Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 6
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CAPÍTULO 6

chloe

No podía dormir. Y tampoco podía dejar de pensar en todo lo que había sucedido desde que rescaté a Cassie. Todo había sido tan sencillo. ¿Por qué? ¿Por milagro de la Diosa? No, solo fue sencillo. Fácil. Eso fue todo.

Claro que yo jamás usaría esa palabra para describir la noche, pero aun así, sabía que no fue como lo había planeado.

Pensé que habría disparos, alertas, una persecución.

No hubo nada de eso. Suspiré y miré a Cassie.

Estaba ante la ventana, veía el cielo nocturno.

Parecía querer rememorar todas esas noches que nunca pudo ver las estrellas.

La brisa movía su cabello negro en un danzón triste.

Sentí un nudo en el pecho. No podía culparla por estar pegada al ventanal. Yo haría lo mismo si hubiera vivido once años encerrada en un cubículo de cristal sin vista al exterior.

Quise hablar con ella, pero nada salía de mi boca, de hecho, pensé que la conversación con mi madre duraría más, pero no, solo nos envió a dormir.

Me dejé caer en la cama y me restregué las manos en la cara.

Todo ese día había sido un caos sin sentido.

Tenía planeado rescatarla en una semana.

Y ese mismo día descubrí a Henning, moribundo y sin elemento.

Los experimentos funcionaron. Él ya no tenía elemento. Lo convirtieron en Blanco, en humano. ¿Para qué? ¿Para qué Cassie dejará de pertenecer a la Primera Profecía? No sabía. Henning solo quería que hiciera lo que él no podía.

Me rogó que fuera por Cassie, que la salvara.

“Es la única en la Primera Profecía”, me dijo.

También me comentó dónde podía encontrar el oráculo, que estaba resguardada en una caja de madera con letras doradas dentro de una caja fuerte.

Pero al momento de llegar a la bodega, vi a mi hermano y perdí el sentido de la realidad.

Eso, y que Cassie entró en pánico por las explosiones.

Aunque estaba segura de algo. Eiden robó papeles de esa bodega. Puede que haya tomado la Profecía por error. ¿No? Era solo un poco de esperanza en una cueva oscura. Podía ir, podía hablar con él y preguntarle.

Pero, ¿cómo reaccionaría mi hermano?

Había imaginado muchas veces cómo sería conocerlo. Que nos encontraríamos en algún café, o en la Dinastía. Que nos convertiríamos en una familia.

Pero jamás pensé que lo vería robando en la base Quetzal.

Eiden parecía un poco apacible, pero sabía que era por Cassie.

En su mundo no existían las mujeres fuego, era comprensible que él y su amigo cooperaran casi de inmediato.

Yo misma aún trataba de entender cómo era posible que el fuego existiera en una mujer.

Y que hubiera sido encerrada para que la Primera Profecía no se cumpliera.

Suspiré.

No importaba cómo reaccionará mi hermano. Había algo dentro de mí que me gritaba que él tenía la Profecía. Quizá era un milagro de la Diosa Em.

Quizá ella nos estaba guiando, ¿no? Era lo único que hacía sentido en mi mente. Me aferré a ese pedacito de esperanza. La Diosa Em nos guiaba. Éramos sus creaciones, claro que nos limpiaría el camino para cumplir la meta que ella quería de nosotros.

Me levanté de la cama. Cassie seguía en la ventana. Iba a pedirle que me acompañara, pero preferí dejarla contemplar las estrellas.

¿Quién soy yo para quitarle ese pequeño descanso?

Sabía dónde estaba la habitación de Eiden.

Cuando tenía catorce años, descubrí que tenía un hermano gemelo al hurgar en la oficina de papá.

Lo obligué a que me llevara a conocerlo.

Pero, en cambio, conocí a mi madre. Ambos me hicieron prometer que nunca le hablaría a mi hermano.

Porque si nuestros elementos colisionan, podría haber caos.

Justo como en las leyendas de los Primeros Guerreros. Por eso hubo una ley anti-gemelos.

Por eso nos separaron al nacer.

No era justo.

Porque poco después de descubrir que tenía un hermano, mi elemento llegó y dejé de ser Princesa.

Me quedé plantada frente al portón. ¿Qué le diría?

¿Me enseñaría lo que robó?

Sacudí la cabeza. Aspiré aire. Toqué la puerta. Esta se abrió. Era William. El amigo ladrón de mi hermano. Ugh.

― ¿Dónde está Eiden?

―Aquí.

Di media vuelta, mi hermano parecía molesto, me empujó con el hombro y se adentró a su habitación. Quise seguirlo, pero él me lo impidió con una burbuja de agua.

― ¿Qué quieres? ―me preguntó con molestia.

―Necesito saber qué se robaron.

― ¿Para qué? Eso es nuestro.

―Lo sé, pero quiero asegurarme de algo.

―No.

Quise pegarle―. Por favor, hermano.

―Que no soy tu hermano ― quejó―. Lárgate.

―No me iré hasta que me muestres que robaron.

Eiden rodó los ojos y tomó una mochila, la vació en el suelo.

Una caja de terciopelo cayó, y un montón de papeles.

Tomó otra mochila, una caja de madera cayó, y más papeles.

Por primera vez, me alegré de que mi hermano fuera un ladrón.

También agradecí a la Diosa Em. Todo estaba conectado, la Primera Profecía debía de cumplirse.

Sí estamos siendo guiados por la divinidad.

―Esa ―señalé la madera―. Esa tiene la Profecía.

― ¿De qué hablas? ―preguntó William mientras recogía la caja.

Volteé hacia el pasillo, Cassie caminaba hacia nosotros―. ¿Qué sucede?

―La Profecía, la tienen ellos.

Cassie se asomó por la puerta, vio la habitación con asco, después tocó la burbuja de agua y se evaporó.

Los tres soltamos una pequeña nota de sorpresa.

Debía de tener precauciones con el fuego que emanaba de la pelinegra.

Aún no me acostumbraba. Eiden soltó una queja al aire, me adentré y tomé la cajita de las manos de William.

Cassie y yo tratamos de abrirla. Mi hermano puso su mano sobre la caja, y William hizo lo mismo.

Cassie se exasperó, arrebató el pedazo de madera y lo quemó.

Cenizas cayeron de entre sus manos, la cerradura cayó al suelo, y entre sus manos, un papiro.

Nos quedamos en silencio un momento, ¿qué debíamos de hacer?

Ella era una mujer fuego. Me aclaré la garganta.

― ¿Qué dice?

― ¿De qué mierda hablan? ―interrumpió mi hermano―. Las Profecías no existen, todo eso es una invención del gobierno para manipularnos.

Ambas lo volteamos a ver con repulsión.

―Las profecías son ciertas ―arremetí―. Y esta, es la que dirá el futuro de nuestro mundo, y Cassie está en ella. Por eso la encerraron. Te lo dije.

Eiden arrugó la nariz―. Eso es una estupidez.

―Lo es ―confirmó Cassie y leyó―. Aun así, mi vida está ligada a esa estrofa. Jamás le he leído, nunca me lo permitieron.

Eiden tomó el papel de las manos de Cassie, pensé que ella atacaría a mi hermano, pero no lo hizo, solo lo vio leer, incluso William comenzó a relatar la única estrofa que había en voz baja.

―Está incompleto ―quejó mi hermano.

―Tiene razón ―concordó Cassie―. Falta la mitad.

― ¿Ustedes cómo saben eso? ―cuestionó el moreno―. Puede que eso sea todo.

Eiden suspiró con frustración―. Tomé clases de piano por años, falta la mitad.

― ¿Y eso qué tiene que ver?

―Las profecías son como un pequeño poema ―quejó ―, tienen dos estrofas.

Quise tomar el papiro de las manos de mi hermano, incluso Cassie y William lo intentaron, y cuando los cuatro estuvimos tocando el papel, este se disolvió.

Los cuatro vimos cómo el polvo caía hasta el suelo, desvaneciéndose.

Quise tener un aneurisma en ese momento, caer al piso y no volver a tener un pensamiento.

¡Desintegramos un papel de miles de años por ignorancia!

No, no, el dolor comenzó. Mi antebrazo empezó a palpitar, vi a mi hermano y a su amigo, ambos se tocaban los brazos derechos con queja, la única que no soltaba bramidos era Cassie.

¿Qué sucedía? ¿Esto era un castigo de la Diosa por haber destruido la profecía?

¡No! Mierda. Nos iban a condenar a muerte, ya no importaba que hubiera salvado a Cassie, ni que yo fuera hija del Señor Aqua. No, nada. Nos iban a ejecutar. Chillé.

Hellena llegó con nosotros al escuchar nuestros lloriqueos, nos vio con bruma, al primero que revisó fue a su hijo, tuve celo. Lo obligó a enseñarle la piel del brazo, palabras negras estaban tatuándose en su brazo. ¿Qué?

El agua, al fuego, revivirá.

Vi mi propio brazo. Un pasaje nuevo de la Profecía; Uno en la tierra se hundirá.

― ¿Qué sucede? ―exclamé―. ¿Madre?

Hellena me volteó a ver. Su respiración era rápida, y por la mirada de pánico que me transmitió comprendí una sola cosa: la Primera Profecía nos implicaba a nosotros tres también, no solo a Cassie. Todos estábamos conectados. Ay, no.

Hellena extendió el brazo de William;

―El Éter regresará. Y solo uno lo controlará.

Mi madre vio a Cassie, como si ya entendiera qué sucedía. Pero yo no entendía nada. ¿Todos estábamos implicados en salvar o destruir el mundo?

―Cuatro elementos se reunirán ―comenzó a recitar, con un tono de voz monótono―. Al mundo destruirán o salvarán.

Quise caer. Mi madre no dijo nada de inmediato. El vapor se arremolinaba en su cabeza. Eiden se comenzó a rascar el brazo. A mí me dominaba el dolor de cabeza y terminé recargada en la pared. Todos estábamos implicados en la Primera Profecía. No solo Cassie. Todos nosotros. ¿Eso qué significaba?

―Vayan a dormir― Hellena sentenció―. Mañana hablaremos de esto. Cualquier cambio, cualquier cambio ― repitió―. Me llaman. Tengo que hacer un par de llamadas. No salgan de la casa, ¿de acuerdo?

Asentí con la cabeza. Mamá metió a William y a Eiden a la habitación y los encerró. Hellena me señaló el pasillo con la mirada y bajó al primer piso. Cassie y yo nos quedamos un momento en silencio. No sabía que debía hacer.

(…)