Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 5 #3
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CAPÍTULO 5 #3

Traté de atacar a la Dama de nuevo, no quería ser su hermano, ni un príncipe.

Aunque fuera mi estúpida anhelación, sabía que era imposible.

Solo era un tonto sueño que todos tienen de niño.

De ser alguien más, de tener otra familia y de vivir diferente.

Chloe desvió mi agua. Esta vez, Cassandra no hizo nada, solo veía al cielo, como si añorara ver las estrellas, parecía que era su primera vez viéndolas en años.

Will se quedó con ella, aunque no quisiera.

Me reprochó en silencio, pero no me importó.

Yo quería desquitar mi enojo contra Chloe.

Claro que pensé mil veces que algo me hacía falta.

Cuando mis poderes llegaron, creí que me sentiría completo, pero no fue así.

Ni siquiera robar me quitaba ese sentimiento de vacío, y ahora que tenía esa parte faltante de mi vida, quería deshacerme de ella.

No me gustaba sentir calentito el pecho.

Detestaba estar encadenado a una Dinastía, y me cabreaba más que mi madre jamás me lo dijera.

Pero Chloe sabía cada detalle de mi vida, como si yo fuera una receta de la cual conocía cada ingrediente.

― ¡Basta! ―exclamó la rubia, mientras desviaba otra corriente de agua―. ¡No tengo tiempo para tus niñerías! Necesito ir con mamá.

― ¡Ella no es tu madre! ―grité.

Quise atacar, pero el agua no fluyó. Ni siquiera hielo se creó.

Quise gritar y crear una tormenta. Volteé a ver a Cassandra.

Su brazo estaba levantado, y su mano era un puño.

Pero sus ojos eran una tormenta que no podía leer.

Eso me enojó más. ¿Por qué mierda estaba con vida?

¿Y por qué tenía fuego? ¡Eso no tenía sentido!

―Si no quieres que te queme la cara, harás caso ―lloró con fuerza, y su pálida piel me causó repulsión―. Si Chloe te conoce, entonces, yo no soy el único secreto de Estado.

Cassandra descendió su brazo. El agua volvió a resurgir en mi cuerpo. Tuve un escalofrío. Parpadeé varias veces, ahora también quería matarla, pero sabía que iba a perder. Si las leyendas eran ciertas, entonces tenía una bomba atómica frente a mí, y no deseaba ser quien la encendiera.

―De acuerdo ―dije―. Con una condición.

―Ninguna condición ―exclamó Chloe―. Me importa una mierda que seas un ladrón, necesito ir con nuestra madre. Esto es urgente.

Iba a replicar, pero Cassandra pasó a un lado mío y se posicionó junto a Chloe.

Ambas se comunicaron con sus elementos. Tierra y gas las rodearon en un danzón que quería ahogarme.

Se dieron media vuelta. La mujer fuego vio el cielo nocturno de nuevo.

Dejé de verlas. Estaba furioso. No sabía qué sentimiento negativo crecía en mi interior.

Me concentré en los ruidos de las protestas, que para ese momento, lo más probable era que se hubieran convertido en saqueos y robos a casas hogar.

Quise meterme a alguna tienda de conveniencia, tomar un par de aparatos, y venderlos.

Ni siquiera logré tomar un trofeo de Quetzal. Will me tocó el hombro.

―No entiendo qué está sucediendo ―me susurró, y vio a las chicas―. Nos metemos a robar a la base Quetzal, y salimos de ahí con las dos Damas de las Dinastías más importantes del mundo, y que tú también eres parte de una Dinastía. No tiene sentido.

―Lo peor es que le creo cada palabra ―mustié con enojo―. Tengo que ir a interrogar a mi madre, pero no las quiero llevar.

―Al menos ya me dirás dónde vives. Aunque sospecho que tienes dinero, idiota.

―Ya te he dicho que no tengo dinero y ese no es el punto.

―Dile eso a un imbécil ―se quejó, me tomó la playera con un pellizco―. Estás usando una playera Wika original.

Lo empujé con molestia y volví a ver a las mujeres.

En especial a Chloe. Quise golpearla. Se parecía tanto a mí.

El cabello rubio, las expresiones, incluso el mismo lunar en la mejilla derecha.

Ambas se voltearon hacia nosotros. Chloe mantenía la marcha, mientras Cassandra seguía viendo sus alrededores con un toque de asombro.

Parecía que veía un museo con una exposición nueva.

―Voy a contener mi enojo a tu persona si tú controlas la tuya. Necesito ver a nuestra madre ―sentenció―. No hay nada que debas de considerar. Sé que esto no tiene sentido, ni siquiera para mí. Pero no te miento, eres mi hermano. Necesito ver a Hellena.

― ¿Para qué? ―pregunté tosco―. Tú eres una científica, no necesitas de mi madre.

Cassandra se interpuso y señaló su brazo―. Tengo un rastreador, y sin material adecuado, no me lo puedo quitar. No queremos que nos encuentren.

Volteé a ver a mi amigo. Will tomó la palabra.

―Podemos ofrecerles algo peor.

(…)

Ambas chicas aceptaron. Lo cual nos sorprendió.

Las llevamos a nuestra base, donde guardamos todos nuestros tesoros.

Si Cassandra tenía un rastreador, al menos así no pondríamos a nadie en peligro.

En especial porque si Chloe y yo éramos hermanos, entonces la muerte de la Dama del Señor Aqua era una mentira, y todo podría irse al carajo.

Por algo nos separaron. Rompieron nuestra familia, ¿para qué?

, ¿para protegernos? Ugh. Qué estupidez.

Quise ir a discutir con mi mamá. También quise alcoholizarme y olvidar esta noche.

Aunque aún seguía enojado, no podía hacer nada, solo podía quejarme, y eso haría.

Yo pude haber tenido la vida perfecta de Chloe.

El dinero, el prestigio, la fama, el poder, todo.

Pero no, lo que obtuve fue una madre que siempre estaba trabajando en un hospital, alcoholizada y una casa vacía.

Daba igual, seguía odiando las Dinastías, y ahora mucho más.

Suspiré. Aún trataba de comprender que una mujer fuego viviera, y que fuera la hija muerta del Señor Ignis.

Si la veía de lejos, solo era un pescado entre un coral, pero de cerca, era una perla con espinas.

Una que deseaba rajarme a cada respirar.

Quise tocarla, para ver si la leyenda sobre el fuego en las mujeres te quemaba sin siquiera existir.

No lo hice. Preferí recargarme en la pared, nada tenía sentido.

Debía de negarme a ser hermano de Chloe, pero no, no podía. Ugh.

Will sacó el maletín de primeros auxilios.

Ambos sabíamos suturar por las peleas semanales que teníamos, había que ganar dinero, y las apuestas siempre eran buenas.

Will era mejor que yo, él sí sabía cómo debía de enmendar la piel sin dejar cicatrices.

Mierda, la próxima semana tengo una pelea.

Darth me había prometido mucho dinero, y yo quería los billetes.

La gente quería la revancha de la semana anterior.

Vi mis nudillos, las heridas ya eran casi invisibles.

Chloe tomó el maletín y ambas chicas se sentaron en el suelo mugroso.

Cassandra sacó el bisturí y cortó en medio de su antebrazo.

Sin morfina. Bueno, en realidad no teníamos anestesia.

Dejó la cuchilla en el maletín, la vi sacar el frijol metálico, lo aplastó contra el suelo.

Cassandra encendió uno de sus dedos y suturó la herida.

Su cara no expresaba ninguna gota de dolor.

Will y yo nos vimos con asco. Chloe se levantó del suelo y dejó que Cassandra se limpiara su herida con su fuego.

Nos entregó el botiquín y nos dio las gracias con una pequeña reverencia. ¿Uh?

―Gracias, aun así, necesito ir con nuestra madre. Ella te podrá explicar todo este enredo si aún no me crees.

―Te creo ―solté sin pensar. Ella no se inmutó―. Te llevaré, pero primero quiero saber qué hace ella con vida. Se supone que debe de estar muerta.

― ¿Cassandra? ―preguntó confundida―. Eh…

―Díganme Cassie ―mustió la pelinegra del otro lado de la habitación―. No me gusta Cassandra.

Nos quedamos en silencio por un momento. El único ruido era el eco de la calle y los autos. Cassie dejó de vernos y se concentró en su herida. Chloe suspiró, parpadeó varias veces, y comenzó con su explicación.

―Alguien me dijo que debía sacarla de Quetzal, y un Salvaje me dijo que debía usar mi elemento para encontrarla, y eso hice.  Querían apagar su fuego por la Primera Profecía, ella es mencionada. Creo.

Cassandra se puso de pie―. Mi padre me encerró en Quetzal por la Primera Profecía, porque no quiere que se cumpla. ¿Cómo sabes eso?

―Me lo dijo el Salvaje ― Chloe mustio con pena―. Siento no habértelo explicado, pero no teníamos tiempo. Tenía que sacarte de ahí.

―A ver si comprendí ―las interrumpí―. La sacaste de ahí, para poder exponer la Dinastía Fuego por una profecía que nadie ha leído nunca. Pero también quieres exponer a tu padre, por ocultarme, ¿cierto? Porque no entiendo por qué me dices que soy tu hermano si no es por eso.

―Sí y no. No quiero exponer a nuestro padre.

Nos separaron por una razón. Los gemelos con elementos no nacen, y si nacen, matan a uno.

Aunque la ley se abolió, nuestros padres tenían miedo del Parlamento.

He tratado desde que descubrí que existías, que él lo dijera a la prensa, pero siempre lo niega.

― ¿Entonces no me reconoce? ―me sulfuré.

― ¡Ay! No, sí te reconoce. Solo llévame con mi madre, por favor.

― ¿Para qué quieres ir con ella si ya se quitó el aparato ese?

―Eso no te importa.

―Claro que me importa.

― ¡No!

―Joder, sí parecen hermanos ―mustió Will.

Chloe y yo nos callamos. Traté de calmarme―. De acuerdo, te llevaré con mi mamá.

―Gracias ―Chloe volvió a hacer una pequeña reverencia―. Espero que entiendas que esto solo lo hago porque eres la única opción que tengo. Necesito sacar a Cassie de Farren.

Vi a Cassandra por un momento. Ella veía todas las chácharas que Will y yo habíamos robado a lo largo de los años.

Quise botarla del lugar. Nada tenía sentido, que su tonta profecía se cumpliera en otro lado.

Regresé con mi hermana y señalé la puerta con la cabeza.

Sabía que ir con mi madre sería un problema, y que el agua evaporaría por toda la casa.

(…)

Mi mamá me abofeteó apenas llegamos.