El vuelo del cernícalo Capítulo 15¿CRIATURA O FARSANTE? #3
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Capítulo 15¿CRIATURA O FARSANTE? #3

—Deberías ir a la policía y presentar la denuncia.

Martín también lo ha hecho. Si somos varios los que los presionamos, puede que envíen un coche patrulla para recorrer las calles por las noches.

—Agachó la cabeza, pues no estaba muy convencido de que esa fuera la solución.

Un solo coche podría encontrarse en el Lomo del Balo mientras el acosador hacía de las suyas en La Vizcaína, en la casa de Reyes—.

Había pensado en hacer varios grupos de vigilancia con voluntarios, pero ya no sé si es buena idea.

—¿Por qué? —Pablo se inclinó hacia atrás, apoyándose en el respaldo de la silla del escritorio, y se cruzó de brazos—. ¿Es que tienes miedo?

Yeray soltó una risita nerviosa.

—No tiene nada que ver con el miedo. Es que no tenemos ni idea de si esa persona es peligrosa o no, o de si va armada. No quiero que ningún vecino resulte herido.

—Es decir, que no estás del todo seguro de que se trate de un hombre disfrazado.

—El joven se mostró desafiante desde la silla.

Cabeceaba mientras uno de sus zapatos golpeaba los mosaicos del pavimento de forma rítmica—.

¡Admítelo! Has visto las imágenes como nosotros y te cuesta creer que un ser humano sea capaz de correr de esa manera.

Es más, ese chillido se te ha metido en los oídos y no encuentras la manera de sacártelo.

Yeray se pasó la lengua por toda la dentadura antes de contestarle al hijo de Reyes:

—Mira, no quiero emitir un juicio sin tener todas las pruebas necesarias delante de la mesa. Ese tipo podría estar riéndose de nosotros en su casa imaginando esta conversación.

—¿Qué más pruebas necesitas? —Pablo se levantó y le dio un golpe a la mesa con un puño—.

Llevo aquí toda la noche y media mañana buscando en ese ser algún gesto que lo haga humano, y no lo encuentro.

Su forma de caminar, de correr, de gritar...

Nada me lleva a pensar que se trate de una persona como tú o como yo.

Mi madre me contó que te has topado con él en varias ocasiones y que incluso lo perseguiste antes de que encontraran a ese pobre viejo colgado de un árbol.

¡Joder! ¿Es que no viste nada extraño en ese cabrón?

—Pablo, por favor, ese lenguaje —le llamó la atención su madre—. Y esa no es la forma de tratar a un invitado.

—No pasa nada —intervino Yeray, quitándole hierro al asunto.

—Sí que pasa —insistió el muchacho—. Me prometiste que nos ayudaría, que probablemente él tendría la clave para descifrar este embrollo. ¡Pero no sabe nada! Y si lo sabe, no tiene intenciones de decírnoslo.

Pablo lo torpedeó con la mirada, lo retó a que sostuviera el impacto de sus ojos castaños, a atreverse a mantener la cabeza bien alta mientras lo atacaba.

—¡Basta ya! —Reyes dio un paso al frente y se interpuso entre los dos al tiempo que sujetaba a su hijo por ambos brazos—.

Si él supiera cómo ayudarnos, lo haría. Confío en Yeray desde hace muchos años y sé que haría todo lo posible para mantenernos a salvo.

¿Lo entiendes? —Pablo asintió levemente sin apartar la vista de él—.

Ahora, vete a buscar a tu hermano. Puede que Daniel haya conseguido que vengan hoy mismo a revisar el sistema de seguridad.

—¿Y si no? —Pablo posó su mirada asustada en el rostro de su madre, el cual fingía una serenidad que no tenía.

—El acechador nunca nos visita dos noches seguidas. Podemos estar tranquilos.

El joven abandonó la habitación y Reyes se giró hacia él en cuanto su hijo desapareció por el rabillo del ojo.

—Siento mucho lo ocurrido. Nunca imaginé que se pondría así. Entiendo que ha sido fruto del agotamiento y del estrés que hemos vivido. Es un buen niño.

—Lo entiendo. No tienes por qué disculparte.

—Te invitaría a quedarte a comer, pero dada la situación... —Se sonrojó y bajó la barbilla, avergonzada.

—Tranquila, mi hija me espera en casa. No la he visto esta mañana. He salido disparado hacia tu casa y no he tenido tiempo de saludarla.

Se encaminó hacia la salida despacio, permitiendo que ella lo guiara.

—Lo entiendo —le dijo mientras lo acompañaba a la puerta. Se detuvo para abrirla—. Si... si descubres algo que pueda resultarnos de ayuda, por favor, no dudes en llamarme.

—Descuida, lo haré.

Yeray se dirigió al lugar donde había aparcado la furgoneta, se introdujo en ella y se alejó de la casa de Reyes con una maraña de sensaciones que turbaban y eclipsaban su buen juicio.

Dudaba. Sí, ese maldito vídeo lo había hecho dudar por primera vez y plantearse cuestiones que jamás se habría planteado.

Ni las continuas afirmaciones de Airam ni lo que había leído en Internet lo habían sumergido en un mar repleto de confusión.

Pablo tenía razón en algo: ese endemoniado chillido se le había metido en la cabeza y no lograba sacárselo.

Era diabólico. Monstruoso. Sobrenatural.

Y le había puesto la piel de gallina.

¿Qué clase de persona podría gritar de esa manera y llenarlo de un vacío que le perforaba las entrañas? Nadie que él conociera.

Por primera vez, sintió un miedo real. Un miedo a lo desconocido capaz de estrujarle todas las neuronas del cerebro y convertirlo en un despojo, en un contrincante débil.

Enfurecido por tales pensamientos, le dio varios golpes al volante con la palma de la mano.

¿Y si se había equivocado desde el principio?

¿Y si Airam tenía razón?