Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 10 #2
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CAPÍTULO 10 #2

Vi a Will, le comuniqué mi miedo con mi elemento. Le había dicho la noche anterior lo sucedido con Rocco y el cambio de mi elemento. Will solo me vio con compasión y no me juzgó. Negó con la cabeza, vio a su amigo.

―Yo te ayudaré si el Fuego Verde llega, pero por favor, ayuda a Eiden. Tú eres la única que sabe esos símbolos.

―Es la Lengua Antigua, ya te lo he dicho.

― ¡Eso!

Cerré los ojos, chisté. Sentí el calor en mis extremidades, vi los símbolos volar frente a mí, los empujé hacia el pecho del rubio. ¿Qué más hacía? No podía dejarlos morir. Nosotros cuatro éramos parte de la Primera Profecía, debíamos vivir.

Eiden dejó de retorcerse y se quedó inmóvil con una gota de mucosidad que salía de sus labios.

Me alejé de los dos amigos, vi mis manos cubiertas con fuego verde, mi corazón comenzó a temblar y mi cabeza la sentí caliente, estaba por explotar.

Debía controlar el fuego, no podía perder el control, y aun así eso era todo lo que el elemento me pedía.

Explotar. ¿Por qué hice caso? Debí negarme a usar la magia.

Fui una tonta. Pero no sabía decir que no.

Si me daban una orden, yo la cumplía, así fue desde que me encerraron.

Will me tomó por el dorso de las manos y me las cerró en puño. Aún sentía el fuego querer tomar control de mi cuerpo. Él me hizo voltear a verlo.

―Tú puedes.

―No, no puedo ―chillé―. Te dije que pierdo control.

―Solo respira. Sabes cómo mantener calmado el fuego.

No, no sabía. Le había mentido.

Vi mis manos, el fuego estaba escalando la piel de Will, lo iba a quemar si no lo detenía.

¿Cómo? ¿Cómo controlar algo que no había nacido conmigo?

¿Cómo domar un fuego que fue implantado en mi alma?

Cerré los ojos, quise gritar. Sentí un pequeño roce en mis labios, abrí un poco los ojos, la cara de Will estaba frente a mí, su piel estaba un poco rosada.

Dejé de sentir el calor en mis manos, ahora mi cara estaba caliente.

¿Qué? ¿Por qué me intentaba besar? ¿Para enfriarme?

No, él era viento. Vi por un momento mis manos, mi fuego era normal.

Ah.

Ahora yo besé a Will.

Fue diferente a los toques de Rocco, fue más torpe e inocente.

Como si yo fuera la primera mujer que besaba.

Los labios de Will me hicieron olvidar por un momento que mi madre estaba de regreso, que Henning ya no tenía elemento, y que ahora todo se complicaba.

Me gustó la inexperiencia del chico. Porque me hizo vivir algo nuevo que no sabía que podía tener.

Apreté sus manos, él intentó seguir el ritmo de mis labios, pero su torpeza solo me hizo calmarme. Sentí su viento revolotear mi cabello, o quizá fue mi fuego que buscaba una nueva experiencia.

Nos separamos en cuanto escuchamos las quejas de agonía de Eiden. Estaba recostado en el suelo, de su boca comenzó a salir sangre, rojiza como debía ser. Will y yo nos vimos confundidos, él estaba colorado de la cara, yo me sentía igual.

Me mordí el labio inferior. No sabía qué les sucedía a los hermanos.

Vi nuestras manos, ambos usábamos los anillos que robamos de la bodega de las cuatro Dinastías.

Vi a Eiden, él también usaba su anillo. Eiden y Chloe fueron inyectados con el neutralizador de elemento, fueron los únicos en recibir la inyección, y desde ese momento Chloe comenzó a sentirse mal.

Cuando despertó en el yate, la vi cansada, Will me dijo que tenía así desde que subieron al barco.

Eiden solo estaba insoportable, pero también me dijo que ese era su estado natural. Ah, estaba en lo correcto.

Rocco los envenenó con algo más que solo el neutralizador, quizá los anillos tenían que ver. O quizá no, y estaba alucinando razones para justificar el estado de los gemelos. Hurgue en los pantalones del rubio, saqué el anillo de la Tierra. Se lo enseñé a Will.

―Tenemos que ponérselo a Chloe.

― ¿Por qué? Son solo anillos, Cassie ―mustió―. ¡Eiden está en el suelo casi muerto!

―También Chloe ―chisté―. Creo que Rocco les hizo algo más que solo bloquear sus elementos por un par de horas. Chloe fue la más afectada porque estaba lejos de su elemento, Eiden no, estaba rodeado de agua, y que ya había tocado los anillos de las Dinastías.

Will se quedó callado un par de segundos―. No son anillos de Dinastía, la caja donde los encontré, decía que eran los anillos de los Primeros Guerreros. La verdad es que no entendí.

Quise golpearlo. Ugh.

Me puse de pie y salí de la choza. Will me siguió como un mosquito.

Toqué la puerta de la enfermería, nadie abrió.

¿Por qué lo harían? Seguro todos estaban concentrados en el estado anémico de Chloe, y del líquido negro que expulsaba.

¡Éter! ¡Era éter! Tenía que ser, tenía que ser el quinto elemento, o no. Quizá no era nada.

―Por la ventana, Cassie ―Will sugirió.

No, no iba a meterme como ladrona. Usaría mi fuego.

Toqué la madera de la puerta y la quemé.

Me concentré en no expandir mis llamas, solo la puerta.

La ceniza cayó de inmediato, nos voltearon a ver con sorpresa.

Ninguno de los adultos ahí presentes me dijo nada, ni siquiera se movieron al ver la ceniza bailar frente a ellos, quizá procesaban lo que le pasó a la puerta.

Me acerqué a Chloe y le puse el anillo en su dedo.

Aneka fue la única en reaccionar, me tomó del brazo y me hizo voltear.

― ¿De dónde sacaste eso?

―De Eiden y Will.

Los adultos voltearon a ver a Will, él estaba en el umbral de la puerta quemada.

Los vio con los ojos pelados y salió de la habitación con una ventisca siguiéndolo.

Henning lo persiguió. Las tres mujeres me voltearon a ver como si fuera un volcán a punto de explotar.

Querían una respuesta. ¿Qué tenía yo? Nada. Solo una leyenda en mi lengua.

Todos conocían la historia de los Anillos de los Guerreros.

Cada que un Señor tomaba poder de su Dinastía, se hacía una ceremonia, le daban el anillo y meditaba con sus ancestros por una hora, ya que, si llegaban a usarlo por más tiempo jamás saldrían de la meditación, y morirían.

Incluso, cuando los Señores estaban a lecho de muerte, o decidían renunciar a su poder, tenían que usar el anillo para pasar su conocimiento al siguiente gobernador. Y luego morían.

Nunca vi los anillos, solo los Señores y un Profeta que la Diosa escogía tenían derecho a saber cómo lucían.

Conocía la historia, porque en la base Quetzal se llevó a cabo la ceremonia secreta para la Señora Terra.

Además de que Aneka, cuando aún trabajaba y cuidaba de mí, me relató lo que había sucedido y todo el poder que había estado acumulado, fue transferido a la nueva Señora Terra, su aspecto cambió, incluso su aura de poder se hizo más fuerte.

Todos cambiaban después de cada ceremonia.

Se transformaban en dioses. O eso me dijo la doctora.

Pero a nosotros no nos había sucedido nada, estábamos intactos, pero algo estaban haciendo los anillos en nosotros.

Por eso sentí un leve cosquilleo en mi dedo al usarlo.

Quizá solo eran conjeturas en mi mente. Quizá solo buscaba una explicación, para que la presión en mi cabeza dejara de existir. Quizá solo quería que los gemelos despertaran, para largarnos de la isla y que los lugareños dejaran de idolatrarme como una Diosa que no era. Quizá solo quería huir.

―Cassandra, sabes lo que sucede cuando lo usan por más de una hora. ¿Ellos dos también los están usando? ―me separé de Aneka de un tirón y asentí con la cabeza―. Van a morir, necesitan quitárselos, ya.

―No ―ataqué―. Los hemos usado por una semana.

Mi madre intervino. Aún quería preguntarle cómo sobrevivió al incendio, y dónde estuvo todos esos años, y, sobre todo, ¿por qué huyó? ¿Por qué no me llevó? ¿Por qué ese día era un caos? Las lágrimas salieron de nuevo de mis ojos.

―No importa, Aneka. Los muchachos están con vida. Eso es lo importante. Seguro tendrá que ver con que la Primera Profecía se marcó en sus brazos.

La mamá de Chloe estuvo en desacuerdo―. Esos anillos están llenos de poder y conocimiento, debemos quitárselos. No sabemos qué sucederá si los siguen usando por más tiempo. Son los elegidos de la Primera Profecía, no deben morir.

Hellena se acercó a quitarle el anillo a su hija, me interpuse. En ese momento, Chloe dio un par de espasmos, volteamos a verla, se enderezó un poco y comenzó a vomitar. La sangre ya era roja.

―A Eiden le sucede lo mismo ―la voz de Henning nos distrajo de Chloe.

Henning puso al rubio en el suelo e hizo a Will entrar a la habitación de un tirón. Will comenzó a hablarme en su elemento, me preguntaba si Chloe mejoraba. Le dije que sí. Creo que me preguntó eso.

Eiden volteó al techo de la enfermería, levantó su brazo como si estuviera anestesiado y no supiera dónde estaba.

Chloe hacía lo mismo. Me acerqué a Will.

Le tomé la mano. Él solo portaba el anillo del viento.

Vi su cuello, ahí colgaba el anillo del éter.

Lo quité de ahí y le obligué a ponerse el anillo en su otra mano.

― ¿Por qué hay cinco anillos? ―cuestionó mi madre.

―El quinto elemento, Éter ―susurró Hellena―. Es imposible. Eso…

Volteé a ver a las mujeres y a mi tío, que aún revisaba a Eiden. También tenía mil preguntas para él. Quise que me abrazara. Pero no, ahora no era una chiquilla encerrada, era una Dama, y debía mantenerme fuerte.

―No lo es. El éter existe.

Hellena dio un paso hacia mí, pero se detuvo, Will cayó de mis manos. Ya se había desmayado, al igual que Eiden. Vi a Chloe, esta había vuelto a su inconsciencia. Tuve frío en mi dedo y luego escaló por todo mi brazo hasta mi cabeza.

―Oh.

Vi la negrura ante mis ojos.

≥ Respiré con dificultad. Estaba de pie, alerta y con la adrenalina picándome la nuca. Mi cuerpo se sentía ligero, y mi fuego me decía que corriera. La oscuridad me rozaba con un telón. El escenario empezó a tener color, parpadeé varias veces, esta no era la enfermería de la isla.