Elementtal: La Primera Profecía CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

Chloe

― ¿Cómo la puedo encontrar?

Henning me vio desde su catre, desinteresado de mi presencia. Me acerqué al vidrio y traté de ver su aspecto. Parecía abatido, succionado de cualquier razón para seguir viviendo. Casi parecía que lo habían arrojado a un pozo lleno de veneno.

¿Por qué se veía así? No, en su tablón de informes no había nada sobre experimentos. A él lo tenían como sujeto de prueba de algún medicamento para la gripe, pero no había nada más que deteriorara su salud.

― ¿Señor Rok, se encuentra bien?

Comencé a hacer anotaciones rápidas sobre su estado físico. Su piel ceniza lo hacía parecer un esqueleto, y las heridas en sus brazos crecían como llagas podridas hasta su cuello. Oculté las cámaras de nuevo con tierra, y volví a hablar.

―Por favor, ya nadie nos ve. ¿Qué le sucedió? ¿Qué le hicieron?

Henning tardó en responder, incluso en moverse. Se sostuvo del costado derecho, logró sentarse en el catre, y me miró. Sus ojos denotaban el pesar que estaba sufriendo su cuerpo.

― ¿Qué no es obvio, Alteza? Han experimentado conmigo, quieren apagar mi elemento.

― ¿Qué? ―pregunté exaltada―. No, eso es imposible, ningún elemento ha sido apagado en la existencia de nuestra historia. Eso es en contra de sus derechos― apuré con lava en la boca―. Tengo que sacarlo de aquí.

―No, yo de aquí no salgo con vida. A la que tiene que sacar es a Cassandra. Mi elemento no importa. El de ella sí, es nuestra salvación.

― ¿La Primera Profecía?

―Sí.

― ¿Están experimentando en usted, para después apagar el poder de Cassandra? ― pregunté, quise correr de ahí y encontrarla―. Quieren robarle su elemento.

―Así es, quieren impedir que la Profecía se cumpla.

― ¿Cómo sé que dice la verdad? Pondré toda mi vida en peligro si le hago caso.

―No tengo razón para mentirle ― Henning tercio con un tosido seco―. Vea mi cuerpo, no estoy en condición de rogar por misericordia. Solo le pido que saque a Cassandra de aquí. Ella no merece vivir sin elemento.

Quise hablar, pero el piso tembló. Alguien se acercaba.

No, no, aún no confirmaba mis sospechas.

No, ya no importaba, todo era real. Decidí creer en la fantasía de una mujer fuego.

Ya nada importaba. Me senté en la silla y dejé de cubrir las cámaras.

Comencé a escribir los datos de Henning en mi tablón.

La puerta de la celda se abrió. Rocco entró con otros tres científicos, y varios guardias los rodeaban como gatos rabiosos. Fingí una sonrisa de cabaret.

Si Henning tenía razón, liberar a Cassandra haría que la Primera Profecía se cumpliera, pero eso podría desencadenar una guerra entre continentes. ¿Estaba preparada para crear un conflicto en todo el mundo solo por las palabras de un Salvaje?

― ¿Sucede algo?

―No, señorita Foster. Le pido que se retire, vamos a cambiar a este Salvaje de celda.

―De acuerdo.

Me levanté, y salí al pasillo con paso normal, no podía dejar que mi corazón acelerado me delatara.

Los científicos líderes estaban ahí, podía usar una distracción para encontrar a Cassandra.

Me dirigí a la otra celda de mis prisioneros.

Si Henning tenía razón, el fuego de Cassandra podía ser percibido por cualquier elemento fuego.

El problema era ese, yo era Tierra, pero quizá podría sentir sus vibraciones.

Si me concentraba, tal vez podía lograrlo, aunque me tomaría tiempo hacerlo.

Apreté la tableta con fuerza. Debía de pensar.

Quizá me habían corrido de la celda porque sabían que sospechaba algo.

O quizá se habían dado cuenta de que había ocultado las cámaras y micrófonos por un par de minutos.

¿Me sancionarían? No, no lo harían. No podrían al Señor Aqua ni a Einar en su contra.

No tenía idea. Yo ya no tenía poder político, ahora solo era una Dama con la que todos querían casarse.

Solo era un gancho para llegar a la cima de la montaña.

Relajé mis hombros, yo ya me había comprometido con Einar, yo era la que había usado un gancho para escalar.

(…)

Traté de entrenar. De buscar al fuego con mi elemento.

Su vibrar, su sentir. Abrí los ojos y me eché en la cama.

No lo logré. Sabía que tenía dos vecinos que eran fuego, debía poder sentirlos.

Suspiré, me volví a sentar y traté de concentrarme de nuevo.

Yo era la mejor controladora de tierra, debía poder hacerlo. Había entrenado por años, debía...

No.

Cerré los ojos. Yo podía hacerlo. Volví a intentarlo.

(…)

Traté de encontrar a Cassandra en la base Quetzal.

Traté de sentir su fuego, el titileo de las llamas.

Caminé a mi área de trabajo. Hoy pasaría todos mis datos a las computadoras.

Estaría sola en mi oficina, nadie me molestaría.

Aunque quizá Einar lo haría. Esperaba que no.

En nuestro último entrenamiento de elementos, le insinué el tema de Cassandra y él ignoró la información.

Solo me dio un beso entre nuestros ataques.

Quizá él no sabía, quizá la única persona que conocía a la Princesa Fénix era la Señora Terra.

Ella controlaba todos los niveles de Quetzal, incluidos aquellos designados a cada Dinastía.

Me senté, y no trabajé. Volví a practicar.

A sentir cada vibración, cada movimiento, cada pisada.

Logré identificar a mis compañeros de trabajo en las oficinas de cada lado.

Uno golpeaba el piso nervioso con el pie.

Suspiré. Era un avance, pero no era suficiente.

Me enderecé un poco. Einar estaba en el pasillo.

A él ya lo identificaba. La puerta de mi oficina se abrió. Sonreí.

―Hola.

Einar entró y cerró la puerta tras él. Polvo rodeó sus pies

―. Te tengo una sorpresa.

― ¿Y qué es?

Abrió un poco su bata y dejó ver una botella de relika. No, no podíamos, estábamos en el trabajo.

― ¿Ahora?

―Sí.

Quise aceptar la propuesta, porque nuestra relación en eso se basaba la mayoría del tiempo. En alcoholizarnos y olvidar nuestras responsabilidades. Negué con la cabeza. Debía estar cuerda para encontrar a Cassandra.

―Lo siento, pero no, aún no termino esto, y no quiero que Rocco me regañe. Quizá después del trabajo. ¿En mi departamento?

Mi prometido sonrió y se acercó a mí. La tierra escaló hasta sus manos.

―Encantado de aceptar esa propuesta, Dama Chloe.

―Te veo después del trabajo ―nos dimos un beso corto y Einar salió de la oficina. Vi el techo, susurré―. Todo tiene movimiento, un vibrar. Incluso el fuego.

Cerré los ojos. Bajé mi mano hasta el piso y dejé de controlar mi elemento.

Entonces los sentí a todos, y el peso de la tierra comenzó a sofocarme con una prensa hidráulica.

Ignoré el dolor, me permití convertirme en un topo y cavar en todas las grietas del complejo.

Vi el laberinto de pasillos, de escaleras y pasadizos secretos.

Traté de memorizar lo que la tierra me decía.

Cada movimiento, cada pequeño vibrar, cada partícula de polvo, cada molécula, la sentí, y después, a ella. Sentí mi mano quemarse.

Abrí los ojos y me alejé del suelo. Mi corazón comenzó a ahorcarme.

Volví a contener mi elemento. Lo que decía Henning era verdad.

Cassandra vivía. Era una mujer fuego. Vi mi mano.

No había ampollas, ni siquiera una herida, pero el ardor persistía.

¿Ese era el poder de la Princesa Fénix? Incluso encerrada, su fuego tenía poder.

Debía liberarla, no podía perder su elemento.

Si la Primera Profecía era real, Cassandra debía completarla. Mierda, todo era real.

Debía elaborar un plan para rescatarla pronto.