CAPÍTULO 10 #4
Moví la cabeza mientras tomaba el puñal de la espada, el metal no tuvo peso bajo mis manos.
La cubrí en fuego, este se hizo verde. En ese momento no me importó de qué color eran mis llamas, en ese lugar oscuro, debía tener control completo de mi elemento.
Apuñalé el hielo, giré el metal, y el hielo cedió con un crujido.
El cristal comenzó a hacerse espuma. ¿Qué?
Cuando pude ver más allá de las burbujas del hielo, ya no estábamos en el vacío negro.
Era una pradera y olía a flores. El viento nos azotó.
El cambio de escenario me abrumó. Un tornado nos cubrió, comenzamos a levantarnos, el vacío volvió a cortar mis órganos.
Eiden me tomó del brazo, Chloe chilló mientras daba vueltas, Will la sujetó de un pie para mantenerla estable.
Logré acercarme a Eiden, me aferré a él.
El chico hizo lo mismo, me protegió del vértigo.
Mi estómago me golpeaba con chirridos de acidez. Perdí mi espada, grité.
El ciclón se deshizo, los cuatro caímos al agua.
Tragué agua al tratar de respirar, tosí y más líquido me asfixió.
Comencé a hundirme. La oscuridad me empezó a comer.
No sabía nadar, pataleé para tratar de llegar a la superficie, mi pecho se quemaba.
Veía la superficie, pero se alejaba del aire, no, no podía morir así.
Volví a tragar agua, las burbujas avanzaron hacia mi destino, y yo caí.
Alguien me tomó por la cintura y me elevó. Eiden. Sentí un picor frío cuando volví a respirar. Comencé a toser el agua tragada, la quemazón seguía en mis pulmones, queriendo extinguirme. Dejé de sentir el agua en mi cuerpo, estaba sobre un bote de hielo. ¿Por qué todo sucedía tan rápido? Chillé.
Vi hacia el cielo, estaba gris, las nubes me aproximaban el olor a azufre.
Lloré. Los relámpagos resonaban con una canción lejana.
Las olas movían con violencia mi iceberg.
Me sostuve de Eiden con un grito, él me protegió contra su pecho.
Dos cabezas más surgieron del agua, Will y Chloe estaban en un barco de hielo similar al mío.
¿Cuándo los encontró Eiden? Él hizo los barcos, estaba segura, él controlaba el agua, él me salvó, él…
Eiden me sujetó con más fuerza para que las olas del océano no me aventaran al agua de nuevo. Elevó su otra mano para mantener los botes a flote. La energía de su elemento nos rodeó con anguilas. Deseé que todo ese infierno terminara.
― ¿Qué mierda sucede? ―Eiden me gritó al oído.
― ¡No sé!
Una ola nos cubrió. Me aferré a él, no hubo humedad, no hubo agua.
Sentí el sol sobre mí, la energía de la estrella me quemaba la piel, como si estuviera a un lado de una fogata.
Abrí los ojos y respiré, ya no había dolor en mi pecho.
Mi llama estaba intacta. Estaba sobre pasto, y seca.
Eiden estaba a un lado de mí, aún me tenía por los brazos.
Los cambios de escenario me desorientaron, nada tenía sentido y sentía que leía una enciclopedia que no tenía índice.
Tomé a Eiden de la cara, le hice abrir los ojos.
Nos quedamos fijos uno al otro por un momento.
Sentí cómo nuestros elementos se mezclaban por un segundo para convertirse en vapor.
Nos alejamos y los dos nos pusimos de pie, aún nos sosteníamos.
A mi derecha, estaban Chloe y Will, ambos también se levantaron.
Nos juntamos de nuevo, en espera de un ataque o algo.
Nada sucedió. El océano ya no estaba, ni el lugar oscuro, ni los picos mortíferos de hielo, o siquiera el tornado que nos arrastró.
Solo nosotros, sobre un campo de pasto, sin ninguna otra cosa que nos rodeara más que nuestra existencia.
Incluso el cielo estaba carente de nubes.
Quizá morimos y ahora nuestras almas se quedaron atrapadas en los anillos.
―Pasaron todas las pruebas ―una voz rasposa de hombre nos hizo girar.
Dos mujeres y dos hombres estaban de pie frente a nosotros. Los reconocí por los relatos, por las pinturas, por los dibujos, por nuestra historia, por todo. Los Primeros Guerreros estaban frente a nosotros. Quise ver sus caras, pero solo veía una sombra mortífera.
Fuego.
Agua.
Tierra.
Viento.
Quise acercarme a Fuego, pero Eiden me detuvo al tomarme de la mano. Su frío escaló por todo mi brazo. Él estaba desconfiado. Fuego fue la que se acercó, habló. Sabía que era ella, por el poder que emanaba, la radiación me hacía querer vomitar. O quizá era el parecido que yo tenía con la mujer.
―Están por enfrentarse al Primer Dios. No pueden dejar que los derrote, o que obtenga el completo potencial de sus poderes. Está debilitado, pero no por mucho. Cuando recuerde su nombre, el mundo será destruido.
Agua dio un paso y habló:
―Tienen que ir con la Diosa Em. Ella los guiará, les dirá qué hacer. Sobre todo, no dejen que el Éter los engañe, deben derrotarlo antes que la guerra los destruya a ustedes.
Tierra hizo lo mismo que Agua:
―Tendrán inconvenientes, obstáculos que saltar. Alianzas que romper, y nuevas amistades que tejer. Recuerden, no todos quieren lo mismo que ustedes.
Viento habló:
―Si ganan, ustedes podrán formar el mundo como quieran. Si fallan, el Éter tomará el poder, y gobernará el mundo, matará a los humanos y a todo aquel que se interponga en su camino.