Alimentando una esperanza
Alimentando una esperanza
Always camina ligero hacia el río. Ya está casi anocheciendo.
No sabe cómo se le ha hecho tan tarde; si las chicas planeaban algo puede que ya no llegue a tiempo de detenerlas.
Empieza a arrepentirse de haber ayudado a Sergio.
Tal vez si lo hubiera dejado estar, Laobán habría llegado a casa de Margarita y habría parado lo que sea que fuera que iban a hacer, pero sintió tanta pena por Sergio, tan apurado por ayudar a su hermana; resultaba tan conmovedor que no pudo hacer otra cosa que intervenir.
Y menuda intervención. Solo la certeza de no tener recuerdos le impedía asegurar que aquella había sido la vez que más había hecho el ridículo en toda su vida.
Cuando se vio frente a Laobán, esperando a que le contara su supuesta pesadilla, comenzó a improvisar una turbia historia con dragones y otros seres mitológicos que ni él mismo sabía cómo relacionar.
La cara de Laobán fue un poema y, aunque no se lo dijo abiertamente, Always sabe que no creyó ni una sola palabra sobre su supuesta pesadilla.
Si Laobán sospechaba que era un traidor, le había servido en bandeja la confirmación, con su extraño comportamiento.
Always se preguntaba cuál sería el motivo por el que las chicas habían querido sabotear el encuentro de Laobán con Margarita y la única manera de averiguarlo era haciéndoles «una visita».
No es que le atrajera la idea de inmiscuirse en la intimidad de cuatro adolescentes, pero sería discreto.
Se acercaría sin ser visto, confirmaría que no hubiera nada raro, solo cuatro jóvenes disfrutando de su mutua compañía y de su espacio seguro sin adultos y se marcharía sin ser visto.
Si no lo hacía no descansaría tranquilo esa noche.
Las chicas habían urdido todo un plan para impedir que Laobán fuera a ver a Margarita y debía haber un buen motivo para ello.
Cuando por fin cruza la plaza, dejando atrás la casa de Laoban y su dignidad perdida, la persona más inesperada se cruza en su camino: Nerea.
La mira de soslayo; camina a paso ligero en su dirección.
Mira a su espalda, esperando ver a Teresa o a Carmen detrás suyo, pero no hay nadie, solo él.
Cuando vuelve a mirar hacia Nerea ya no tiene dudas, camina en su dirección, le mira fijamente y le sonríe.
Le saluda con la mano; Always responde al saludo nervioso, perdiendo por momentos la claridad mental.
Cuando llega a su lado le pregunta si pueden hablar un momento.
Always asiente, cómo negarse a esos ojos, pero le pide que, si no le importa, lo hagan mientras pasean, ya que había salido a caminar hasta el río. Nerea accede encantada.
Salen de la plaza y empiezan a andar de camino a la salida de la aldea, donde Always se desviará hacia el río para estar un rato a solas, le había dicho a Nerea.
—Always, he estado pensando mucho en nuestra conversación del otro día… —empieza a hablar Nerea, después de caminar en silencio unos minutos.
—Yo también. Si dije algo que te molestara, yo…
—No, no es eso. He pensado mucho en lo que dijiste, que no pensabas ir al mundo de los humanos porque no sientes que seas de allí…
—Sí, así es.
—Y que sientes pertenecer a este mundo…
—Exacto.
—Pero nadie de aquí te recuerda…
Always tiene que morderse la lengua para no contar a Nerea lo que Laobán le había pedido que no contara, aunque tal vez sea mejor así; la sombra de un traidor, que bien podría ser él, le acechaba desde su conversación con Nico. Nerea continúa:
—He estado pensando. Tal vez si fueras a nuestro antiguo pueblo conseguirías recordar.
—¿A vuestro antiguo pueblo?
—Sí. Si piensas que podrías ser de este mundo, habrás vivido en ese pueblo. Tal vez regresar allí te dé las pistas que necesitas. Tal vez encuentres tu casa, fotos…
—¿Fotos?
—Sí. Huimos con lo puesto. Todo quedó atrás: objetos, fotos, recuerdos… Volver allí sería como un viaje al pasado. No sé, tal vez te marchaste de joven al mundo humano, era algo habitual, y por eso nadie de los que estamos aquí te recuerda. O quizá quien podría recordarte… ya no está…
Nerea no quiere decir en voz alta lo que piensa, que es muy probable que su familia y amigos hubieran caído.
Always se queda pensando en la idea de Nerea: no es tan descabellada.
¿Y si tenía razón? ¿Y si visitar ese lugar despertaba alguna chispa en su oxidada memoria?
Por otro lado, estaba tan agotado de esforzarse por recordar que ya había tirado la toalla y llevaba un tiempo haciéndose a la idea de que puede que jamás recordara, que su vida empezaba ahora, aquí, tal vez una nueva vida junto a Nerea…
¿Y si recordar daba al traste con esa posibilidad?
¿Y si tenía otra familia, otro amor? O aún peor… ¿y si descubría que él era el traidor?
—¿En qué piensas?
—Verás, Nerea. —Always ordena sus pensamientos antes de continuar—. ¿Sabes cuando una persona tiene un accidente muy grave o sufre una lesión que le cambia la vida? Por ejemplo, al quedar ciego o en silla de ruedas…
Algo se remueve en su interior al pronunciar estas últimas palabras.
Always recuerda su conversación con Nico, en la que le descubrió que la poderosa mujer que había destruido a todo un pueblo había estado en silla de ruedas; pero siente que ha tocado, sin darse cuenta, algo en su interior, que nada tiene que ver con esa historia…
Intenta comprender qué es, sabe que es algo de su pasado, pero una vez más, no es capaz de tirar del hilo y se queda anclado, como siempre, en sensaciones que no puede verbalizar.
Mira a Nerea, que lo observa confusa, esperando la continuidad de su relato.
Aparta esos sentimientos, se recompone y logra continuar:
—Perdón. Como decía, cuando alguien sobrevive a algo así, durante un tiempo lucha con todas sus fuerzas por conseguir recuperarse, porque piensa que, si se esfuerza lo suficiente, logrará volver a ser la persona que era antes.
Y se deja la piel en ello hasta la extenuación.
Pero llega un día en que por fin asume que tiene que dejar de luchar, que debe emplear su energía en asimilar la nueva persona que es ahora y en vivir y tratar de ser lo más feliz posible con su nueva realidad… no sé si me entiendes.
—Te entiendo, hace tiempo tuve una amiga que iba en silla de ruedas…—Una amarga sonrisa cubre su rostro. Always sabe que se refiere a Ella, pero no dice nada.
—Entonces entenderás lo que digo. Creo que ha llegado mi momento de dejar de luchar, asumir y continuar.
—Pero, Always —Nerea se vuelve y lo mira fijamente—. Debes intentarlo una última vez. ¿Y si pierdes la oportunidad de recuperar tus recuerdos? ¿Qué vas a hacer? ¿Rendirte?
—Tengo una buena razón para hacerlo.
Nerea se sonroja y vuelve la mirada, pero, un segundo después, empieza a negar con la cabeza.
—No —añade sin mirarle, tajante—. No puedes renunciar a esa posibilidad, nunca me lo perdonaría…
Always se conmueve ante sus palabras y siente un inmenso deseo de abrazarla, pero una vez más, se contiene.
—Yo podría acompañarte —improvisa Nerea y lo mira—. Conozco el pueblo. Sé cuáles eran las casas de mis amigos, de Teresa y Jonás, de Nico y Carmen, de los padres de Carolina, mi casa… Te sería de gran ayuda.
Always se sorprende con el inesperado ofrecimiento.
Sabe que el pueblo está al otro lado del inmenso bosque; debe ser un largo viaje, puede que de varios días de duración, y supondría pasar mucho tiempo solos, los dos.
Always no cree que pudiera soportar tantos días fingiendo, simulando indiferencia o solo amistad, aunque si los sentimientos de ella no eran recíprocos, ¿por qué se ofrecía a este viaje?
¿solo por buena voluntad? ¿tal vez por un deseo de aventura largo tiempo reprimido?
Al fin y al cabo, el fin del viaje era descubrir su pasado, un pasado en el cual puede que una historia en común no tuviera cabida, un pasado en el que él podría no ser la persona que pensaba ser.
Lo que estaba claro es que entre las sospechas de Nerea no se encontraba la de que él pudiera ser un traidor, pues no cree que se hubiera atrevido a acompañarlo de ser así; al menos esa certeza sí la tenía.
¿Y si ella también necesitaba aclarar sus sentimientos y la única forma de hacerlo era alejándose de la aldea, de sus gentes y cuchicheos?
Always levanta la mirada, que había mantenido en un punto indefinido en el suelo y ve que Nerea le observa, esperando una respuesta.
Se pierde en el misterioso color ámbar de sus pupilas e imagina cómo sería pasar tanto tiempo con ella, los dos solos…
¿y si el resultado del viaje era lo de menos? ¡Cómo negarse a esos ojos!
Pero, antes de abrir la boca, un pensamiento fugaz le devuelve a la realidad: Nerea no era totalmente libre, tenía una hija adolescente, una hija que, muy probablemente, estuviera metiéndose en líos en este preciso momento…
—¿Y Vero?
—¿Vero…? —Nerea sonríe sin apartar la mirada de Always, sin perder ni por un momento la calma y la seguridad en su decisión—. Sí, entiendo que me preguntes por ella, pero, francamente, creo que mi ausencia es lo mejor que podría pasarle en estos momentos…
Always mira a Nerea sorprendido.
—Mira, Always. Desde que llegamos aquí, no he sido la mejor de las madres, ¿sabes?
, siempre tan… apagada. Conforme Vero iba creciendo asumía cada vez más el papel de protectora en lugar del de hija, interpretando un rol que no le correspondía.
Todos estos años ha estado más pendiente de mí que de sí misma.
Siempre atenta, siempre buena, siempre siendo tan…
perfecta, la hija perfecta… Pero es una adolescente y tiene que empezar a comportarse como tal.
En serio, le vendrá muy bien mi ausencia.
Podrá quedarse en casa de Sara… si la habitación de Alejandro vuelve a estar disponible.
Nerea mira a Always y él ya no puede ocultar el entusiasmo que empieza a nacer en su corazón. Después de tantos días de oscuridad, aquella propuesta le parece el más delicioso de los bálsamos. No puede evitar soltar una risa espontánea…
—Así que Vero debe volar del nido.
—Exacto.
—Bien, en ese caso, creo que no tengo ninguna razón para no aceptar tu propuesta.
Ahora es Nerea la que sonríe ampliamente, entusiasmada con la idea de emprender semejante aventura en la compañía de Always. Sabía que podría tener un desenlace amargo, pero estaba deseando correr ese riesgo.
—Bien, entonces tenemos un trato —resuelve Nerea, risueña como una quinceañera, mientras le tiende la mano.
Always tarda unos segundos en reaccionar. Al fin, agarra la mano de Nerea con firmeza y ambos se miran con intensidad en un apretar de manos excesivamente largo. Al fin se sueltan, Nerea juguetea con su pelo y va a decir algo cuando Always habla:
—Bueno, ¿y cómo iremos hasta allí? Tengo entendido que el bosque está lleno de peligros…
—La verdad, Always, es que no tengo ni idea. —Nerea suelta una sonora carcajada, desprendiéndose así del rubor que la está atenazando—. Ya lo averiguaremos…
Y diciendo adiós con la mano se da media vuelta decidida, remontando el camino a la aldea, consciente de que los ojos de Always la observarán largo rato antes de desaparecer de su vista.