Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

cassandra

Nos aventaron al patio de la vecindad. Me resistí al arresto, pero Rocco estaba ahí, y ya no pude luchar. Su sola presencia me hizo añicos. Ya no había manera de escapar, volvería a ser encerrada y perdería mi elemento. Ya no sería mujer fuego, solo sería una Blanca. Me harían su esposa.

Chloe y Eiden estaban esposados, amordazados y sobre sus rodillas.

Pude sentir cómo su calor se volvía frío, no, les inyectaron el anulador.

¿Cómo los acribillaron tan rápido? Esos no eran los muchachos que vi cuando Chloe me rescató.

¿Qué estaba sucediendo? Quizá no querían llamar la atención.

Chloe era una Dama, y Eiden, su hermano ilegítimo.

¡Todo era un caos! Esto no era lo que imaginé que sucedería cuando saliera de Quetzal.

Quise llorar. ¡Quise largarme de ahí y huir al bosque!

La abuela de Will estaba esposada, con un hilo de sangre en la frente. Rocco estaba a su lado y le apuntaba con una pistola.

No.

No.

No.

Todo esto era mi culpa. Estaban aquí por mí. Porque fui liberada. Porque ya no estaba encerrada. Rocco presionó más su pistola contra la señora.

―Podemos resolver esto de dos maneras, Cassandra ―habló con poder ácido ―. Te entregas, todos salen con vida, o te resistes, y todos mueren, y aun así vienes conmigo.

Tragué saliva. Debía mostrarme fuerte, como la Dama o Princesa que era. Ya no tenía idea de cuál era mi título. Era mujer fuego, así que debía comportarme como tal. No mostrar miedo, no ser la chiquilla que deseaba llorar.

―Mi padre los envió. Me amenazas porque no quiere que use mi elemento.

―Nadie puede saber qué eres―murmuró Rocco―. Piensa bien qué harás. No querrás que esta viejecita muera, ¿verdad?

No, no quería eso. ¿Qué debía hacer? Sentí la ventisca en mi nuca.

Will estaba a mi lado. Él miraba a su abuela.

Traté de entender lo que su elemento le decía.

Atacar. Le respondí con una afirmativa. Era mejor plan que rendirse.

No quería que me volvieran a encerrar, ni quedarme sin mi elemento.

No quería regresar a esa vida. Prefería este caos antes que estar encadenada otra vez.

Quería que el viento pegara en mi piel, sentir el verdadero sol recargarme con su energía. Quería vivir, quería experimentar, quería correr por una pradera. No había opción, debía defenderme. Debía de atacar.

Rocco presionó más el arma contra la señora, que comenzó a chillar.

Will se levantó del suelo, parecía querer matarlo por lastimar a su Nana.

Me preparé para atacar con fuego, pero la ventisca apareció primero y aventó a Rocco lejos de la señora.

Reaccioné. Expulsé una llamarada y alejé a todos los soldados a mi alrededor.

El fuego se expandió con el aire de Will en un remolino.

El calor nos azotó a todos con latigazos de odio.

Will fue por su Nana, yo fui por los hermanos.

Tomé las cadenas y las derretí con cuidado.

Ambos se levantaron, algo disipados por el suero.

Era su primera vez sin sus elementos. Will mantenía el viento, yo el fuego. Ahora solo teníamos que escapar.

― ¡Estás enseñando tu elemento! ―Chloe me tomó por los hombros―. Ahora sabrán que existes.

―Mejor para mí. No quiero que me encierren de nuevo.

Eiden nos separó. Lo vi mirar a su amigo, luego a nosotras.

―No importa si lo enseña o no, seguro dirán que fue un guerrero. Tenemos que irnos. Ya.

―El anulador se irá en unas horas ―chistó Chloe apurada―. No puedo hacer ningún túnel para escapar.

Me alejó. Sentí que la presión me apretaba el pecho. Estaban atacando mi llamarada. Me querían dejar seca. No, no iba a dejar que ganaran. No podía regresar a Quetzal. El naranja nos bañó a todos con ácido, no, mi ácido.

Will llegó con su abuela. La señora sudaba tanto que pensé que le iba a dar un infarto. Me pregunté si sería capaz de ayudarla, apenas tenía entrenamiento básico en medicina. Esperaba que no muriera por el estrés de la situación. Quizá la estresada era yo.

― ¡Los puedo sacar de aquí, pero será de uno a uno! ―gritó Will. Su viento le agitaba los rizos como si bailaran un danzón, un escalofrío me recorrió la espalda ―. ¡No puedo hacer más!

― ¡Hazlo! ―vociferó Chloe―. Váyanse ustedes primero, yo me quedaré con Cassie.

― ¿Estás loca? ―intervino Eiden―. Ni tú ni yo tenemos elemento, los únicos son Cassandra y Will.

―Yo me quedaré ―dijo Will, y le entregó a su Nana a Eiden, la mujer casi cae―. Les daré una ráfaga, pero tienen que irse. ¡Ya! ¡Los seguiremos!

Mi fuego comenzó a caer. No, nos atacaron varios guerreros. Su maestría elemental me estaba sofocando. Me llevé la mano al pecho y me tiré al suelo. Tenía que mantener las llamas. Si lo penetraban, nos acorralarían otra vez. No. No lo iba a permitir. No pienso regresar a Quetzal.

El primero en volar fue Eiden. Luego la abuela de Will. Por último, Chloe. No entendí cómo lograron mantenerse en el aire. Los vi correr por el techo de la vecindad y saltar a otro edificio. Eiden ayudaba a la señora a mantenerse de pie.

Will desvió varios proyectiles con su viento.

Luego me ayudó a levantarme. Mantuvo la ráfaga viva, pero ya tenía la cara bañada en sudor.

Yo también estaba empapada. El calor nos estaba por derretir, o quizá eran los guerreros que querían sofocar el oxígeno para hacernos caer.

No tenía idea. Yo no sabía pelear. Will me hizo caminar.

― ¿Puedes mantener la llamarada mientras salimos de aquí?

Asentí. Tenía la boca seca. Solo debía de aguantar un poco más para huir.

Will y yo nos elevamos. Solté un grito cuando el vértigo me apretó el estómago. Al aterrizar en el techo, tropecé. Aumenté mis llamas mientras Will me jalaba para ponerme de pie. Los dos echamos a correr.

Brincamos hacia otro edificio con ayuda de su viento, volví a gritar. ¡Esta no era la vida que imaginé si alguna vez salía de Quetzal!

Ya no vi a los demás. Tal vez se desviaron o bajaron por algún lado. Esperaba que sí, no quería que los atraparan, porque si era así, yo también sería encarcelada. Estaba haciendo todo lo que una Dama no debe de hacer. Quise quemar los protocolos de mi mente.

Will me tomó de la cintura y descendimos con su viento.

Volví a gritar. No me gustaba sentir el vacío en mi estómago.

Quise quejarme por no advertirme antes de la caída, pero no había tiempo.

Nos perseguían. Debí rehusarme a la petición de Chloe, debí quedarme en la casa.

¿Por qué tuve curiosidad de ver la ciudad?

Will me tomó de la mano y seguimos corriendo entre las calles. Busqué a Chloe y a Eiden, pero no los vi por ningún lado.

Sí, estaba segura: habían tomado otro camino. Uno sin tanta ceniza. Jadeé, la ansiedad no me dejaba respirar bien.

Dimos vuelta en una calle. Nos detuvimos en un callejón.

Nos desplomamos a un lado de un contenedor.

Quise vomitar por el olor, fue peor que encontrar a Eiden y a Will en la cloaca.

O quizá solo era la adrenalina que me quemaba el pecho.

¡Jamás había experimentado una persecución en mi vida!

Temblé, vi mis manos manchadas de la mugre del suelo.

Iugh. ¿Qué hacía yo aquí? Debíamos largarnos.

Bueno, primero debía de calmar mi respiración.

Traté de contar hasta diez para despejarme.

Quise golpear a Chloe, pero ella había sido persistente cuando vio el mensaje en el celular de su madre.

Me dijo que teníamos que ayudarlos, eso hicimos después de escabullirnos por un túnel que Chloe creó.

Me dio pánico al inicio estar encerrada de nuevo, pero en el momento en que dejé mi fuego ser libre e iluminar el camino, me sentí segura.

Pero ahora, Rocco me perseguía. Lo conocía, haría cualquier cosa para volver a encerrarme y quitarme mi elemento, él me quería quietecita y sin rechistar.

No debí aceptar ayudar a Chloe, debí decirle que se fuera sola en busca de su hermano, que yo podía quedarme en la casa. Maldita curiosidad que me hizo salir.

Regresé mi vista a Will. El chico revisaba que no nos hubieran seguido.

Ni siquiera entendía por qué me ayudaban, de Chloe lo comprendía, pero los muchachos no.

¿Era porque me tenían miedo? Yo era mujer fuego, no debería siquiera haber nacido con elemento.

Quizá era eso. Me arremangué la sudadera, ahí estaban las palabras de la Primera Profecía, esa de la cual mi padre temía tanto.

Cuatro elementos se juntarán, al mundo destruirán o salvarán.

Siempre pensé que las palabras que hablaban de mí eran las de Eiden, el agua al fuego revivirá.

Pero ahora nada tenía sentido. Por mí, los cuatro se habían juntado, sí, ¿pero lo demás qué?

¿Qué debíamos hacer? ¿Si nos separáramos el mundo se destruiría? ¿Destruirá con qué?

—¿Qué crees que signifique? —La voz de Will me distrajo. Me enseñaba su brazo, con su propia frase—. No sé qué es el éter, si soy sincero.

—Ni yo. Aunque leí una teoría una vez. Un quinto elemento.

—¿Como en la tabla periódica?

Me confundí por un momento. Juraba que estábamos hablando de los elementos, no los elementos de la tabla periódica.

—No, esos no. Agua, Fuego, Viento y Tierra.

—Ah, ya. Un quinto elemento.

—Sí.

Dejó de verme, se recargó en el muro, murmuró para sí mismo los cuatro elementos.

Quise explicarle la diferencia, pero también estaba agotada.

Ambos nos quedamos ahí tirados. Seguía anonadada, ni siquiera tenía un día completo desde que Chloe me rescató, y ya Rocco me había encontrado, y amenazó a una abuela a muerte.

Solo esperaba que pudiéramos llegar a la casa de la madre de Chloe y Eiden, y poder salir del Continente Farren.

Si el mundo debía enterarse de mi existencia, preferiría estar en una Dinastía que me diera asilo político.

Que respaldara mi palabra, mi poder, que pudiera atacar a Vulkan sin miedo. Farren no era ese lugar.