CAPÍTULO 12 #2
Cassandra parpadeó varias veces molesta, casi como si quisiera arrugar la nariz, pero solo se cruzó de brazos, y se alejó de mí, su porte volvió a cambiar, quise tomarla del brazo y hacerla acercarse a mí―. Está bien, hijo del Señor Aqua. Príncipe del Agua.
Le hice caso a mi mente. La tomé por un brazo y la hice caer a mi pecho, ella se quedó fija en mis ojos y me tomó del pecho, sentí el calor emanar de la piel de Cassandra, como si fuera un horno y yo un panque.
―No soy su hijo. Él me abandonó, y mucho menos soy un estúpido Príncipe. Soy un ladrón.
Cassandra se acercó a mi cara, sus ojos brillaban, pero su porte no tenía nada―. Supongo que a todos nos han abandonado nuestros padres ― ambos nos quedamos callados, nuestras narices casi se tocaban―. No me digas Cassandra, y yo no te diré Príncipe.
―Hecho, Cass.
Ella sonrió satisfecha―. Me gusta.
―Tú me gustas a mí ― dije sin pensar.
Ella me analizó. Detuvo su sonreír. No la solté, le mantuve la mirada, el brillo seguía ahí, como si la luna le dijera qué sentir.
―Los escuché, quieres tener sexo conmigo.
― ¿Tienes problema con eso?
Cassandra no respondió, se relajó, y volvió a ver al agua―. De momento, sí.
Le seguí la mirada. El científico loco que amenazó a la Nana de Will, el que nos inyectó el neutralizador de elemento. Volaba frente a nosotros, rodeado de una masa negra.
― ¿Qué mierda? ― me asusté.
―Yo lo distraeré ― me susurró―. Haz lo que sea que te diga.
Quise refutar, pero la apariencia del hombre era como la de un pez globo, pero a la vez, seguía siendo Rocco.
Me ofusqué, ¿por qué el agua no me dijo nada?
Estábamos en el océano, el líquido me hablaba, me avisaba, me decía a dónde íbamos, incluso si había pescados debajo del yate.
Pero mi elemento no me dijo nada sobre la amenaza putrefacta que estaba frente a nosotros.
¿Qué mierda estaba viendo? Ese líquido negro se parecía a lo que cubría a Will cuando apareció en mi jardín junto a Cassandra.
Incluso esa vez, los sentí llegar. Me dio un cosquilleo en la nuca.
El barco se detuvo con un golpe, como si hubiéramos chocado con alguna isla, sostuve a Cassandra para que no cayera. Sentí las aspas querer avanzar, algo estaba bajo el agua y contenía los motores. El agua luchaba para limpiar la contaminación, pero no podía, el líquido negro solo se multiplicaba.
El hombre descendió hasta que tocó el barco.
No había ningún sonido en sus pasos. Las partículas que lo rodeaban desaparecieron, su apariencia al fin fue humana, pero aún sentía dentro de él el poder.
Con ese hombre querían que Cassandra se casara.
Me dio repulsión, ahora entendía por qué no deseaba esa unión.
Todo mi cuerpo me decía que corriera, que huyera, que me alejara. Pero me quedé quieto.
―Suéltame― susurró Cassandra―. Si no lo haces, te apuñalará al igual que a Will.
― ¿Qué? ―apuré.
― ¡Solo hazlo! ―chistó bajito.
Nos separamos con un empujón, el hombre comenzó a aplaudir―. Ya aprendiste de tus errores, Cassandra. Eso me gusta, siempre fuiste una alumna excepcional― Rocco detuvo su acción―. No les quiero hacer daño. Solo necesito que me den mi anillo, entonces me iré.
Repasé la información en mi cabeza. Los anillos que robamos de la base Quetzal.
Los cuales nos llevaron a ese sueño infernal que aún me negaba a creer que sucedió en realidad, en el cual tuve que luchar con el Señor Aqua.
Lo tuve que apuñalar para que todo se detuviera.
Escarcha se creó en mis dedos, debía hacer algo, debía actuar.
―O si no, terminaré con el experimento. Tú decides, Cassandra― la voz de Rocco se deslizó como una serpiente entre la duela del yate―. Decide.
La volteé a ver, ella se debatía, por primera vez entendí sus emociones completas.
Estaba pálida, y parecía que iba a desfallecer.
Quise sostenerla y decirle que todo estaría bien.
Pero no tenía idea de que hablaba el científico.
Me concentré, comencé a retroceder, iría por Will y mi hermana.
Se supone que los cuatro estábamos conectados.
O al menos eso me dijo Cassandra cuando discutimos con nuestros elementos en la isla.
Además, Will tenía el anillo extra. ¿Para qué lo quería ese hombre?
¡No sabía! ¡Pero tampoco quería saber más sobre ese experimento del que hablaba!
― ¡Iré por ellos! ―grité―. No haga nada.
―Este me cae bien, Cassandra― dijo el hombre―. Consideraré no matarlo como al otro.
Cassandra me dijo algo con su elemento, Hellena.
La sensación del gas penetrándome la piel de la nuca me hizo reaccionar.
Retrocedí hasta entrar al área común del yate.
Corrí al camarote de mi madre, me encontré con un Will adormilado en el pasillo, le di una cachetada y le dije lo que sucedía con mi elemento.
Will trató de discutirme, pero solo lo hice dar media vuelta y lo empujé hacia la habitación de mi hermana y el estúpido de su prometido.
Abrí la puerta del cuarto de mi madre. Hellena estaba despierta con papeles en mano.
― ¿Qué sucede?
―El científico loco está allá afuera, necesito los anillos. ¡Ya!
Mi madre se levantó de la cama, se puso su bata y me vio preocupada. Me desesperé, fui a hurgar los cajones. Hellena me tomó de los hombros.
―Cálmate, y dime qué sucede.
―Rocco Magt. Está allá afuera y quiere el anillo del éter, el que tiene la gema negra― comencé a respirar rápido―. Ya mandé a Will por mi hermana, no sé qué hacer. Cassandra está en la popa distrayéndolo. No sé…
Me callé. Me quedé con la idea en la cabeza.
Siempre que mi madre me castigaba y me quitaba el celular, lo guardaba y yo siempre lo encontraba.
Fui por el botiquín médico, lo saqué del armario y lo puse en el suelo, encontré una bolsa de yute con las argollas.
Mi madre me tomó la muñeca con fuerza. Me arrebató la bolsa. El agua nos inundó.
―No pueden usarlos, o volverán a caer en coma. Aún no sé qué sucede cuando los usan, pueden morir. No pienso perderte ― aspiró aire, gotas de agua comenzaron a formarse sobre su cabeza―. Nadie sabe dónde estamos, Rocco Magt no nos pudo haber encontrado solo. Él es un científico.
―Mamá, está solo. Rodeado de una masa negra. Necesito los anillos. Amenazó a Cassandra. Ya sé que es una locura, ¿de acuerdo? Ni yo sé qué sucede.
Mi madre se debatió, me soltó y me dio la bolsita―. No sé de qué hablas, ten cuidado. Iré por Aneka y Henning, ellos sabrán qué hacer.
Mi madre se fue. Respiré, vi el yute y saqué mi anillo.
Al ponerme la argolla, sentí cosquilleo en todo el brazo, vi el brillo surcar las palabras del tatuaje.
Me levanté y salí de la habitación corriendo.
Me encontré con Chloe y Will escondidos en el área común, les di sus anillos.
Chloe vio el metal por un momento, luego me vio a mí.
―No puedo creer que hayan robado los anillos de los Primeros Guerreros. Son sagrados.
―Estaban en una caja fuerte, pensé que eran valiosos― comentó Will―, y lo son.
―Ese no es el punto― mustió, Chloe señaló el metal―. Los Primeros Guerreros están aquí, dan su sabiduría a cada Señor que asume el poder de su Dinastía. No podemos traerlos como si fueran joyería de niños.
Traté de calmarme y no responderle a mi hermana, decidí cambiar de tema―. ¿Y el estúpido de tu prometido?
Chloe me vio con molestia―. Lo mandé con nuestra madre― ella suspiró, no lo vi en el pasillo, ¿mi hermana mentía? ―. Hay que planear qué hacer. ¿Le daremos el anillo? Cassie está ahí de pie con Rocco, y ambos están discutiendo con sus elementos.
―Rocco dijo que, si no le dábamos su anillo, terminaría su experimento con Cassandra. No sé a qué se refiere, pero se veía mortificada.
Chloe negó la cabeza sin entender, y Will se quedó en silencio. Ambos lo vimos. Solo se alejó un poco, movió la cabeza a un lado.
―Resumido― dijo con apuro―, Rocco estaba experimentando con el fuego de Cassie, cuando ella se dio cuenta de que su fuego cambió, lo detuvo. Y por eso Rocco comenzó a querer, ustedes saben, apagar su elemento.
Nos volvimos a quedar en silencio, hubo un par de pasos apurados lejos de nosotros. Vi a mi hermana, ella se restregó su mano contra su pijama.
―Tiene sentido, creo. Ella es mujer fuego, por eso la tenían en Quetzal― susurró ―. ¿Pero por qué aceptó los experimentos?
Mi amigo se encogió de hombros―. No me quiso decir.
― ¿Qué hacemos? ―pregunté apurado―. No hay guerreros en el yate. Se los llevó todos el Señor Aqua cuando partió.
―Cassie está perdiendo ―dijo Chloe mientras espiaba por arriba del sofá―. Debemos hacer algo, ¡Ya!
Saqué el último anillo, el negro, se lo di a Will―. Póntelo. No se lo daremos. Necesitamos los cinco anillos. ¿No? Por eso estaban juntos.
― ¿Y Cassie? ―Chloe me tomó el brazo―. Solo conocí a Rocco un par de veces, pero sé que es ambicioso. Debemos darle el anillo. Si eso quiere, hay que dárselo. Su energía es muy picosa. Ni siquiera estamos cerca de tierra y puedo sentir como si estuviera erosionando una montaña entera.
―Si lo hacemos, ya no podremos comunicarnos con los Primeros Guerreros ―expresó Will con pena―. No podemos dárselo.
El calor nos azotó. Los tres alzamos la cabeza sobre el sofá, vimos la batalla, Cassandra estaba en el suelo, trataba de arrastrarse, alejarse de Rocco.
El fuego fulgió un segundo y se apagó con un soplido.
Su respiración fue agitada, quise rodearla de agua y alejarla de ahí.
¡Quería hacer mucho y no hacía nada! ¡Maldita sea! ¡Soy un inútil!
―Tu nuevo novio ya se tardó. Así que voy a terminar el experimento― Rocco exasperó.
Las partículas negras aparecieron de nuevo, una jeringa cayó en la mano del hombre. ¿Qué? Volteé a Will, tomé la argolla y me levanté del suelo.
― ¡Aquí lo tengo!