CAPÍTULO 7 #3
Eiden se adentró con más dureza y arremetió contra mí como un toro. Se puso de frente, protegiéndome, y señaló a su hermana que tenía la mano levantada en puño.
—Ni se te ocurra tocarlo.
—¡Se llevó a Cassie!
Ella se interpuso entre los tres—. Estoy bien, me enseñó la ciudad. Ustedes discutían, no sabíamos cuánto tardarían.
Chloe se relajó, pero sus mejillas seguían rosadas.
Nunca pensé que vería a la Dama más codiciada de las cuatro Dinastías furiosa conmigo.
De hecho, nunca imaginé que la llegaría a conocer o siquiera ver en persona, pero ahí estaba, de pie frente a mí, en mi casa, y parecía que quería matarme.
Bueno, quizá exageraba, pero ni en mis sueños pensé verla tan cerca.
Era más hermosa en la vida real que en la televisión.
—Está bien, está todo bien —Chloe habló con caos—. Cassie, tenemos que irnos a casa. Mi padre ya logró sacarte del Continente sin que nadie lo noté. Estar aquí es muy peligroso, hay soldados por toda la ciudad. Pensé que los habían atrapado.
—Nadie nos vio —hablé, y me quité a Eiden de encima—. Tuve cuidado, además, ¿ir a dónde?
—Los cuatro somos parte de una Profecía —dijo la Dama con estrés picoso—. Tenemos que ir con la Diosa Em a que nos guíe, Cassie está en peligro aquí, porque la están buscando espías y Guerreros Fuego. Del templo nos iremos a Lotán.
—Por eso nos atacaron —intervino Eiden—. Su última ubicación fue en nuestra guarida. Qué bueno que no fuimos primero con mi mamá.
—Ya, aun así, necesito que mi Nana me diga si soy un bastardo de alguna Dinastía o Casa Elite —me quejé, luego señalé a Cassie—.
Ya sé que dijiste que sí soy parte de una Dinastía, solo quiero que lo confirme mi Nana, ya que regrese, y si nos iremos los cuatro de aquí, quiero que mi Nana venga conmigo, es la única familia que tengo.
Cassie se encogió de hombros sin cambiar su postura dura, regresó a la mesa y se sentó sin hacer nada. Chloe acomodó su playera―. Bien, puede venir.
Suspiró tensa y se sentó a un lado de Cassie, y ambas empezaron a susurrar con urgencia. Eiden me empujó.
—Deja de ver a mi hermana.
—No la estoy viendo —respondí con molestia—. Tú deja de ver a Cassie.
—No la estoy viendo.
—Ajá.
Me empujó de nuevo y me senté en el sofá, Eiden me siguió. Solo quedaba esperar a que mi Nana entrara por la puerta con el otro tanque de gas. Pero acababa de irse, así que no sabía cuanto tardaría.
Aún trataba de comprender cómo Cassie había llenado el tanque restante sin hacer nada más que poner su mano en la boquilla.
Eso carecía de sentido para mí. Pero como ella dijo, su elemento es fuego, y el gas es necesario.
Bueno, era sabido que algunos elementos fuego creaban un poco de gas para poder usar su fuego sin necesidad de chispa.
Suspiré, la urgencia me carcomía, y a la vez, me dejaba sentado en concreto. Me mordí un dedo.
¡Todo eso era una locura! ¿Una mujer fuego viva?
¡Claro que sí! ¿Yo siendo parte de una Dinastía?
¡También! Todo era real, igual que la profecía marcada en mi brazo.
Me rasqué la tinta, sabía que debía cumplir con mi parte.
La Diosa…, la Diosa Em nos escogió a nosotros, no importaba si pertenecíamos a una Dinastía o no.
Teníamos que salvar el mundo, porque eso quería la Diosa.
Ella nunca se equivocaba. Nos creó por algo.
—¿Cuánto se va a tardar tu abuela? —Chloe me vio y me encogí de hombros—. ¿Cómo que no sabes? Corremos peligro estando aquí. Debemos irnos.
Cassie la tomó del brazo, Chloe la volteó a ver, el fastidio estaba en la cara de ambas. Empezaron a discutir con sus elementos. Eiden me golpeó el brazo.
—¿Qué?
—Deja de verlas —se quejó mientras jugueteaba con un pedazo de hielo en sus manos—. Cuando nos dimos cuenta de que ya no estaban, Chloe quiso matarte. En serio, no sé por qué no lo hizo. Debimos venir directo a tu casa, y no ir a nuestra guarida. Todo esto es una locura.
—¿Crees que yo sí lo sé? —señalé a Chloe con la mirada—. Jamás pensé que conocería a una Dama, o peor, que todos seamos parte de una Dinastía. Me aterra, pero tengo que saber. Nada de esto tiene sentido.
—Yo siempre lo deseé —me susurró mi amigo—. Siempre que veía a Chloe y al Señor Aqua en la televisión, deseaba estar ahí con ellos, y no entendía la razón —le vi con sorpresa y comencé a sonreír con burla. Eiden me empujó y luego me señaló—. Ni se te ocurra decirlo en voz alta.
—Eiden quería una hermanita —me burlé, e hice puchero—. Pobrecito, quería tener a su hermanita.
Mi amigo iba a replicar, pero Chloe se levantó y nos hizo callar. Cassie seguía inmutable, parecía que la habían convertido en humo. Solté mi viento, mierda. Guerreros.
—¡Cassie, escóndete! —El grito de Chloe nos alertó a todos. Me levanté del sofá, tomé a Cassie del brazo y la llevé a mi habitación—. ¡Eiden, ayúdame!
Los hermanos se quedaron en la sala, que ellos lo resolvieran.
Obligué a Cassie a ocultarse tras mi cama.
La chica parecía que se convirtió en una hormiga sin nido.
Dejó de ver la manta que hacía de puerta y me miró con pánico.
Su coraza dura desapareció, y vi a una niña pequeña llena de miedo, a punto de romper en llanto porque alguien le quitó su juguete favorito.
—Vienen por mí —chilló—. Me van a volver a encerrar y me harán casar con Rocco.
—¿Estás comprometida? —pregunté confundido.
—¡No! Me quieren quitar mi elemento para que la Profecía no se cumpla.
Cassie me arremangó la sudadera y me mostró su brazo. Vi mis letras: El Éter regresará. Y solo uno lo controlará.
—Estoy bastante seguro de que se va a cumplir, te quiten tu elemento o no —le dije, aunque vi que su pánico comenzaba a asfixiarla—. Y aunque te lo lleguen a quitar, el pasaje de Eiden dice que el agua revivirá al fuego.
—Eso puede significar muchas cosas —murmuró con miedo—. Además…
Se calló. Empecé a escuchar voces que se colaban en sus oídos. Hubo un temblor. Cassie se encogió aún más, se protegió entre el suelo y la cama. Mi piel se puso seca y me picó. Quise meterme bajo el catre, pero no cabíamos los dos.
El aire se volvió amargo, como si alguien hubiera lanzado una bomba de gas. Justo cuando me levanté para crear una ráfaga y tapar la puerta, un soldado entró.
Mierda.