego de Cassie se hiciera verde.

—¿Eso es posible? —preguntó William—. Algo le hizo, ¿no? Los elementos no cambian.

La Diosa asintió y bebió de su taza.

—Sí.

Quedé en silencio, aún procesaba que tenía al ser más divino de mi mundo frente a mí, mientras bebía un té de hierbas.

Todo era surreal. ¿Qué sentido tenía ver a un dios?

¿Peor, por qué dijo Primer Dios? ¿Eso era el Éter?

No, se supone que la Diosa Em era solo una imagen de poder, ¿por qué la veía viva frente a mí?

Cuando decían que esperaban que la Diosa bajara y nos diera un consejo, no me imaginaba que la tendría frente a mí, dándonos respuestas. Pensaba que era solo retórico. Un rezo, o una conclusión propia en meditación. Incluso un profeta que nos dijera qué hacer.

Eiden se enderezó un poco y miró detrás de la Diosa. Me volteé para ver a Cassie, que estaba de pie, pálida y a punto de desfallecer de nuevo. Me levanté para asistirla y mi amiga se recargó en mí. La guíe hasta la única silla libre, a un lado de William.

Se sentó, miró a la Diosa y suspiró.

—Te ves igual que en mis sueños.

—No tenía por qué esconder mi identidad, lo sabes —la Diosa sonrió y le sirvió una taza de té—. Ya que todos están despiertos, es momento de que les diga qué tienen que hacer.

Cassie bebió el té con desesperación. Eiden permanecía callado.

Era la primera vez que no lo escuchaba hablar o quejarse.

William sostenía a Cassie en su silla y ambos se sonrieron.

Pensé que mi amiga tardaría más en adaptarse al mundo, pero me equivoqué.

Sí, veía los paisajes con asombro, pero la mayor parte del tiempo estaba tranquila.

Quizá estaba comprendiendo lo que la rodeaba.

Todo era nuevo para ella. Me senté de nuevo.

Cassie dejó su taza en la mesa y miró a la Diosa con despecho.

—¿Por qué lo dejó?

—Tú sabes por qué —contestó la Diosa—. No puedo intervenir en las decisiones de mis creaciones. Incluso con ustedes y la Profecía, querida. Si ustedes lo desean, pueden desertar y el mundo seguirá su curso.

Cassie asintió con la cabeza, apartó la mirada para concentrarse en los murales. La Diosa Em prosiguió:

—Como les decía, tendrán que ir al Continente Lotán, como ya habían planeado, e iniciar la guerra contra el Señor Ignis. La situación de Cassandra es la última pieza para que el conflicto empiece. Aquiles y Brand tienen años de odio, así que todo iniciará rápido, pero tardará en acabar.

—¿Se refiere al conflicto interno de los Continentes? —mustié, confundida—. La Señora Ventus está con el Señor Ignis, y la madre de Einar es neutral en cualquier conflicto.

—¿Estás segura de eso? —comentó la Diosa—. Jordín tiene sus propios intereses, Einar es quien debe ayudarlos.

Quise discutir, conocía a Jordín, pero no tanto.

Mi suegra siempre estaba metida en un laboratorio, y Einar también.

No eran muy diferentes. La Diosa tenía razón: mi prometido era quien resolvía los asuntos legales con los demás Señores, siempre le apasionó eso, y eso mismo fue lo que me enamoró de él.

—De acuerdo.

La Diosa asintió—. Cuando la guerra inicie, deben ser cuidadosos. Los Salvajes serán grandes aliados, siempre y cuando les den lo que quieren.

—Justicia —dijo William—. Ellos quieren igualdad. Siempre han pedido eso.

—Es correcto —premió la Diosa con una sonrisa—. También debes encontrar a tus padres, William. En especial a tu padre, pero primero debes ir con tu madre. Si ella acepta ayudarlos, desestabilizarán a la Señora Ventus. Rosa es su debilidad. Ella les dará una gran ventaja.

William asintió ante las palabras de la Diosa, y noté cómo el viento le revolvía el cabello.

Ahora sabía que sus dos padres estaban vivos, que ya no era un huérfano.

Eiden consoló a su amigo con un apretón en el brazo y William quiso llorar.

La Diosa lo excusó y Eiden siguió a su amigo. Cassie se recargó en la mesa.

—¿Nosotras?

—Ya sabes tu orden, Cassandra. Debes derrotar a tu padre― Luego me miró con compasión—. Tú eres quien guiará a todos, Chloe. Eres la luz de las personas que ya no tienen voz. La gente te sigue, confía en ti. Usa eso a tu favor.

Sentí que se crispaba mi piel. Siempre quise ayudar a los menos afortunados.

Por eso me convertí en científica cuando dejé de ser princesa, para ayudar a los Salvajes.

Ahora, la Diosa Em me ratificaba esa tarea.

Podía hacerlo, solo debía construir un par de escaleras con mi tierra para crear un podio y que la gente me escuchara.

—¿Eiden? —preguntó Cassie.

—Él es el líder —susurró la Diosa con burla—. Eiden comandará la guerra. Tiene el poder para hacerlo. El agua se mueve y ahoga, él será el principal guerrero que los ayudará a ganar la guerra.

Las tres nos quedamos calladas. Sí, mi hermano era el Ladrón del Hielo. Claro que había visto sus crímenes en la televisión. Su uso del elemento era casi caótico, pero también bastante fuerte. Ese era el poder del heredero de Lotán. Quise bufar para quitarme el celo del pecho.

La Diosa seguía sorbiendo su té, y yo bebí un poco más antes de hablar.

—El Fuego Verde de Cassie..., solo se descontrola cuando usas los conjuros, ¿cierto?

Cassie asintió con la cabeza. Dejé mi taza en la mesa.

—Debe haber una manera de controlarlo, ¿no? O de revertirlo. Que su fuego regrese a la normalidad.

—No, Cassandra no es profeta —la Diosa habló firme—.

Conoce los conjuros y la lengua. Solo las personas Fuego pueden conjurar las palabras, pero todo lleva un precio con la magia.

En el caso de mis profetas, ellos dan su vida por mí, así cuando elaboran algún hechizo su fuego no se compromete.

Cassandra, por su lado, cada vez que dice un conjuro pierde parte de su fuego, y el Fuego Verde es la llama más poderosa.

Solo dos elementos lo han portado: la Primera Guerrera y su hijo.

Ambos murieron consumidos por su elemento.

No hay manera de revertirlo. El daño está hecho.

Lo único que puede hacer Cassandra es no usar la magia. Eso es lo único que puedo recomendar.

—Pero... —Cassie se aclaró la garganta—. Usted me enseñó a pronunciar la lengua. ¿Si Rocco ataca de nuevo con su Éter? La magia es lo único que lo aleja. Debe haber alguna manera de que mi fuego no se consuma.

La Diosa Em negó con la cabeza—. Lo siento, querida, no la hay. El primer Dios modificó tu elemento para robarlo. No hay manera. Ni siquiera yo puedo hacer algo para ayudarte.

Quise replicar que quizá podíamos combinar la magia y la tecnología. Si eso hubiera hecho Rocco, entonces eso también tenía que ser la solución. Pero me quedé callada. Yo no sabía nada de magia. Los únicos que podían hablarla y usarla eran los Fuego. Cassie chistó.

—Pensé que podría hacer algo…, no importa, trataré de no usar la magia. Es lo mejor, ¿no?

—Sí, así no le darás ese poder al Primer Dios —respondió la Diosa Em, se puso de pie.

Nosotras dos la imitamos—. Lo mejor es que se vayan.

Oraré por ustedes cada noche. Deben salvar el mundo, para eso los escogí.

Son mis creaciones más preciadas. Podrán conquistar todo lo que se propongan.

Recuerden que la profecía es una guía, y ustedes son quienes marchan en su propio camino.

Hizo una reverencia. Me crispé un poco, pero imité a la mujer.

Vi de reojo que Cassie hacía lo mismo. Ya era momento de regresar al yate, sin decir qué debíamos hacer.

Porque eso era un secreto entre la Diosa y nosotros.

Aunque estaba segura de que mi hermano se quejaría de inmediato y lo diría todo.

O quizá no diría nada. No lo sabía, aún no lo conocía bien.