Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 5 #2
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CAPÍTULO 5 #2

Congelé el metal y creé una pica de hielo. Comencé a apuñalar a mi siguiente víctima. El hielo me rodeó en una montaña nevada. Al fin iba a desenterrar un objeto precioso que podría admirar todo el día.

Abrí la caja fuerte. Había un cofre de madera, solo, con símbolos dorados.

Lo tomé, lo zarandeé. Algo hizo ruido dentro.

Me encogí de hombros, al menos no era una tonta carpeta.

Lo metí en la mochila, me levanté y me dirigí a otro estante.

Llené de escarcha mi pisar, y esta creció por la estantería.

Asomé la cabeza. Había varias carpetas. Tomé una y la abrí.

Casi todos los renglones estaban tachados con negro.

Lo único que leí fue: mujer fuego, niña, Cassandra Flur.

Guardé la carpeta también. Las mujeres fuego no existen, pero ese nombre lo reconocía.

Era la primogénita del Señor Ignis. Murió en un incendio.

La ironía. Quizá con la información de la carpeta, podría extorsionar a la Dinastía más poderosa del mundo.

Primero tenía que averiguar si era verdadera.

Luego, investigar cómo extorsionar. Suspiré, esa información podía venderse, pero no estaba seguro.

Busqué más carpetas que hablaran de la mujer fuego, no encontré nada.

Quizá solo era un experimento, o una tontería de su historia.

¿Qué cuento les contaban en la primaria?

¿Cuatro elementos fueron creados por la Diosa Em?

La primera guerrera se volvió loca o algo así, y la diosa la castigó y ya no nació ninguna mujer con fuego, no recordaba bien, no me interesaba. Todo eran tonterías para manipularnos.

Fui al área donde Will buscaba, me vio llegar, se acercó a mi lado. Parecía extasiado. Tenía una caja de terciopelo desgastado en las manos. La abrió frente a mí. Al menos él encontró algo.

―Son anillos, Eiden. Podemos empeñarlos o venderlos. Es lo único que he encontrado.

Quise tocar las argollas, cada una tenía una piedra diferente, y si recordaba bien mis clases de historia, eran las piedras preciosas de cada Dinastía.

La diferencia aquí era que había cinco anillos.

El quinto era de color negro. Cerré la caja y lo hice dar media vuelta.

Guardé el botín en mi mochila. Iba a hablar, pero algo retumbó encima de nosotros.

Polvo llovió como si fuera ceniza. Ya no podíamos seguir indagando como ratas en la bodega.

―Es tiempo de irnos, solo hay papeles inútiles ―dije―. Algún loco está explotando este lugar, no creo que encontremos algo más.

― ¿Y por dónde nos vamos? ―preguntó Will confundido―. Bloqueaste la entrada. Si salimos, es posible que todo esté derrumbado. Además, recuerda que esto no estaba en los planos. Este lugar es enorme y solo hay papeles.

Suspiré ―. Podemos tomar los pasajes secretos. El lugar está lleno de pasillos. Búscalos con tu elemento. Quizá encontremos alguna otra habitación que nos saque de aquí y si tengan objetos de valor.

―Lo dudo. Pensé que encontraríamos más cosas.

―Yo igual.

Will abrió la boca para hablar, se quedó con las palabras dentro. Aire se arremolinó en su cabello negro. Se inclinó en el suelo y lo tocó. Me volteó a ver, desconcertado.

―Oxígeno se está generando aquí abajo, pero a la vez se extingue. Creo que hay una Tierra.

―Seguro es un Salvaje ―quejé―. Si escapas por el subsuelo, nadie te ve. Debimos hacer eso.

―Ninguno de los dos controla la tierra, idiota.

Quise golpearlo ―. Eso lo sé. Quizá pudimos contratar a algún tonto que nos ayudara.

―Podemos amenazar a los que están aquí abajo.

Lo pensé, era una buena idea. Asentí con la cabeza. Will dejó de verme y golpeó el suelo. Todo el recinto retumbó. Lluvia rocosa volvió a caer. Dos gritos de pánico se elevaron desde el concreto con un eco chirriante. ¿Qué mierda? Will se levantó y se encogió de hombros.

―Son mujeres.

― ¿Y?

El subsuelo vibró de nuevo. Retrocedimos, debíamos de prepararnos para atacar si era necesario, hice una pica de hielo.

Un agujero se formó a dos metros de nosotros, y dos muchachas emergieron.

El suelo recobró su forma original, y las dos chicas trataron de recomponerse.

Una, de cabello negro, lloraba, y la otra, rubia, la trataba de calmar sin tocarla.

Casi parecía que la rubia temía quemarse.

― ¿Quiénes son ustedes? ―grité.

Ambas nos voltearon a ver. El pánico nos envolvió a los cuatro en una brisa marina tóxica. La rubia levantó el brazo, y un muro se formó entre nosotros. Luego, el calor nos inflamó. Will soltó una exclamación silenciosa. Deshice mi arma. Estas dos no nos iban a atacar.

― ¿Esa no era la hija del Señor Aqua?

― ¿De qué hablas? ― solté extrañado―. Seguro son Salvajes que tenían aquí encerradas.

―Yo sé que odias a las Dinastías y todo eso, pero la rubia es Chloe Foster, hija del Señor Aqua. Está comprometida con Einar Snavs, hijo de la Señora Terra. Estoy seguro de que es ella.

― ¿Acaso sabes toda su vida? Solo es una rubia más. En Farren hay demasiadas. Seguro es otra persona.

―No, no es eso. Es bonita, obvio que voy a saber. Es la mujer más codiciada, y ya está comprometida ―suspiró con celo―. Pero sí, estoy seguro de que es ella.

Ya, todos los jóvenes de nuestra edad se sentían así con Chloe Foster.

De princesa a Dama. De Dama a científica.

¿Por qué dejar todos sus privilegios de lado?

No lo sabía. Nadie lo sabía. Solo se trasladó de Lotán a Farren a estudiar la universidad, y se comprometió con el príncipe Einar.

Siempre tuve rechazo por Einar. Cada que lo veía junto a Chloe en el televisor quería golpearlo.

Ni siquiera sabía la razón. Porque también la detestaba a ella.

Detestaba a todos en las Dinastías. Vi a Will. Sus mejillas estaban rojas. Me burlé.

― ¿Te gusta?

― ¡No! Joder, ya vámonos de aquí. No quiero involucrarme con una Dinastía y terminar en la cárcel o en exilio como mi abuelo.

No tuve tiempo de contestarle. La pared de tierra se deshizo.

Ambas mujeres estaban de pie. Me fijé en la rubia, mierda, si era la Princesa Aqua, bueno, ¿Dama?

Chloe me veía, y la de cabello negro nos daba la espalda.

Quizá indagaba en los secretos de las Dinastías, o seguía con su lloriqueo. ¿A mí qué me importaba?

― ¿Eiden Foster? ―preguntó Chloe con apuro―. Quítate la máscara, necesito hablar contigo.

―No.

La rubia rodó los ojos, molesta. Caminó hasta nosotros, quise retroceder, pero no pude. Me tomó del brazo. Mantuve la máscara. No, ¿cómo sabía que era yo?

― ¿Sabes qué? No tengo tiempo para esto. Somos hermanos gemelos y necesito que me lleves con nuestra madre. Ahora mismo. Esto es una emergencia.

No, no, no. Me negaba a ser parte de una Dinastía. ¡Peor! Ser heredero de una Dinastía. Reí. Me zafé de su agarre y la ataqué con una corriente de agua, pero se evaporó antes de tocarla. Me sentí sofocado por un momento, ¿eh? La chica de cabello negro despidió una llamarada de amenaza.

¡¿Qué?!

Quise ir por ella y apagar su fuego, pero la carpeta en mi mochila, y el fuego, me atizaron con la verdad. Will y yo aceptamos lo que Chloe nos encomendó.

Aún seguía en negación. No quería creerle a Chloe, pero lo hacía.

Siempre que la veía con su padre, en la televisión, tenía celos.

Quería estar ahí, junto con mi madre. Además, teníamos el mismo maldito apellido.

No era coincidencia que me sintiera de esa manera.

Aunque, claro, Foster, Flur, Snavs y Vindas, eran apellidos comunes, a pesar de ser los nombres de los gobernantes.

El vacío en mi pecho me carcomía cada vez que oía la voz del Señor Aqua en la televisión.

La desesperación de tener una vida diferente.

De ser ese Príncipe al que todos obedecían.

Era mi sueño, y también mi mayor pesadilla, que mantenía oculta debajo en la oscuridad del océano.

Yo odiaba las dinastías, no podía pedir una vida que no era mía.

Nunca lo dije en voz alta. Ni siquiera se lo mencioné a mi madre.

Aunque ahora todo cobraba sentido. Por eso mi padre se fue por cigarrillos después de que nací.

Era el maldito líder de la Dinastía Agua.

Quise arremeter contra Chloe de nuevo, pero la otra mujer me aterraba.

Y no porque fuera una mujer fuego, sino porque sabía quién era.

Era la primogénita del Señor Ignis. La mujer fuego.

Chisté. Aún trataba de unir mi relación con mi hermana, y que, por alguna extraña razón, Cassandra Flur seguía con vida y portaba el elemento fuego.

Bueno, la carpeta que encontré lo mencionaba de manera ambigua, pero no pensé que descubriría la verdad tan pronto.

Ya ni siquiera sabía si quería extorsionar al Señor Ignis. ¿Sería posible?

Logré alejarme de nuevo, Will no dijo nada, pero yo sí―. Sácanos de aquí, y después pensaré si te llevo con mi madre.

Chloe quiso rechistar, pero aceptó―. Esta no es la manera en la que yo quería conocerte.

―A mí no me importa quién eres.

―Debería importarte, soy tu hermana.

―Ya te dije que no me importa. Solo usa tu elemento y sácanos de aquí.

―Tu madre se llama Hellena, tu elemento llegó a los catorce años, solo necesito que me creas y me lleves con Hellena.

Quise crear mi pica de nuevo y encajarsela en un ojo―. Sácanos de aquí, y lo pensaré.

La rubia sonrió con fuerza, pero asintió, regresó con la pelinegra. Quise alejarme de ambas. Pero Will solo me empujó con el brazo y me dijo con su elemento que debíamos irnos con las mujeres. El techo volvió a temblar. Joder, no teníamos opción.

(…)

Chloe usó su elemento para sacarnos. Nos rodeó de piedra y el movimiento veloz me hizo querer vomitar, tuve que tragarme el asco cuando resurgimos en la superficie.