El vuelo de los gansos 23. El gran salto
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23. El gran salto

El gran salto

Cuando el doctor Martin Lyon desapareció de la órbita pública, y cayó simultáneamente el prestigio del movimiento ciudadano que impulsaba, desapareció poco a poco la tensión política contra Solar Alternative en Alemania.

Ya no se habló más de acotar por la vía legislativa su actividad o la de la alianza con la DEP y Kronenbauer.

Kloster iba recuperando el ánimo. Su hijo estaba prácticamente recuperado de las gravísimas heridas que le tuvieron varios días al borde de la muerte.

Los secuestradores supervivientes confesaron a la policía los pocos detalles que conocían del encargo que recibieron de unos desconocidos.

En todo caso, nadie pudo tirar de ningún hilo que pudiese conducir hasta el núcleo de la conspiración.

El mundo de Markus Zhukov seguía siendo una incógnita para Thomas Henderson y sus investigadores.

Todo indicaba que, tras una fase muy complicada, Kloster y sus dos amigos se deslizaban ahora hacia un periodo fructífero.

En Alemania y en España las dos alianzas para fabricar paneles y baterías a gran escala iban a muy buen ritmo.

En muy pocos meses estarían produciéndolas.

Cuando se empezasen a instalar aumentaría rápidamente la generación de electricidad limpia y se empezarían a ver los primeros resultados.

Al mismo tiempo, muchos países solicitaban la formación de empresas mixtas: Bélgica, Holanda y Dinamarca, y también Eslovenia y Croacia; y otros países con mucho sol también pero más grandes, como Italia y Grecia, a los que se sumó muy pronto Turquía.

Miguel sugirió crear un grupo técnico que analizara de una en una las peticiones internacionales, y Paul admitió que se trataba de una buena idea.

Kloster sentía que no era suficiente con el avance que supondría pronto el ejemplo de Alemania y España. Debía ir más rápido, tal como pedía Miguel. Pero Michael, con sensatez germánica, les advertía de que perder el control de su tecnología podía resultar un grave error.

—Tenemos que ir a la velocidad que garantice un crecimiento eficaz. No hay que buscar la espectacularidad, sino la eficacia.

Paul tuvo que reconocer que Michael tenía razón. Pero no podía impedir el sueño mesiánico que se estaba apoderando de él. Aunque se guardaba mucho de exteriorizarlo, creía estar cumpliendo una misión.

En medio de las discusiones, esta vez no acaloradas, con sus socios, en cierto momento Paul se dejó dominar por un instinto muy poderoso, y consideró oportuno dar una primera entrevista a un medio para explicar su visión.

De alguna forma le había quedado el regusto amargo de no enfrentarse públicamente al doctor Lyon en el debate televisivo que se suspendió in extremis .

Decidió planteárselo a la responsable de la estrategia de comunicación de Solar Alternative.

—Quiero dar una entrevista para explicar nuestros planes. No he hablado desde la rueda de prensa de Granada. Creo que es hora de tener una mayor exposición pública.

—Paul, tu silencio te hace fuerte. Los éxitos de tu empresa hablan por ti —respondió Hautemanière.

—Lo considero necesario. Quiero hablar —insistió Kloster.

—Paul, si esta es tu decisión, no te lo puedo impedir. Déjame pensar a fondo quién sería el periodista más adecuado, el medio más útil —le pidió Amélie.

—¿Qué tal Kerstin Holstein? —sugirió Paul.

—Quizá ahora no sea la vía deontológicamente más adecuada —dijo la comunicadora.

—Claro que sí, Amélie. Holstein es una periodista muy respetada.

—Bueno…, es que… ella y yo… tenemos une liaison amoureuse —contestó utilizando esa expresión francesa para describir una relación sentimental.

—¿Cómo? ¿Que sois pareja? —terció Kloster con una expresión pícara dibujada en su cara.

—Nos estamos conociendo —explicó ella algo incómoda—. Todo surgió a raíz de la información que le facilité sobre el fraude del BDS. Nos vimos a solas y surgió la magia. Soy la primera sorprendida. La vida, a veces, te da una oportunidad donde menos lo esperas para ser feliz.

—Pues es muy atractiva, aunque parece la severidad en persona. Es guapa. Me gusta —apuntó con un tono que molestó a Amélie.

—Cállate, Paul. No empieces con tus frivolidades. Y, por favor, guárdame el secreto.

Por supuesto, no lo hizo. Esa misma tarde se lo estaba diciendo de manera confidencial a sus dos amigos del alma, Polo y Seiffert, salpicando la explicación con expresiones irrepetibles.

Finalmente, Hautemanière eligió que las nuevas declaraciones de Paul se lanzaran al mundo desde España, un país de referencia en las operaciones de Solar Alternative.

Le ofreció esa oportunidad al periodista español que más respeto le infundía.

Se trataba de Miguel Ángel Noceda, un periodista riguroso, el director del periódico Ahora de Madrid.

Tal y como Amélie esperaba, la entrevista fue reproducida a nivel global.

—Hablemos primero de geopolítica —empezó el periodista—, ¿sigue creyendo que con los paneles de tercera generación y con las baterías de Solar Alternative la guerra de Irán iniciada en 2026 perdería todo el sentido?

—No tengo ninguna duda al respecto. Sin el petróleo, Estados Unidos no habría atacado a Irán.

Si esta fuente de energía deja de ser relevante, las guerras por el control del petróleo y del gas serán parte de nuestro triste pasado.

El sol, con mayor o menor intensidad, está en todas partes.

La energía solar fotovoltaica se consume donde se genera.

Si se produce a gran escala y se puede almacenar de forma masiva, ¿qué interés geoestratégico puede tener para una gran potencia el control de los yacimientos de petróleo o de gas?

—¿Qué nuevo mundo está vislumbrando?

—En este aspecto concreto, el de la democratización de la energía. El de un sistema descentralizado en el que cada país produzca lo que consuma. Con ello se acabaría el chantaje petrolífero o gasístico.

—¿Esta arcadia feliz en qué plazo se podría alcanzar?

—En diez o quince años.

—¿Cómo quiere hacerlo?

—Replicando en todos los países que quieran hacerlo el modelo que hemos puesto en marcha en Alemania y en España.

—¿Puede citar alguno en concreto?

—Estamos explorando varias opciones, pero aún es pronto.

En este punto Kloster optó por ocultar que tenía a Japón en su punto de mira.

De hecho, cuando dio esa entrevista ya se había retomado el proyecto nipón.

Quien reestableció el contacto a finales de julio fue de nuevo el profesor Rioichi Sakakivara, el marido de la codirectora científica de Solar Alternative.

Su gobierno quería reiniciar las conversaciones con Solar Alternative, interrumpidas después de la primera reunión exploratoria que tuvo lugar en la embajada de Londres.

El secuestro del hijo de Kloster en París las suspendió.

En el curso de la entrevista explicó que quería actuar sobre los procesos industriales, uno de los grandes focos de emisiones de gases de efecto invernadero y sobre las nuevas necesidades energéticas provocadas por el rápido desarrollo de la Inteligencia Artificial.

No olvidó mencionar el transporte terrestre, aéreo y marítimo.

—Imagine usted este escenario —dijo Kloster mirando al periodista con ojos de soñador, tal y como este lo describió en su transcripción—: se estima que en torno al 40 por ciento de los barcos que circulan en nuestros mares transportan gas, petróleo o carbón.

De golpe desaparecerían no solo los riesgos de mareas negras sino también las emisiones de dióxido de carbono que genera este transporte.

Y eso sin mencionar que no sería muy difícil que los barcos se moviesen con energía solar apoyados en unas baterías muy potentes.

En resumen, unos mares más limpios, unos ecosistemas más protegidos, un planeta más habitable.

Poco después de que se publicara la entrevista, Paul volaba a Tokio, acompañado por el español Eduardo Ameijide, director de la nueva estructura internacional de Solar Alternative.

La dependencia de Japón de las exportaciones de combustibles fósiles era extrema, muy superior a la de los dos países anteriores.

El archipiélago casi no disponía de ninguna de estas materias primas.

Sus interlocutores lo recibieron a principios de agosto con los brazos abiertos.

Encabezaba el equipo japonés Kazuki Tokunaga, viceministro de Política Económica, la misma persona con la que Paul se había reunido en la legación nipona de la capital británica.

Los japoneses fueron muy claros desde un primer momento.

Querían ir mucho más lejos que Alemania o España.

Se trataba de una apuesta de Estado. Buscaban, a través de la tecnología de Solar Alternative, adelantar más de una década su plan de emisiones netas cero de gases de efecto invernadero, inicialmente fijado para el año 2050.

Para ello estaban dispuestos a movilizar todos sus recursos, en un plan gigantesco dirigido desde el Gobierno y en el que participaría el sector empresarial del país.

Querían inundar el archipiélago de parques solares dotados de la nueva tecnología y transformar los existentes.

Todo ello acompañado de la instalación de una potentísima infraestructura de baterías acumuladoras y de una macroinversión en las redes de distribución.

Kloster no podía estar más feliz. Se trataba de una gran oportunidad que no debía dejar pasar de largo.

Pronto establecieron un marco de acuerdo, y a partir de ese momento hubo un relevo trascendental en la parte nipona de la negociación.

Tomó la responsabilidad el ministro de Economía, Comercio e Industria, Kinuharu Nagamatsu.