CAPÍTULO 13
Chloe
¡Einar sabía todo!
¡Sabía todo y no me dijo nada!
Me sentía traicionada por Einar. Él sabía sobre Cassie y no me lo había dicho.
Bueno, supongo que nadie sabía que seguía con vida, excepto un par de científicos, y yo tampoco le había contado mis planes para salvarla.
Todo había sido muy apresurado, pero…, no importaba.
Yo solo quería ayudar a los Salvajes, y lo logré.
Henning seguía vivo, sin elemento, pero vivo. Eso ya era algo, ¿no?
Durante los disturbios, algunos Salvajes lograron entrar y rescataron a todos los prisioneros.
Henning estuvo al borde de la muerte, pero sobrevivió.
Cuando se recuperó y le dijeron que la Princesa Fénix había sido salvada, exigió que lo llevaran con su hermana, la esposa muerta del Señor Ignis.
Me confundió mucho cuando vi a Marie, después de mi coma y me dijera que era la madre de Cassie.
Después, mi amiga me confirmó todo, y aun así no podía creerlo.
La Dama más querida del Continente Vulkan estaba viva. Si la gente de fuego se enterara, todo sería un caos. Bueno, un caos sin Marie, porque cuando presentaran a Cassie…, ella era mujer fuego. Ya todo era un caos. Lo escuché por un momento en la isla, todos querían adorarla como una diosa.
Pero ahora tenía un problema mucho peor: la traición de mi prometido.
Él sabía que Cassie estaba encerrada, incluso que Henning era su tío y que la visitaba, y cuál era la verdadera razón por la que lo encarcelaron.
Todo para poder desactivar el elemento de Cassie.
Eso indicaba que los experimentos llevaban años, pero hasta hace dos semanas lograron desactivar por completo el elemento de alguien.
¿Por qué? ¿Por la profecía? Henning sabía que Cassie necesitaba su elemento para poder cumplirla.
Por eso me apuró para que la salvara. Sí, era eso.
Cassie debía salvar a la humanidad. Su fuego era demasiado poderoso, no podían apagarlo.
Ya, Einar también me reclamó por no decirle que tenía un hermano gemelo.
Me excusé con lo mismo que él. Secreto de Estado.
Lo peor, es que Eiden solo era un secreto entre mis padres.
Nadie sabía que existía. Bueno, pronto todos lo sabrían.
Eiden ya no sería un ladrón más, no, se convertiría en príncipe.
El heredero de Lotán. Tuve celo. Yo debía de ser la heredera, pero mi tonto elemento era tierra.
Desembarcamos una hora después de que Cassie despertara.
Tuvimos que cambiarnos de ropa. Mi hermano se quejó, como siempre, pero terminó acatando la orden de mi madre.
Si no usábamos blanco, la Diosa no nos vería y jamás nos hablaría.
Eso era lo que la tierra murmuraba. Bueno, también era el protocolo para las casas Elite y las Dinastías.
Tratar de mantener las apariencias fue difícil.
La gente me reconoció de inmediato, al igual que a Einar.
Éramos la pareja favorita de los cuatro continentes.
Ambos científicos, ambos Tierra. Ambos seguiríamos los pasos de la Señora Terra en sus investigaciones elementales y tecnológicas.
Ambos gobernaremos juntos la tierra. Quise hundir a todos los que gritaban mi nombre.
Nos adoraban porque éramos los únicos descendientes de los señores que ya se habían comprometido y porque nadie más podía tener mi mano de poder.
Mi belleza siempre era vista primero, más que mis capacidades como científica o como elemento.
Me sequé las manos. Mientras estuve en la Isla de los Salvajes, había olvidado por completo el mundo exterior, lo que nos rodeaba y acongojaba.
Ahora recordé todo con un golpe en la cabeza.
Bueno, tampoco estuve mucho tiempo consciente.
¿Por qué yo no pude quedarme con mi madre y Eiden con mi padre? ¿Por qué tuve que nacer primero?
Sonreí a la gente mientras nos escoltaban dos soldados.
Teníamos que fingir que íbamos a hacer nuestros votos matrimoniales.
Era tradición. La pareja siempre iba junta con sus damas y hombres de compañía para que ellos también juraran lealtad.
Yo imaginaba ir al templo de la Diosa de otra manera, con mis amigas de la universidad, no porque necesitábamos ver a la Diosa y saber sobre la Profecía tatuada en nuestros brazos.
Me picó por un momento la piel. Quise rascarme, pero Einar me sostuvo la mano con fuerza.
Él también estaba nervioso de ir al templo.
Llegamos al primer escalón. Los guardias nos analizaron por un par de segundos, pensé que no nos dejarían pasar la barrera, pero solo sonrieron y nos dejaron avanzar. ¿Por qué habrían de detenernos? Mi pensamiento había sido estúpido. Yo era la dama más codiciada de las cuatro dinastías. Ugh.
Logré soltarme de Einar cuando dimos la primera vuelta de escalones, fui directo con Cassie, le tomé la mano y nos pusimos al frente del grupo.
La subida era larga. El templo estaba en la cima del risco, y las escaleras rodeaban la piedra; cada paso nos acercaba más a la divinidad, algo que muy pocas personas podían alcanzar.
—¿Cuántas escaleras hay? —preguntó Eiden con tedio—. Ya me cansé.
—Son quinientas escaleras —contestó William con molestia—. Solo sube.
Ambos empezaron a discutir con sus elementos.
Nosotras mantuvimos el paso; si nos detenemos, tardaríamos más en llegar al templo.
Suspiré, solo quería respuestas y distraer mi enojo hacia Einar.
Ugh, quizá solo estaba molesta por todo el tema de la profecía y por qué quisieran quitarle el elemento a Cassie.
Ahora los cuatro estábamos ligados al destino del mundo.
¿Qué se suponía que teníamos que hacer? No, por eso estábamos ahí.
Si teníamos suerte, algún profeta de la Diosa nos guiaría.
Yo sabía que la Diosa Em era solo una imagen de nuestra religión, no era real, pero la creencia en sus valores y los oráculos sí.
—¿Cómo te sientes? —le pregunté a Cassie mientras ella se recargaba en mi brazo―. Te ves un poco mejor.
—Como la mierda —mustió mientras tosía un poco y seguíamos el camino—. Mamá dijo que ellos no vieron a Rocco. Y mi fuego, yo...
—Lo sé. Después hablaremos sobre tu fuego y lo que te hizo Rocco. Solo quiero saber, ¿por qué aceptaste que experimentara contigo? ¿O te obligó?
Cassie me vio con pena, seguía pálida y tenía una infección en el estómago, o al menos eso dijeron Aneka y Hellena. Seguían sin entender por qué vomitó aquel líquido negro, ¿éter? Negué con la cabeza. Ella tosió de nuevo.
—¿Qué?
—¿Por qué dejaste que Rocco experimentara con tu fuego?
Se quedó callada mientras subíamos las escaleras.
Nos alejamos de los muchachos. Por un momento miré el océano que nos rodeaba.
Si hubiera una guerra ahí, ¿quién ganaría?
No, esa zona era neutral, nadie podía atacar.
Suspiré y apreté su brazo, iba a presionar de nuevo, pero ella me dijo con su elemento por qué dejó que Rocco hiciera estragos en su fuego.
Me dolió la cabeza de solo recibir la información.
Cuando terminó, detuve la caminata, la tomé de los hombros y la hice mirarme.
Sentí que se me caían rocas en el estómago.
Comencé a quejarme con mi elemento, ¿qué más podía hacer?
No quería que los muchachos se enteraran de lo que había pasado.
Rocco tenía veintitrés años, Cassie dieciocho.
El doctor comenzó a cortejarla justo el primer día que llegó a la base, cuando ella tenía catorce años y él diecinueve.
¿Por qué? Maldito asqueroso. Quise matarlo en ese momento.
Eso estaba mal, y aunque Cassie accediera a ser su pareja hasta los dieciséis, seguía siendo incorrecto.
Se aprovechó de ella para hacer sus experimentos. La manipuló.
—¿Qué sucede? —se quejó Eiden—. Se supone que no debemos detenernos.
Cassie cortó la discusión y lo miró—. Ustedes sigan subiendo.
—No, tenemos que ir juntos —replicó Einar—. ¿Qué sucede?
Ella me volvió a mirar, a la mierda si todos se enteraban—. Se aprovechó de ti.
—Ya lo sé —siseó—. Por eso lo detuve.
—Si tu fuego no hubiera cambiado, ¿seguirías con él?
Se quedó callada. Me empujó y siguió subiendo las escaleras.
—¿De qué hablaban? —preguntó William.
No contesté y seguí a Cassie—. Perdón, ¿sí? Pero no entiendo.
—No lo hagas —murmuré bajito—. Sé que estuvo mal.
—Cassie...
Me vio de reojo y siguió subiendo. El silencio nos cortaba. Quizá después de rezar podríamos hablar. Pero no parecía que ella quisiera seguir con el tema.
Einar me tomó la mano, lo vi con una sonrisa y subimos.
Me recargué en él, pero la verdad de Cassie me agrietaba por dentro.
Entendía por qué se dejó enredar por Rocco, ella estuvo sola, claro que en cuanto alguien la tratara como una persona y no un experimento, ella se enamoraría.
El científico la usó, su elemento cambió.
Ahora todos sabíamos que el fuego verde también existía.
No tenía idea de cómo le dirían a mi padre esa verdad.
Peor, se supone que ningún elemento puede cambiar, no importa cuán buena sea tu maestría, los elementos no cambian de color. ¿Su poder también sería diferente?
― ¿Todo bien? ― Einar me preguntó en un susurro―. ¿De qué hablaron Cassandra y tú?
―De nada ― quejé bajito―. Solo de su fuego.
― ¿De ayer? ¿Qué se hizo verde?
―Sí ― mustié―. ¿Sabes algo?
Negó con la cabeza―. No podemos saber qué hace cada Dinastía en su nivel en Quetzal. Estoy seguro de que ni mi madre sabía lo que sucedía.
―Sabías de Cassie y lo que le hacían ― quejé―. La Señora Terra seguro también.