El vuelo de un colibrí (Ikigai, el País de los Sueños 1) Un secreto al descubierto #2
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Un secreto al descubierto #2

Enciende un candil, cuya luz atraviesa la ventana, iluminando justo el lugar donde Always se encuentra.

Se desplaza rápido y vuelve a las sombras, bien pegado a la pared para no ser visto.

Escudriña el interior de la caseta a través de la ventana…

Carolina había dicho que iba a decirle adiós, así que ese chico debía estar oculto en la cabaña, al final sí que tenía un buen motivo para estar allí.

Carolina era muy joven e inocente, a saber quién era ese Roy y qué intenciones tenía, y no debían ser muy buenas si se ocultaba en la cabaña de las chicas sin que ningún adulto lo supiera.

«Roy, Roy… ¿de qué me suena…?». Mira una y otra vez en todas direcciones, cambiando de posición, siempre oculto en la sombra, pero no consigue ver a nadie.

Está seguro; la cabaña es muy pequeña y con pocos muebles, no hay lugar donde esconderse…

Pero entonces, ¿qué demonios está pasando?

Tal vez el chico vaya a aparecer en cualquier momento, puede que hubieran quedado allí para despedirse, un chico misterioso al que decía haber visto solo dos veces…

¿Y si aparecía de repente y lo sorprendía allí espiando?

Eso lo dejaría en muy mal lugar. Always empieza a ponerse muy nervioso.

Y entonces, se hace la oscuridad de nuevo.

Mira dentro. Carolina ha apagado el candil; con la poca luz que entra del exterior puede ver que está acostada en un colchón, tapada con una manta…

«¿Entonces? ¿Y ese Roy?». Always no entiende nada, debió haberlo escuchado todo mal.

Se frota el entrecejo cerrando los ojos, está cansado y muy arrepentido de haber ido hasta allí, solo para invadir la intimidad de cuatro adolescentes sin maldad ni plan oculto alguno.

Ya va a emprender el camino de regreso cuando una luz en el interior de la cabaña lo detiene.

Se asoma. El candil sigue apagado, pero puede apreciar una luz que parpadeaba en el suelo, junto al colchón donde Carolina descansa…

¿Qué era aquello? ¿Una vela con una forma extraña?

Always fija la vista y por fin consigue descifrar lo que ve.

Es una flor. Está seguro; una flor muy rara que Always no ha visto nunca, una flor en cuyo centro, una palpitante piedrecita alumbra a intervalos el rostro aún despierto de Carolina.

«¿Qué demonios es eso…?», murmura y entonces, comprende.

Es una de esas flores mágicas, ¿cómo las llamaban?

Lo recuerda: Flores de Ikigai, las flores prohibidas…

Ahí estaba el plan oculto de las chicas.

¿Cómo la habrían conseguido? ¿Se las habría dado ese tal Roy?

¿Con qué fin? Always está totalmente perdido, no sabe nada de esas flores.

Cierra los ojos y trata de recordar lo poco que le había contado Nico, pero fue tanta información de golpe…

Dijo que tenían un inmenso poder y que por eso aquella mujer las quería solo para ella.

Always abre los ojos; toda eso no le dice nada en realidad.

¿Y ahora qué debía hacer? ¿Entrar y sorprender a Carolina?

¿Llevarse la flor? Jamás volverían a confiar en él, tampoco lo harían si iba a ver a Laobán y se lo contaba todo, pero ¿y si las chicas estaban en peligro?

No sabía realmente qué hacían esas flores.

¿Estarían las chicas robando su poder en su propio beneficio?

Eso le pareció demasiado perverso para ser verdad…

Vuelve a mirar a Carolina, que sigue observando fijamente la flor, con unos parpadeos cada vez más largos, pero no parece ocurrir nada fuera de lo normal.

Mira a Vero, Sara y Andrea, que siguen charlando tranquilas frente a una hoguera cada vez más apagada, con algún bostezo y estirar de piernas y brazos.

¿Y si hablaba con ellas? Tal vez le explicaran todo; eran chicas sensatas.

Always decide que eso último es lo mejor y empieza a pensar cómo entrarles sin asustarlas y sin parecer un loco psicópata por haberlas seguido hasta allí…

Puff, no pinta bien el plan. El humano desconocido del que no se fían, las sigue en mitad de la noche hasta su cabaña, sabiendo que están las cuatro chicas solas…

Un hombre adulto, solo… Always entra en pánico, cuánto más lo piensa peor suena en su cabeza.

Se pega aún más a la pared y aborta la idea de inmediato.

Al fin las chicas se levantan y empiezan a recoger; echan tierra sobre la hoguera para apagarla y entran en la cabaña.

La noche se ha quedado aún más oscura sin la luz de la hoguera; Always debe decidir qué hacer, ya.

Teme marcharse y que aparezca ese tal Roy, aunque si todas se habían acostado era poco probable que lo esperaran.

Tal vez apareciera por la mañana, al amanecer.

Si era así, a Always le daría tiempo a ir al poblado, buscar a Laobán y contarle todo, aún a riesgo de que las chicas le odiaran, pero lo más importante ahora era su seguridad.

Si se marchaba ya, tendría tiempo para regresar si es que ese Roy aparecía por la mañana.

Sí, por fin había tomado una decisión. Mira al cielo, «¡malditas nubes!

», pero ahora que las chicas duermen puede seguir el curso del río sin ser visto, allí donde la poca luz que hay se refleja en las cristalinas aguas.

No da ni un paso cuando escucha la puerta de la cabaña.

Sus peores temores reaparecen, ahí debía estar ese Roy.

Se asoma a la ventana, pero nadie entra, al contrario, es Vero la que abre la puerta y sale, con una manta puesta por encima de los hombros.

Sale despacio y llega hasta el río, donde se sienta sobre una roca y mete sus pies descalzos en el agua.

Debe estar desvelada… por su culpa, claro.

Always espera unos minutos, pero Vero no parece tener intención de volver a la cabaña.

El plan de seguir el curso del río se le está yendo al traste, desde allí sentada lo vería seguro.

«¿Ahora qué, Always?». Mira hacia el interior del oscuro bosque.

Podría meterse entre los árboles, lo justo para que Vero no le viera.

Seguiría la linde del bosque sin adentrarse más de lo necesario y cuando estuviera fuera de su vista, buscaría de nuevo la orilla del río.

Sí, eso haría. No podía seguir esperando, no sabía cuánto tiempo faltaba hasta el amanecer y tenía que regresar, despertar a Laobán…

«¡Dios, después de la estúpida conversación de esa tarde no lo recibiría muy bien!

». Pero eso ahora no importaba, debía llegar hasta la aldea y volver a tiempo para descubrir al misterioso Roy.

Sin pensarlo dos veces, camina hacia el bosque y desaparece entre los árboles, sin saber que, dos horas más tarde, se encontrará rodeado de la más impenetrable oscuridad de los árboles, totalmente perdido y desorientado.

Cuando el sol ya casi empieza a asomar tras las altas montañas, Always, sumido en una insoportable desesperación, tendrá que darse por vencido.

Incapaz de encontrar el río ni salir del bosque, se abandona a un insalvable sueño, apoyado en el tronco de un árbol, a la orilla de una laguna de aguas negras que parece adormecerlo con el sonido de la brisa rozando su superficie, como un violín emitiendo una siniestra melodía.