Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 11 #3
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CAPÍTULO 11 #3

Fui a buscar a mi Nana. Tenía que despedirme.

Sabía que se quedaría en la Isla, iba a buscar a mi abuelo.

Lo desterraron por un crimen que no cometió.

Sabía que ella haría lo que fuera para encontrar a su esposo, en especial, porque ahora había vientos que la podían ayudar a guiarse entre el mar oscuro.

La vi cerca de la hoguera con otros dos hombres. Corrí a ella.

La abracé, e interrumpí su plática. Ella me sostuvo―. En un momento regreso con ustedes, gracias por su ayuda, muchachos. Me despediré de mi nieto, ¿de acuerdo?

―Claro, señora ― soltó uno―. La esperaremos en la zona central.

Mi Nana no dijo nada. Vi a los dos hombres partir, no me quise separar de ella.

Aunque no fuera mi sangre, ella me crió y cuidó.

Ella era todo para mí. Quise que viniera con nosotros, pero también quería que encontrara a mi abuelo.

Quizá yo debía quedarme con ella y ayudarla.

No, debía ir al templo de la Diosa, ugh.

Me alejé un poco de mi Nana, ella me acarició la mejilla―. ¿Estás listo para salvar el mundo?

―Creo ― mustié bajo―. ¿Estarás bien? ¿Segura que quieres quedarte?

―Sí, mi niño. Debo de encontrar a tu abuelo y tú debes de seguir los deseos de la Diosa Em.

―Lo sé, por eso nos escogió.

―Así es ― sus manos cayeron a las mías―. Deben salvar al mundo. Eso es lo que deben de hacer. Cuando encuentre a tu abuelo, iremos a Lotán. Volveremos a ser una familia. Pero primero, la profecía.

Vi las letras en mi brazo―. Sí. Sé lo que debemos de hacer. Prometo no decepcionarte. Voy a salvar al mundo.

Mi nana me dio un beso en la frente, y después rezó en silencio para mi partida. Yo canté con ella.

(…)

Cassie estaba vomitando desde la borda. Chloe estaba con su prometido, analizaban los papeles que había traído, junto con Hellena y Marie.

Eiden nadaba a un lado del barco como un pez anguila.

Según él, estaba practicando su elemento, pero sabía que quería evadir golpear a Einar, en cuanto llegó a la isla solo, ninguno supo qué hacer.

Él era un príncipe reconocido, de Farren.

Estaba comprometido con Chloe, y ambos solo se besuquearon y le presentó a Cassie.

El príncipe se inclinó y ella le respondió de la misma manera.

Hizo lo mismo con Eiden y conmigo, pero los dos nos quedamos de pie sin hacer nada.

Preferimos largarnos a otro lado antes de zarpar.

Me acerqué a Cassie. Ella volteó a verme, estaba pálida, y podía ver la enfermedad en sus ojos. Incluso olía un poco mal.

― ¿Qué?

―Ya sé que me evades por el trato que hiciste con Eiden.

Dejó de verme y escupió hacia el océano. Se limpió la boca con la manga de su playera. Me vio con desprecio, luego con calma. O quizá con asco, no sabía. Se veía bastante enferma.

― ¿Te lo dijo?

―Yo lo deduje. Es mi amigo. Lo conozco bien. No es la primera vez que aleja a alguien de mi lado.

Cassie chasqueó la lengua. Se sentó en el suelo.

La acompañé. Tosió un par de veces. Al parecer, estar entre las olas la mareaba, aunque yo también me sentía un poco enfermizo por el movimiento.

Ignoré el asco en mi garganta. Quería saber qué le prometió Eiden.

Necesitaba completar la información en mi cabeza.

―El trato no duró mucho, al parecer ―dijo―. No importa.

―Claro que importa. No sé qué mierda te va a dar a cambio de que te alejes de mí. Yo no quiero que lo hagas. Eres mi amiga, ¿no? Sé que en un futuro cuando ambos seamos príncipes reconocidos, nada puede surgir entre nosotros, pero…, no sé. Aún podemos ser amigos.

Cassie abrió la boca, y cuando iba a hablar, agua salada nos salpicó en la cara. Me cubrí. Cuando abrí los ojos, Eiden estaba de pie frente a nosotros, mojado por completo y semidesnudo.

―No le digas, o el trato se acaba, Cassandra.

―Dije que me iba a alejar, no a dejar de ser su amiga ―Cassie se levantó y lo encaró. Lo imité―. Mi palabra es mi honor; no voy a romper eso.

―Eso espero ―dejó de ver a Cassie para verme a mí―. Luego hablo contigo.

Eiden se retiró. Me dejó la palabra en la boca. Quise replicarle, atacar con una ventisca de aire. Estaba cansado, quería que esa tontería terminara. Pero lo conocía. Si Cassie y él habían hecho un trato, él mantendría su palabra, y haría lo que prometió.

―Iré con él ―dije quedo―. Lo mejor será que descanses.

―Creo que pediré medicamento.

―Hazlo ―le sonreí, y ella solo comprimió los labios―. Vengo después para ver cómo sigues.

―Gracias.

Seguí a mi amigo y entré a su camarote. Sentí las partículas de agua en la habitación, Eiden estaba irritado. Yo también lo estaba. Moví el líquido con mi viento.

― ¿De qué mierda quieres hablar? ―pregunté con molestia―. Ya habíamos zanjado todo.

―No.

Se dio media vuelta con los brazos cruzados, se concentró en el océano.

Su piel y cabello ya estaban secos. Seguro evaporó el agua de su cuerpo.

Le encantaba hacer eso, decía que lo hacía sentir caliente.

Me crucé de brazos también. Estaba harto de ese juego tonto que teníamos.

Ninguno cedía. Aunque nos dijéramos que el tema estaba en la basura, Eiden siempre lo sacaba de la bolsa para recriminarme.

Y yo hacía lo mismo, porque estaba harto de sus celos húmedos.

―No te quiero cerca de Cassandra ―Eiden escupió con ácido y me vio―. Ella tiene un trato conmigo.

―Ya me lo dijo.

― ¿Entonces? No me preguntes. Aléjate de ella.

Me relamí los labios. Quise seguir la pelea, pero preferí hacer algo diferente―. Está bien. Me alejaré.

Eiden se contrajo un poco ante mi respuesta.

Era obvio que esperaba que lo discutiera, que nos gritáramos o que termináramos en golpes.

Pero no le haría caso. Seguiría coqueteando con Cassie, solo que lo haría sin que él nos viera.

Todo como un juego de escondites. Solo debía ser precavido y resguardar mi premio, lejos de sus manos pegajosas.

―Oh ―Eiden vio la cama incómodo―. ¿Quieres disfrutar la noche?

―No. Me alejaré de Cassie, si tú también lo haces. Porque te conozco, y en cuanto yo ponga un pie fuera, irás con ella a tener sexo.

Trató de disimular la sonrisa de culpa, pero no pudo. Levantó ambas manos y dio un paso hacia atrás.

―Me atrapaste.

―Eres un imbécil.

―Y también tu mejor amigo.

―Lamentablemente, lo eres ―chisté―. Ni tú ni yo nos acercaremos a ella. ¿Trato? Todos nosotros somos herederos, sabes que no puede haber romance entre los próximos señores.

Eiden rodó los ojos y pensó―. De acuerdo. Me da un poco de miedo que pueda usar el fuego.

Reí―. Igual a mí. Pero es bonita.

― ¿Bonita? Es hermosa. Y eso la hace más terrorífica. Nos puede quemar en cualquier momento.

―Lo sé. Supongo que ese es su encanto ―suspiré―. Iré a ver cómo está. No dejaba de vomitar.

― ¿Qué no te ibas a alejar de ella?

Me sulfuré un poco―. Me refería a que ni tú ni yo tengamos sexo con ella, tarado. Acaba de ser liberada de un encierro de once años. Solo seamos sus amigos.

Eiden se encogió de hombros―. Como sea.

Ugh. Le enseñé el dedo medio y salí del camarote, oí su risa en el pasillo.