El traidor #3
—No lo sabemos. En trece años no hemos tenido noticia de ningún superviviente.
—Nico traga saliva—. Puede que Ella se haya hartado de este mundo, lleve años viviendo en el mundo humano y sigamos escondidos en el bosque sin motivo.
O puede que sus bestias sigan corriendo entre las Flores de Ikigai, por las calles abandonadas de nuestro antiguo pueblo, a la espera de vernos regresar para acabar con nosotros…
¡Quién sabe! Todo son suposiciones… en silencio.
Nadie habla de esto, asumimos nuestra decisión de permanecer aquí y aquí vivimos en paz; o puede que tan solo sobrevivamos… no lo sé.
Nico guarda silencio, perdido en sus pensamientos. Always reflexiona sobre lo que acaba de escuchar y una idea lo invade, picándole en la lengua molesta, hasta que no puede evitar decirla en voz alta.
—Y en todo este tiempo… —empieza despacio, esperando no molestar a Nico—. ¿Nunca habéis pensado en regresar para averiguar qué pasó?
Nico mira a Always y sonríe. No parece ofendido y Always, que ha aguantado la respiración, respira aliviado.
—Sí, claro. Muchas veces, de hecho. Pero Laobán opina que si los prisioneros no han encontrado la forma de escapar en todo este tiempo, tampoco nosotros lo haremos. Solo conseguiremos más muertes.
Always recuerda las palabras de Laobán: «soy la persona más vieja de la aldea, aquí se respeta y valora la sabiduría que otorgan los años». Pero no puede evitar sentir que es un pensamiento derrotista. Nico parece leerle el pensamiento y añade:
—En la aldea hay niños, jóvenes y ancianos. Una cruzada así los pondría en peligro a todos. ¿Quién pondría en riesgo todas esas vidas por una empresa quizá imposible?
Always abre la boca para decir algo, pero vuelve a cerrarla, pensativo. Tal vez tengan razón. Allí vivían en paz, todos cuidaban unos de otros, tenían alimento abundante y ningún peligro aparente. ¿Por qué arriesgar todo eso por una vana esperanza?
—Tranquilo, Always. —Nico le da una palmada en el muslo—. Tengo el presentimiento de que no tardaremos mucho en vernos arrastrados a descubrir lo que pasó.
Always mira a Nico sorprendido. Nico permanece en silencio, muy serio, una oscura preocupación empieza a cubrir su rostro y Always, sacudido por un estremecimiento, comprende.
Se refiere a él. Sospecha o ¿tiene la certeza?
de que él es el traidor… Nico levanta la cabeza y lo mira fijamente, el gesto duro.
Always baja la cabeza. ¿Cómo podrá defenderse de algo que no recuerda?
—Las chicas no aguantarán mucho más —anuncia Nico al fin.
Always lo mira sorprendido, intentando averiguar si ha escuchado bien—.
Mi hija Andrea, Sara, Vero y Carolina. Han crecido tan rápido…
Ya no son unas niñas y empiezan a hacerse preguntas.
Llegará un momento en que continuar viviendo aquí escondidas no será suficiente para ellas.
Me doy cuenta de que esta calma empieza a asfixiarlas y el peligro que pueda haber ahí fuera será para ellas, más una salida que un peligro a evitar…
Nico guarda silencio, reflexivo, rendido ante lo que para él es una evidencia. Always lo observa, analizando lo que acaba de decir, entendiendo su profunda verdad, pero no lee en su rostro decepción o miedo.
—Es lo normal, ¿sabes? Lo asumo. Yo también tuve dieciocho años y quise comerme el mundo…
—Nico sonríe, Always se sorprende de la calma con la que acepta que su hija pueda ponerse en peligro—.
En verdad es cómo tiene que ser. No quiero que mi hija se resigne a esta vida sin saber todo lo que el mundo puede ofrecerle.
Tiene derecho a elegir, como yo lo hice en su día.
Nico denota orgullo en su voz y Always comprende sus sentimientos. Aunque un peligro desconocido pueda acecharlas, no puede evitar llenarle de satisfacción comprobar que las jóvenes no se habían contagiado del miedo y la rendición de los adultos.
Nico mira a Always un rato. Parece querer añadir algo más pero finalmente continúa callado. Always se da cuenta de que calla algo, algo relacionado con él, pero prefiere no averiguarlo.
Ciertamente Nico piensa en Always. Recuerda su conversación con Jonás, su pacto de hablar con Laobán para prevenirlo sobre las chicas y cómo habían estado de acuerdo en esperar a que el humano recobrara su memoria.
Mirándolo ahora, se pregunta si no estarán esperando para nada, si su mente será para siempre un lienzo en blanco y su pasado un misterio que jamás resolverán.
En ese preciso momento decide que deberían fijar un plazo máximo para que Always recupere la memoria; no pueden seguir esperando indefinidamente.
Hablaría con Jonás de nuevo y fijarían una fecha, ¿una semana más?
¿quince días? Un mes como mucho, se dijo.
Un mes para dar al traste con el letargo que había regido sus vidas desde hacía trece años.
Nico siente en su interior una excitación inesperada.
Su cuerpo tendrá treinta años más, pero la expectativa de vivir al fin una aventura lo embriaga cómo si aún tuviera dieciocho.
Ahora se pregunta cómo puede haber esperado tanto, aunque enseguida sabe la respuesta.
El mismo motivo que le hizo contenerse y elegir la seguridad de ese rincón perdido en el bosque, ahora lo impulsa a salir de allí a cualquier precio y ese motivo no es otro que Andrea.
La niña asustada se había transformado en una mujer fuerte y valiente y él debía estar a la altura.