Fuego y cicatrices #5
—¿Que se enfureció? —Guille creía no haber escuchado bien.
—Sí, se enfureció y me amenazó.
—¿Te amenazó? Pero ¿qué le respondiste Roy? —Marta no da crédito.
—Le dije que con el dinero buscaría el pueblo de mi abuela para visitarlo y me dijo que no lo hiciera…
«por mi bien». Me clavó esa mirada suya y sentí auténtico terror, fue una sensación tan abrumadora.
Ahora empiezo a entenderlo todo. Ya sé cuál es el pueblo de mi abuela porque lo he visto con mis propios ojos en mis sueños y sé el motivo por el que no quiere que vaya, porque es bastante probable que mis padres aún estén allí y descubra qué ha hecho o qué está haciendo con ellos…
Fran, Marta y Guille se miran sin decir nada. Estaba claro que nada de lo que dijeran ahora mismo convencería a Roy de que estaba equivocado. Guille, que estaba analizando todo lo que Roy les había contado, rompe el silencio.
—Entonces, ¿crees que el pueblo de tu abuela es el mismo lugar en el que tú vivías con tus padres?
Roy asiente, aliviado de que, al menos Guille, trate de entenderle. Guille se acaricia el pelo pensativo.
—¿Y ese pueblo está en otro mundo o algo así y ella no quiere que vayas?
Roy asiente.
—¿Y crees que tus padres podrían estar vivos? —pregunta ahora Marta, contagiada por Guille.
—No lo sé, Marta… —responde Roy con sinceridad—. Pero sí tengo claro que no murieron en el incendio y que nunca vivieron conmigo en la casa de mis abuelos.
Guille se levanta, su instinto de periodista activado, bullendo datos en su mente como un ordenador.
—A ver, chicos, analicemos los hechos —proclama sin ocultar su entusiasmo.
Aquella historia empezaba a apasionarle y quería llegar hasta el final. Pensativo, empieza a caminar de un lado a otro, mientras golpea su barbilla con su dedo índice.
—Lo primero es establecer un orden cronológico. A veces, el simple hecho de ver la línea temporal de los acontecimientos es suficiente para esclarecer lo sucedido.
—¿Qué? —pregunta Fran.
—Ya se ha puesto en plan profe —añade Marta resoplando, pero Guille los ignora.
—¿Cuándo fue la primera vez que apareció esa mujer?
—En mi casa, el día después de enterrar a mi abuela —contesta Roy.
—No —interviene Marta.
Sus amigos se giran, mirándola con sorpresa.
—Ya os lo he dicho, fue el día del homenaje a Maya. Salí un momento del salón de actos y la vi en el gimnasio, mirando las fotos.
—¿Mirando las fotos? ¿Qué fotos? —pregunta Roy sorprendido.
—Pues las fotos de los corchos que tenemos… —Marta se calla, acaba de recordar por quién le había preguntado y siente un escalofrío recorrer su nuca—. Roy, me preguntó por tu abuela.
—¿Qué? —exclama Roy con un miedo creciente en su voz.
—Sí, la señaló en una foto y me preguntó quién era…
Marta empieza a contagiarse del temor de Roy; aquella coincidencia es, cuánto menos, inquietante.
—¿Y qué le dijiste? —pregunta Roy angustiado.
—Pues, le dije que era la mejor amiga de Maya. Me dijo que quería verla para hacerle una entrevista. Dijo que estaba haciendo un reportaje sobre Maya, no lo encontré tan extraño en ese momento… —se justifica angustiada.
—Joder, Marta… —ataja Guille, molesto con la inocencia de su amiga.
—¿Qué? Sonaba bien. Un reportaje sobre Maya, me pareció guay.
—¿Le dijiste algo más, Marta? —quiere saber Roy.
El corazón ha empezado a latirle con fuerza porque una horrible certeza se pasea ante sus ojos incrédulos.
—Pues… —Marta traga saliva antes de contestar, teme la respuesta que debe dar—. Sí, le dije que podía encontrarla en la residencia.
Fran exclama y se lleva la mano a la boca. Todos llegan en un segundo al mismo oscuro presagio, aunque ninguno se atreve a decirlo en voz alta, salvo Roy.
—Esa fue la noche en que mi abuela murió…
Se quedan en silencio, con la mirada perdida. Es Marta la que vuelve a hablar, con voz temblorosa.
—Acabo de darme cuenta de otra cosa. Esa mujer estuvo en el gimnasio donde trabaja mi hermana, preguntando por Aurora. Esa misma noche, Aurora muere, y a la mañana siguiente, fue la última vez que vi a mi hermana…
Levanta la mirada esperando la reacción de sus amigos, tanto si es para sacarle de la cabeza el disparatado pensamiento que está insinuando como para confirmar sus sospechas. Tardan un rato en reaccionar, pero al fin, Fran habla:
—Marta, esto no pinta nada bien, todo esto es demasiado… demasiadas casualidades. —Coge la mano de su amiga, mientras levanta la vista mirando a Roy y a Guille—. ¿No creéis?
Ambos mueven la cabeza afirmativamente. Roy se levanta.
—Vamos a casa, debo dormir —anuncia con decisión, mientras comienza a andar con paso ligero.
Marta y Fran se levantan también y le siguen, más despacio, aún consternados. Guille alcanza a Roy.
—¿Qué piensas? —le pregunta, mientras le detiene cogiéndole del brazo.
—Necesito respuestas y solo alguien puede dármelas.
—¿Esa chica? —inquiere Guille, mientras retoman el paso. Fran y Marta les siguen detrás.
—Sí. Necesito saber más de esa mujer y necesito saber qué fue de mis padres y solo hay una forma de averiguarlo: viajando a su mundo. Carolina sabrá cómo hacerlo.