CAPÍTULO 12 #4
—Si Henning es hermano de la mamá de Cassie —comenzó a hablar Will en voz baja—.
¿Por qué el Señor Ignis experimentó con él?
Digo, no hay mucha información de la familia de la mamá de Cassie, porque eran pobres, pero, ¿por qué mierda desertó de las fuerzas armadas?
Él era comandante en el gabinete de fuego, ¿no? ¿Por qué convertirse en Salvaje?
—Desertó porque se dio cuenta de lo que le hacían a Cassandra —dijo Einar para sí mismo.
Todos volteamos a verlo con sorpresa, en especial Chloe.
Mi hermana pareció querer enterrarlo debajo de la montaña—.
La iba a visitar cada quince días, creo.
Supongo que atacó al Señor Ignis, desertó y luego lo exiliaron.
Después se fue con los Salvajes y lo capturaron, ya que él era el más cercano a Cassandra, y el experimento para apagar el elemento sería más preciso.
Nos quedamos callados. Mi hermana vio a su prometido, su cara se hizo rosada.
Lo abofeteó. Solté una carcajada al ver al príncipe patidifuso sin entender por qué había sido golpeado por su novia.
Disfruté bastante ver cómo Einar se convertía en tierra, literal, sus zapatos comenzaron a llenarse de polvo.
—¿Sabías sobre Cassie y nunca me dijiste? —la voz de mi hermana se crispó—. Todo este tiempo sabías que ella estaba encerrada. ¡¿Y no hiciste nada?! ¿Cómo pudiste?
El grito de mi hermana me hizo sonreír. Einar se quedó estático, el color de su morena piel desapareció por completo.
Había hablado de más, y eso me encantó, no quería ver a Chloe con ese príncipe.
Podía ser cualquier otra persona, solo que no fuera Einar.
Todos menos él. ¿Por qué? No sabía, quizá solo eran celos de hermano.
Aún trataba de acostumbrarme, de querer proteger a alguien que no conocía y era mi sangre.
—Te lo iba a decir, en serio. Pero, secreto de Estado —Einar se enderezó—. Además, tú nunca me dijiste que tenías un hermano gemelo. Así que no te quejes.
Chloe abrió la boca ofendida, lo tomó del brazo y se alejaron de nosotros. Quise seguirlos, defender a mi hermana y a mí, del patético ataque de Einar. Will me detuvo.
—Esa no es tu pelea.
—¿Y?
—Por primera vez en tu puta vida, deja que los demás tengan sus relaciones, y no te entrometas —quejó—. Así que te quedas aquí y no digas nada. Einar tiene razón, tú también eres un secreto de Estado. Al igual que yo.
Ignoré lo último que dijo—. Yo no me entrometo.
Will rodó los ojos con fastidio. No discutió conmigo.
Solo me soltó y volvió a recargarse en la pared.
Ugh. Sí, tenía razón, pero no lo diría en voz alta.
Que se joda. Si yo me quería meter en la relación de mi hermana con el idiota de Einar, lo haría.
¿Qué mierda le importaba? Al fin acepté que tenía una gemela, ¿y no podía molestarla?
¿Por qué no era mi relación? Y una mierda.
—Sí lo haces. Solo quédate aquí, y esperemos a que nos dejen bajar.
Me quedé callado, me recargué también en la pared.
Solo quería que Cassandra despertara para ir al tonto templo, comprobar que no había ninguna Diosa y largarme para poder escapar y robar algo.
Quizá una tienda departamental. Necesitaba robar.
Mi ansiedad me lo pedía a gritos. Extrañaba la adrenalina brincando en mis venas mientras metía algún objeto en la bolsa, no como ayer, que solo sentí miedo.
Ese sentimiento no me gustaba, además de que aún estaba agotado por tratar de ahogar a Rocco.
¿Por qué estaba tan agotado? Sentía como si Rocco hubiera querido succionar mi elemento. Ugh.
Vi el anillo en mi dedo, comenzó a palpitarme la piel.
Will también miraba su mano, volteé hacia mi hermana, ella se tomó el dedo que contenía la argolla.
La pulsación se hizo dolorosa. Solté una queja.
Will se echó al suelo, apretaba su dedo.
Yo solo sentía el ardor en la piel, traté de congelar mi dedo.
Comencé a tambalearme hasta el camarote donde estaba Cassandra, entré, ella estaba teniendo convulsiones.
Will llegó tras de mí, al igual que mi hermana.
El aro metálico en la mano de Cassandra comenzó a brillar.
Vi mi anillo. En el mío no sucedía nada, pero el hielo se derretía de inmediato, ¿qué?
Regresé la vista a Cassandra. El dolor se disipó, ella dejó de moverse.
Abrió los ojos, tomó una bocanada de aire con desesperación, y se enderezó de golpe.
Comenzó a toser, Marie la volteó hacia el suelo, y vomito negro salió de su boca.
Aneka la sostuvo, mientras Marie le tomaba el pulso.
Cuando Cassandra dejó de expulsar, nos volteó a ver en la puerta, estaba pálida, su piel tomó un tono amarillento. Parecía que la habían envenenado.
—¿Qué sucedió?
Aneka se interpuso entre nosotros y Cassandra, tomó su cara con firmeza y la obligó a mirarla.
Marie nos sacó de la habitación y cerró la puerta tras de nosotros.
Quise quejarme, pero Chloe me calló. Mi hermana suspiró con enojo, luego volteó a ver a su prometido, le tomó la mano y lo alejó de nuevo.
—¿Qué sucedió? —pregunté en voz baja.
—No sé. ¿Ahora qué? —me preguntó Will―. ¿Ya iremos al templo?
—No sé —respondí, todavía con el corazón acelerado—, pero ya despertó Cassandra, así que sí, ya iremos al templo.