22. Desentrañando la conspiración #2
Mientras tanto, un equipo mixto integrado por investigadores de Henderson y especialistas en comunicación de Hautemanière trabajaban de forma conjunta.
Estaban analizando en profundidad las actuaciones del BDS en la sociedad digital.
La insistencia de los conspiradores en preguntar a zu Quedlinburg por el movimiento del doctor Lyon derivó en esta investigación.
A finales de octubre ya tenían unas conclusiones muy claras.
Paul tenía cada vez más claro que quería enfrentarse a su adversario en público.
Nada ni nadie era capaz de hacerle cambiar de opinión.
Amélie siempre lo desaconsejaba, mientras que Polo y Seiffert intentaban disuadirle.
Pero él siempre contestaba que Lyon había traspasado una línea roja al acusarlo de provocar el secuestro de su hijo.
Quería despedazarlo en un debate cara a cara transmitido en directo y por una televisión popular y en horario de máxima audiencia.
Se sentía en plena forma, después de que su hijo, muy recuperado de las heridas que le infligieron los secuestradores, hubiese recibido el alta hospitalaria.
Viendo que su decisión era firme, la comunicadora se puso a trabajar con su equipo para construir un argumentario sólido de cara a ese enfrentamiento que, tarde o temprano, acabaría por producirse.
La primera brecha salió de la investigación conjunta llevada a cabo por los equipos de TBH y de HMC.
Los detectives y los comunicadores descubrieron que el apoyo que tenía el movimiento BDS en la sociedad digital presentaba algunas características sorprendentes.
Aunque los mensajes de la plataforma de Martin Lyon contaban con un fuerte apoyo entre muchos particulares legítimos, los expertos detectaron rutinas automatizadas que se activaban para impulsar los mensajes lanzados desde BDS.
Esto resultaba más evidente cuando esos mensajes se referían directamente a Paul Kloster.
Los análisis de los patrones de actividad reflejaban aumentos repentinos de los likes en periodos muy cortos de tiempo, sobre todo ante determinados mensajes lanzados desde el BDS.
Las herramientas de análisis de datos utilizadas por el equipo conjunto de Henderson y de Hautemanière encontraron también saltos repentinos en las interacciones.
Cuando se aludía al Megalodón de la energía o al hashtag «#pararalmegalodón», enseguida se generaba un alud de comentarios muy negativos en contra del odiado escualo.
Estos eran muy superiores, incluso en términos de progresión geométrica, a los que se producían cuando los mensajes del BDS no iban dirigidos hacia la persona de Paul Kloster, sino a los oligopolios de producción de electricidad, redes de alta tensión o estructuras centralizadas contrapuestas a las comunidades de generación de energía renovable.
Otro punto que llamaba mucho la atención era que la mayor parte de estas interacciones anómalas no se generaban en Alemania o en la Unión Europea. Provenían de Montenegro, de India, de Indonesia, de China, de Vietnam, de Filipinas o de Bangladés.
—¿Qué significa esto? —preguntó Amélie a uno de sus colaboradores cuando le informó.
—Muy simple —respondió este—. Esto corresponde a granjas de clicks.
—¿Qué es eso? —quiso saber intrigada.
—Son empresas que están en países con bajos costes laborales que utilizan un sinfín de dispositivos, básicamente de teléfonos agrupados, dirigidos a través de programas automatizados.
De esta forma, generan likes falsos y también seguidores inexistentes que aumentan artificialmente la visibilidad y la popularidad en la sociedad digital —explicó el especialista.
Pero la clave determinante llegó a través de un informador de TBH, una persona que trabajaba en la plataforma de crowdfunding que centralizaba las aportaciones del BDS.
Con sus datos descubrieron que el micromecenazgo en línea, del que tan ufano y orgulloso se sentía el doctor Lyon, estaba adulterado.
Infinidad de aportaciones, encauzadas a través de diversas plataformas, encontraban su origen en multitud de bots que estaban haciendo pequeñas aportaciones al BDS.
El origen de muchas pequeñas aportaciones de dinero se encontraba también en granjas de bots.
Todas estaban en países con regulaciones y controles muy laxos de las actividades en línea.
Estas granjas generaban perfiles falsos en las redes sociales que solo se relacionaban entre sí y que solo seguían al BDS.
Desde estas cuentas artificiales se estaban encauzando numerosísimas aportaciones económicas de pequeñas cuantías que engrosaban la caja del movimiento ciudadano del conocido activista, sin que este fuese consciente de esta adulteración.
Alguien con muchísimo dinero apoyaba en secreto al BDS.
Con esta información y los resultados del resto de las investigaciones, Henderson y Hautemanière comunicaron sus conclusiones a Kloster, Seiffert y Polo.
—Entonces ¿el doctor Lyon es un fraude? —preguntó Paul exultante y henchido de satisfacción.
—Él puede no serlo, pero su campaña de crowdfunding sí lo es —dijo Thomas con absoluta seguridad—. Lo están utilizando y es muy probable que él no lo sepa.
—¿Quiénes lo utilizan? —planteó Miguel.
—Los de siempre, cabe suponer. Esa misteriosa organización que está detrás de todos nuestros problemas, desde el deepfake quemando el Corán, hasta los informes falsos, pasando por el soborno y asesinato de la condesa y el secuestro del hijo de Paul —respondió Henderson.
—Esto nos da una oportunidad para contrarrestar los ataques del BDS y la presión que ejerce sobre el Gobierno federal —opinó Michael.
—Nuestro informante ha aceptado hacer de whistleblower . Quiere, además, denunciar algunas prácticas de su empresa. Está dispuesto a comparecer ante los medios de comunicación y explicar la adulteración del micromecenazgo del BDS —explicó el detective.
—¿Como le habéis convencido? —preguntó Michael.
—Tiene garantías de que le apoyaremos en todo el proceso y después —contestó Henderson.
—En términos de imagen pública esto es demoledor para Lyon y su organización —aseveró Amélie.
—Primero quiero enfrentarme a él en un cara a cara y destrozarlo con argumentos. Insisto. Es un fantoche. Tengo muchas cuentas pendientes con él —intervino Paul con un gesto de rabia en su expresión—. Después del debate, hacéis públicos estos datos.
Todos parecieron asentir a las palabras de Kloster. Se respetarían sus tiempos, tal y como él pedía, o al menos esto es lo que pareció cuando finalizó la reunión.
Amélie siguió el guion establecido. Al día siguiente ofreció el cara a cara a una de las principales cadenas de televisión alemanas, que aceptó entusiasmada moderar y retransmitir el debate.
Sus ejecutivos vieron una gran oportunidad en términos de audiencia.
Martin Lyon se sorprendió al conocer que Paul Kloster aceptaba sentarse frente a él ante las cámaras.
Solo puso como condición que el moderador fuese una periodista que consideraba próxima a sus postulados.
La cadena lo aceptó en parte, ya que designó a otro periodista más, para que compartiesen la moderación y conseguir que fuera equilibrada.
Sin embargo, todo cambió dos días antes de la fecha anunciada.
Fue cuando The TransEuropean , el periódico europeo de referencia, publicó una entrevista con el whistleblower , acompañada de un amplio reportaje.
En él, se desvelaba con todo detalle las tripas de la adulteración de la campaña de crowdfunding del BDS y de las actuaciones de las granjas de likes y de bots a favor del movimiento de Martin Lyon.
La sorpresa y el impacto fueron absolutos.
A las pocas horas todos los medios, dentro y fuera de Alemania, replicaron la noticia.
De golpe, la opinión pública se volvió contra el activista y su movimiento.
El BDS era un fraude y la pregunta que todo el mundo se hacía era unánime: ¿a qué oscuros intereses respondía el doctor Lyon?
Este, desconcertado y presa de un ataque de pánico, no sabía cómo contestar al aluvión de preguntas que planteaban multitud de periodistas.
Los teléfonos no cesaban de sonar buscando respuestas.
Las redes sociales, con la participación del equipo de Amélie Hautemanière y sus terminales externas, se inundaron de comentarios agresivos y de memes ridiculizando al BDS y a su líder.
Los seguidores del doctor, con la excepción de un reducido grupo de sus más fieles escuderos, le abandonaron.
Los parlamentarios que mostraron proximidad a sus postulados marcaron de inmediato su distancia en público.
Se estaba quedando solo. Esta caída a los infiernos o cancelación fue muy rápida, casi instantánea.
Como resultado, y para consternación de los responsables de la cadena de televisión, el mismo día en que el debate estaba anunciado, el activista renunció a participar.
La estrella de Martin Lyon se apagó al instante y para siempre a finales de octubre.
El artículo de The TransEuropean que sentenció al BDS y a su líder lo firmaba Kerstin Holstein, la misma periodista que publicó un perfil de Kloster con declaraciones suyas después de la rueda de prensa de Granada.
—Yo quería debatir con ese sinvergüenza y tú lo has dinamitado dando toda la información a tu amiga Holstein —protestó Kloster.
—No es mi amiga —respondió Amélie.
—A lo mejor es que te la quieres ligar y por eso le has regalado la información. Es muy atractiva, ¿no te parece? —dijo él con tono sarcástico.
—Sí, es atractiva. Me gusta. Lo reconozco. Pero sobre todo es la corresponsal energética del periódico más importante de la Unión Europea. No tenía muy claro que fueses capaz de controlar tus impulsos en un debate con Lyon. Por eso intervine antes. No estaba segura de que fueses a ganar.