CAPÍTULO 1 #3
No lograba sacarme eso de la mente. La profecía solo era un cuento entre voces, porque ninguna magia se había activado en cientos de años.
Porque ese pequeño soneto era un secreto entre los Señores.
Claro, mucha plebe conocía esas palabras por su existencia milenaria en la historia, pero jamás la habían leído.
Ni siquiera yo. Porque ningún relato era el mismo, cambiaban dependiendo del continente.
Henning Rok sabía demasiado, y a la vez, me dejaba con la información incompleta.
Pero me habló, me dijo de la Princesa Fénix, de la misma que el extraño en el bar mencionó.
¿Por qué me decían eso? ¿Por qué yo? ¿Por ser la prometida de Einar?
No. Porque quería ayudar a los Salvajes.
Porque si quería, podría encontrarla sin problema.
Pero, ¿qué significaba que una mujer fuego existiera? ¿Por qué ocultarla al mundo?
Me dejé caer en la cama. Todo el día había pensado en la plática con Henning.
Los demás prisioneros eran humanos. Sabían poco sobre la Princesa Fénix, ellos solo exigían igualdad con los Elementos.
De hecho, me llamaron loca por preguntarles sobre una princesa muerta.
Porque eso era Cassandra: una princesa muerta.
Debía concentrarme. Los recuerdos del bar me golpearon de nuevo.
Aquel hombre extraño me advirtió sobre Cassandra, y Henning, me lo confirmó.
¿Era posible que Cassandra fuera una mujer fuego?
Nada tenía sentido. Si ella vivía, entonces toda la historia era un error.
¿Cuánta información era ocultada por las Dinastías?
¿Qué tanto era mentira? Aunque, yo también sabía de un secreto que nadie podía saber.
Porque la gente me juzgaría, porque el miedo nos rodearía hasta ahorcarnos.
¿Por eso Cassandra estaba oculta? ¿Por miedo? No. Ella no vivía.
Debía pensar en la Primera Profecía, había escuchado a mi padre hablar de eso cuando tenía ocho años, y la memoria era algo difusa.
Todos sabían que estaba inconclusa, ¿además de eso?
Nada. No había nada en mi mente. Mi padre era experto en los oráculos de la Diosa Em.
Él sabría qué hacer en este momento. No deseaba llamarlo, y preguntarle, tampoco podía ir a Lotán e investigar yo misma.
No podía arruinar mi nueva vida. Tenía un trabajo, estaba comprometida con el mejor hombre del mundo y ahora tenía que lidiar con secretos del Continente líder, de los cuales no sabía si eran verdad.
¿Confiar en un Salvaje? ¿Confiar en alguien que llegó a estar a un lado de la persona más poderosa del mundo?
Quizá debía investigar un poco más. Hacer sentido de lo que Henning me había dicho.
Tomé mi tableta, y comencé a teclear el nombre de la Princesa Fénix, habíamos sido amigas de niñas, pero, ¿qué amistad había entre princesas?
Chisté. Aún recordaba el funeral. Todo estaba oscuro, y la tierra temblaba, no hubo cuerpos que enterrar, los ataúdes estaban vacíos.
Del cielo aún llovía tizne, como si fuera un recordatorio de derrota.
Ni siquiera hubo un ritual de entierro, el fuego no bailó ese día.
Lo que recordaba y lo que decían los artículos, el incendio fue hecho por los Salvajes, en un ataque directo a la Dinastía, para desestabilizar al Continente Vulkan y generar una guerra, lo que resultó en la muerte de la Dama de Fuego, y de Cassandra, la primogénita del Señor Ignis.
Solo sobrevivió el hijo menor, Morten, ahora heredero de Vulkan.
Sacudí la cabeza, salí de ese sitio y busqué Mujer Fuego.
Nada. Solo había resúmenes de historia, de la creación del mundo y de la Primera Guerrera.
Las mujeres Fuego no existen y la única que alguna vez vivió, fue la Primera Guerrera, pero después de la Primera Guerra de elementos y el diluvio, la Diosa Em la condenó, ella era demasiado poderosa, y desde ese momento, el elemento Fuego ha pertenecido a los hombres.
Lo cual era sexista. Si una mujer de fuego es tan poderosa, ¿por qué no dejarla gobernar?
¿Tener el poder? Aunque, aun siendo solo hombres en control del elemento, seguían siendo la Dinastía más poderosa del mundo.
Siempre ha sido así. Son los guerreros, son los soldados, son los creadores.
Si hubiera mujeres con fuego, el mundo sería un caos.
O quizá no, quizá habría paz, habría equilibrio.
Suspiré. Mi primera tarea para el día siguiente, sería hablar de nuevo con Henning, y descubrir con certeza si Cassandra estaba con vida.
Bueno, el hombre ya me lo había dicho, pero, ¿por qué no le creía?
¿Por qué pensaba que todo era una falsedad para hacerme caer en sus deseos de Salvaje?
Quizá Henning sabía de mis trabajos secretos para ayudar a ese grupo vulnerable.
No, no lo sabía. Era cuidadosa. Pero el hombre del bar… , no. Nadie sabía.
Chasqueé la lengua, debía de arreglarme, pronto iría a entrenar con Einar, éramos tierra, y los mejores controladores, debíamos de mantener nuestro nivel si deseábamos ser respetados como próximos gobernantes de Farren.
Al menos, eso hacía que las tardes fueran un poco más amenas.
Pero mi mente no dejaba de divagar en las chispas del fuego.
En las llamas que traería una mujer al mundo.
¿Habría destrucción? ¿Habría salvación? ¿Qué habría? ¿Una nueva era? ¿Un nuevo mundo?