Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 5 #4
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CAPÍTULO 5 #4

Me quejé en silencio, luego abrazó a Chloe, eso confirmó todo lo que ella había dicho. Hubiera deseado que fuera mentira, pero desde un inicio supe que era verdad. Toda mi vida fue una mentira. No había manera de negarme, porque no quería que fuera un acto.

Will también me golpeó. Sabía que quería gritarme, pero no lo haría por respeto a mi madre.

Le oculté la verdad desde que nos conocimos de niños.

Su familia vivía al día, a veces ni tenían para pagar los servicios.

Por eso empezó a robar desde pequeño, y por eso él siempre se quedaba con el botín monetario.

Yo no necesito el dinero. Ni siquiera me importa.

Lo único que me encanta es la adrenalina del robo, llevarme un pequeño premio del lugar y vivir con eso.

Pero Will no. Él necesita hacerlo. Esa era nuestra diferencia, la que siempre nos ha dividido, aunque yo mienta y diga que tampoco tengo dinero o familia estable.

Bueno, él nunca ha sabido que robo siempre algo extra para venderlo en el mercado. No me gusta que mi madre y Will sepan de mis movimientos financieros.

Mi madre se mostró impasible cuando Chloe habló sobre el elemento de Cassandra.

Quizá deberíamos haber estado asustados, o encarcelarla, pero nadie hizo nada.

Además, acababa de ser liberada. Estuvo once años encerrada en una caja de cristal según Chloe, monitoreada día y noche, sin poder salir nunca.

Era como una rata con rabia. Pero solo era una chica sin experiencias en la vida, porque todo lo que conocía era estar encarcelada como un criminal.

Así que, cuando Chloe se puso frente a ella y le ofreció escapar, no dudó. Joder, ni yo lo dudaría.

Mi madre nos mandó a dormir. A los cuatro.

Era madrugada, y las protestas seguían. Dijo que tuvimos suerte al no ser interceptados por la policía o la milicia.

Qué tres de los cuatro Señores estaban en el continente.

Qué la seguridad estaba al máximo, y, aun así, todo se fue a la mierda.

Qué bueno, eso se merecían las dinastías.

Joder, espera, ¿ahora yo también pertenezco a una Dinastía? ¡No!

Las chicas se fueron sin queja. Quise cuestionar la facilidad con la que Chloe sacó a Cassandra de la base Quetzal, incluso Will lo mencionó. ¿Pero qué mierda sabíamos nosotros? Nada. Yo aún trataba de entender que era un estúpido príncipe. ¿Me convertiría en el heredero de Lotán? Ugh, no.

Guíe a Will a mi habitación y lo dejé ahí antes de que me reprochara algo. Quería hablar con mi madre. Y eso haría.

Cuando bajé, ella estaba en una llamada. Espié.

―Aquiles, amor, los niños ya se conocieron.

Tienes que venir a la casa de inmediato…

No me importan tus asuntos de trabajo, vienes porque vienes…

¿Y qué quieres que haga? Chloe dijo que nunca le hablaría, y hoy llegó junto a su hermano y otros dos muchachos.

Te necesito aquí, es urgente… Te veo en la mañana.

Cuando colgó, fui a la cocina. Me vio con cariño, ¿por qué no estaba enojada? Quise explotar. Exigir la verdad. Aunque ya lo sabía. Chloe me la dijo. Solo necesitaba saber la versión de mi madre.

― ¿Era mi padre, cierto?

―Sí, hijo ―Se quedó en silencio por un momento―. Chloe me ha dicho que te contó la verdad. Y cómo se conocieron. ¿Qué hacías en esa base? Dijiste que irías de fiesta con tus amigos de la universidad.

Me encogí de hombros. No quería responder.

Ella no sabía de mis actos delictivos. Era mi secreto.

Para Hellena, yo iba todos los días a la universidad, estudiando alguna estúpida carrera.

Pero no, no me inscribí. Ni siquiera fui a la academia de elementos, y ese era requisito para estudiar la universidad como elemento.

―Las protestas nos llevaron hasta ahí, me dejé llevar.

―No me mientas, cariño. Sé que eres el Ladrón del Hielo. No quieras mentirle a tu madre ―Habló con severidad―. Así que dime, ¿qué robaron? Además de la chica que está allá arriba.

―Esa fue Chloe ―me defendí―. Ella la rescató, no yo.

Mi madre se cruzó de brazos. Estaba perdiendo la batalla. No tenía con qué defenderme. ¿Cómo sabía la verdad? ¿¡Cómo sabía que era ladrón!?

―Dime la verdad, Eiden Skyler Aren Foster.

―Bueno, sí. Quizá nos robamos un par de objetos. Pero Cassandra Flur, no.

―Espera ―Me tomó por el pecho y se asomó a las escaleras.

Cuando regresó, comenzó a susurrar―. ¿Me estás diciendo que la mujer fuego que está durmiendo en nuestra habitación de invitados es Cassandra Flur?

¿La hija primogénita del Señor Ignis? Ella debería estar muerta.

Pensé que era otra persona. ¿Sabes qué...

? ―se detuvo, como si hubiera escuchado un ruido, y ese sonido viniera a matarnos con un fogonazo―. Vete a dormir.

La vi con extrañeza. Quise negarme.

― ¿Mamá?

―No. He dicho que te vayas. Las mujeres fuego no existen. Y si Cassandra está con vida, entonces estamos por entrar a la perdición de nuestro mundo.

Quise entender lo que me dijo. De verdad lo intenté. Pero Hellena solo me empujó de nuevo a la segunda planta y me obligó a subir. El dolor de cabeza me atacó por un momento. Mi cerebro no logró procesar nada de lo que había sucedido esa noche.

Sí, había una mujer fuego con vida. Sí, eso alteraba todo lo que conocíamos como verdad.

Sí, había alguna estúpida razón en su historia que dictaba que las mujeres no podían portar el elemento fuego.

Pero no había nada que dijera sobre la perdición del mundo.

¿Será la Primera Profecía que Chloe mencionó?

Ugh. No importaba. Sabía que mi mamá se refería a alguna estúpida profecía.

Rodé los ojos mientras subía las escaleras.

Esas estúpidas estrofas solo eran usadas para manipular a todos en los cuatro continentes. ¿Encerrar a una mujer fuego por algo que no existía? Qué idiotez.