CAPÍTULO 12 #3
Rocco volteó a verme con pereza, Cassandra logró levantarse del suelo y se puso tras de mí, ella me tomó el brazo que sostenía el anillo negro, sentí su respiración agitada en mi cuello.
El temblor nos rompió a ambos. Pero no sabía si era mi propio miedo, o el de Cassandra.
Tampoco sabía por qué había reaccionado así.
A mí no me caía bien la chica, pero no podía negar la maldita atracción. Mierda. Afianzó su agarre en mi brazo.
―Si se lo damos― comenzó a susurrar, su voz tembló―. Va a recordar quién era, lo mencionaron los Guerreros, si evoca su verdadero nombre, todo será destruido.
Rocco tendió su mano, para que depositara el metal. Me mantuve callado, no sabía qué hacer. Cerré la mano en un puño, protegí el aro de poder. Bajé el brazo.
―No.
Dos arcos de agua subieron, tomaron a Rocco y lo arrastraron hasta el océano. El científico no gritó, solo vi cómo las partículas lo seguían. Me volteé a Will, le aventé el anillo, mi amigo lo atrapó. Chloe y él se nos acercaron con una exclamación de sorpresa.
― ¿Qué está sucediendo? ―preguntó Chloe con alarma―. No puedes mantenerlo para siempre en el océano.
―Ya lo sé― quejé―. Me está costando dejarlo ahí abajo.
Escuché un jadeo, Cassandra corrió a mi madre, Hellena se acercó a nosotros con Aneka, la doctora me tomó del brazo―. ¿Dónde está?
―En el agua ―contesté―. Está dando batalla.
Henning sacó un arma de su pantalón―. Ya vengo.
El tío de Cassandra saltó por la borda. Vi eso como un acto suicida. Se supone que las armas no funcionan bajo el agua. ¿Qué iba a hacer? ¿Golpearlo con la culata?
Mi madre separó a Aneka de mí y me hizo arrodillarme y tocar la madera de la popa.
―Manténlo allí abajo. ¿Qué sucedió?
―Eso trato― dije entre dientes―. El imbécil es fuerte.
―Concéntrate, hijo. Eres capaz de mantenerlo ahí.
¡Claro que debía concentrarme! Lo sabía.
Pero ni cuando robaba me sentía así, tan devastado.
Rocco me estaba succionando toda la energía sin siquiera tocarme.
El agua trataba de arrastrarse, de golpearme, sofocarme, o de inundar mis pulmones.
Pero el científico se mantenía inmóvil, no había manera de dañarlo.
No podía. Quería darme por vencido, mi energía estaba siendo chupada por su fuerza.
Cerré los ojos, vi al primer Guerrero Agua.
Eso me asustó también, ¿qué sucedía? Entendí que debía hacer, esa lucha no era mía, era de Cassandra.
Ella era el fuego que podía chamuscar el éter.
Abrí los ojos, el cuerpo de Henning voló a un lado mío.
Marie fue a ayudar a su hermano. Cassandra se acercó a mí.
Me tomó del hombro, ambos asentimos con la cabeza.
Porque por alguna razón, ella supo que se debía hacer. Dejé el agua libre.
Ya no quería razonar, quería desmayarme.
En cuanto Cassandra y yo nos levantamos, Rocco reapareció con un halo negro arriba de la cabeza. Estaba seco, y su viscosidad negra lo rodeaba en espirales, el aire nos encapsuló, como si quisiera sepultarnos en concreto invisible. Mi madre me sostuvo y me alejó de la pelea.
Cassandra comenzó a susurrar, símbolos antiguos aparecieron en medio de la batalla. Rocco sonrió con burla.
―El mismo truco no funcionará dos veces, Cassandra. No seas ingenua.
Ella dejó de hablar, los símbolos estaban completos.
No comprendí nada, ni siquiera podía leer qué decían las figuras.
Solo veía líneas brillar en el fuego. Ella movió sus manos y aventó los signos hacia su enemigo.
Nada sucedió por unos segundos. Las líneas se disiparon al tocar al hombre.
Rocco se mantuvo quieto, sonrió y por un momento creí que deseaba devorar a Cassandra en un pastelillo.
La vi, y en sus manos, el fuego era verde.
Sus labios volvieron a moverse, esta vez con una alegoría diferente.
Sus ojos dejaron de tener vida, cambiaron a ser blancos.
¿Qué?
¿Ese era el experimento?
¿Su fuego ahora era verde?
― ¡Funcionó! ―gritó Rocco con efusión―. ¡El experimento fue un éxito!
― ¡Vete a la mierda! ―el grito de Cassandra nos hizo caer a todos. Los símbolos se formaron de inmediato, se los atizó a Rocco.
Esta vez, el hombre se envolvió en llamas verdes.
Se quemó sin emitir ningún sonido. Las chispas verdes quedaron suspendidas, hasta que con una ventisca, desaparecieron.
Vi la escena confundido. Cassandra se mantuvo de pie, luego nos volteó a ver, su aura era verdosa, sus ojos estaban perdidos.
Esa no era la misma chica con la que había bailado.
—Cassandra Flur ya no existe —dicho eso, cayó al suelo inconsciente.
¿Qué?
¿Qué?
¿Qué mierda?
También quise desmayarme. Hellena me tomó del brazo y me hizo poner de pie y me obligó a regresar a mi camarote. Quise luchar, quedarme, entender qué le había sucedido a Cassandra, pero solo me dejé guiar. Will me siguió y cuando la puerta se cerró en nuestra cara, ambos caímos al piso.
—¿Qué sucedió? —Will chasqueó—. ¿Qué fue eso?
—No tengo idea. Esos símbolos…, ¿viste el fuego verdoso?
Mi amigo asintió con la cabeza—. Eso no…, eso no debe ser posible. Pero lo es. Ella ya me había contado que le sucedía eso cuando usaba los hechizos.
—¿En serio? Joder, ¿qué mierda sucede?
—No lo sé. Solo sé que ningún elemento puede ser modificado. Eso no debe de ser posible.
—Tampoco que una mujer fuego exista y sin embargo Cassandra existe, así que ahora quizá los elementos pueden cambiar.
Nos quedamos en silencio, afuera de mi camarote había gritos y murmullos. Quise salir, pero me quedé en el suelo, a un lado de Will. Ninguno se movió, ni volvió a hablar. Mi mundo acababa de cambiar, ya no éramos ladrones.
Mi corazón comenzó a golpearme en todo el cuerpo. Nada tenía sentido.
(…)
Llegamos a la isla de la Diosa en la mañana. Me costó abrir los ojos, al igual que dormir. No dejaba de ver el fuego verde cada vez que cerraba los ojos. No entendía nada, ¿por qué desapareció ese científico después de que esos símbolos aparecieron? No…, no importaba.
Mi madre nos apuró para que nos arregláramos. No quise ponerme la ropa blanca, pero Hellena me pellizcó la oreja para que hiciera caso. Obedecí. Estábamos listos, todos, menos Cassandra, ella aún no despertaba de lo que fuera que sucedió en la noche.
Marie, Hellena y Aneka estaban en la habitación, la trataban de examinar y saber qué experimento había hecho Rocco en Cassandra.
Le tomaron muestras de sangre a Henning, para ver si había alguna relación entre su falta de elemento y el fuego verde.
Se supone que los elementos no se podían apagar para siempre.
Pero supongo que, con la existencia del fuego en una mujer, decidieron seguir con los experimentos, hasta que lo lograron.
Se supone que lo único que podía bloquear el elemento era con el suero.
Tuve escalofríos al recordar el hueco en mi pecho cuando Rocco me inyectó en la casa de Will.
Will y yo estábamos en el pasillo, esperábamos a Cassandra.
¿Qué más hacíamos? Ya habíamos encallado en la isla, y podía ver el templo descansar hasta arriba de la montaña.
Quise escapar y nadar hasta la isla de los Salvajes.
Todo eso era una estupidez, ninguna deidad existía, todo eso eran palabras para manipular a las masas.
¿Qué mierda debíamos hacer ahí? ¿Arrodillarnos y rezar?
Se supone que los plebeyos no podían subir las escaleras, suspiré, ya no era un plebeyo.
Mi hermana estaba a un metro de mí, y era consolada por el idiota de su prometido.
Mi hermana le explicó todo lo que sucedía, con detalle.
Eso me molestó. ¿Por qué tenía que decirle lo que sucedía?
Peor, el imbécil decidió ayudarnos. No necesitábamos la ayuda de otra dinastía, ese tonto príncipe debía regresar a Farren.
—Necesito preguntarles algo —la voz de Henning me crispó, volteé a ver al ex comandante o general, o lo que fuera, estaba flaco y lleno de moretones, su semejanza con Cassandra me sacó de quicio—. ¿Están seguros de que vieron a Rocco Magt ayer?
Chloe se separó de su prometido y asintió con la cabeza—. Sí, ¿por qué?
El hombre suspiró—. Ayer nadie lo vio, solo vimos a un hombre con careta negra. Ni siquiera logramos escuchar qué decía.
—Está ocultando su identidad —susurró mi hermana—. El éter lo protege.
—Yo tampoco lo vi ayer, amor —intervino Einar—. ¿De verdad están seguros de que era Rocco?
—¡Sí! —crispé—. Es el mismo psicótico que amenazó a la Nana de Will.
—El mismo que me apuñaló —mustió Will—. De hecho, aún piensa que me mató.
Henning nos calló—. Su hipótesis tiene sentido, quizá por los anillos de los Primeros Guerreros pueden ver la identidad del hombre, pero de momento, no digan nada. Cuando mi sobrina despierte, irán con la Diosa. Y esperemos que baje y les ayude con algo.
Lo vi esperando una respuesta, Chloe solo se inclinó un poco y eso fue suficiente.
El hombre se veía cansado, su apariencia anémica me dio asco.
Henning también hizo una reverencia y se fue.
Volvimos a estar solos. Yo estaba fijo en cómo mi madre cuidaba a Cassandra.
Quise gritar. Nada tenía sentido. Solo quería robar, fingir que iba a la universidad y embriagarme en los bares, para después tener sexo con alguien.
Pero ahora toda mi vida se había complicado.
Quizá, si me iba de ahí después de subir al templo, podría regresar nadando al Continente Farren y seguir siendo el Ladrón del Hielo, temido por todos los dueños de negocios.
Esa era la única reputación que quería sobre mi cabeza.