El vuelo de los gansos 18. Lyon denuncia un complot
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18. Lyon denuncia un complot

Lyon denuncia un complot

La cruzada personal de Martin Lyon contra Paul Kloster aumentó en intensidad dos semanas después de la exitosa manifestación que su movimiento convocó en Berlín.

Esta nueva fase de la campaña arrancó cuando la organización del doctor Lyon recibió por vía postal ordinaria un voluminoso sobre que contenía una carta, sin firmar, y un documento con el membrete de Solar Alternative GMBH.

En la misiva el remitente afirmaba, sin identificarse, ser un directivo de nivel medio de la filial alemana de la empresa de Kloster.

El anónimo remitente declaraba haberse escandalizado tras haber descubierto algo que le había hecho sentir la obligación moral de denunciarlo.

Explicaba que esta decisión suponía poner en riesgo su seguridad personal y la de su familia.

Por eso se veía obligado a preservar su identidad.

Lo primero que escandalizó al activista fue conocer que existía una «guardia pretoriana», así la definía el informante en su carta, encargada de vigilar al personal de Solar Alternative.

Este servicio de seguridad, que no reparaba en medios para conseguir sus objetivos, habría impuesto un «régimen de terror», decía el remitente, dentro de la empresa.

Todos los empleados, investigadores, ingenieros, instaladores, administrativos…

, debían pasar por controles regulares de seguridad, y en algunos de esos controles se llegaba al extremo, incluso, de tener que someterse a pruebas de polígrafo o detector de mentiras.

Pero no solo eso. Esta «guardia pretoriana» vigilaba también a todos quienes Kloster y los suyos consideraban «enemigos exteriores».

En este contexto el denunciante alertaba a Martin Lyon y a sus colaboradores más próximos de que todos sus movimientos estaban siendo sometidos a un minucioso y permanente escrutinio. Y el denunciante iba más allá:

Si alguno de ustedes tiene algo en su vida personal que quiere que no se sepa, no tengan ninguna duda de que los espías de Solar Alternative se acabarán enterando y que tarde o temprano lo utilizarán para doblegar su voluntad o para atacarles.

También les aconsejo que sean prudentes en sus desplazamientos, sobre todo por carretera, porque podrían sufrir un terrible accidente.

El doctor Lyon se estremeció al leer estas líneas y convocó al instante una reunión con sus principales asesores.

—Lo que nos faltaba por saber —les dijo—.

Paul Kloster es un ser del todo amoral que no dudaría en eliminar físicamente a sus adversarios si lo ve necesario.

Es mucho peor de lo que habíamos imaginado.

Nuestras vidas peligran. No puedo sino confiar por completo en la veracidad de lo que dice el anónimo. ¿Estáis de acuerdo?

Miró de uno en uno a sus cuatro dirigentes más próximos y comprobó que todos asentían a sus palabras.

—A partir de ahora —prosiguió Lyon en un tono de grave serenidad—, debemos extremar la cautela.

Nuestras vidas podrían correr peligro. Hasta este momento, había pensado que Kloster era solamente un hombre cegado por el dinero y el poder.

Ahora veo que es algo peor, que se trata de alguien que no conoce límites a la hora de perseguir sus objetivos.

Ni siquiera el respeto a la vida humana —concluyó el activista entre indignado y asustado.

El rostro de los miembros de su equipo de confianza mostraba expresiones en las que se mezclaban la aprobación y el miedo…

El informante explicaba en su carta que la «guardia pretoriana» de Kloster estaba formada por miembros de la empresa estadounidense TBH, propiedad de un detective llamado Thomas Beaulieu Henderson.

Trabajaban para aquella empresa, en la misión específica de Solar Alternative, varios exagentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de otros servicios secretos de países occidentales.

Se trataba, explicaba la carta, de «personas expertas en guerra sucia y otras artes oscuras, que tienen orden de no reparar en medios para conseguir sus objetivos».

Junto a esta misiva, el denunciante anónimo adjuntaba un documento con el membrete de Solar Alternative GMBH en cada una de sus páginas.

En aquel texto de Solar Alternative se describía una estrategia que el doctor Lyon no dudó en calificar de «diabólica».

Partía de un principio, que era el de preservar a toda costa los secretos de la tecnología de Solar Alternative.

Esta se ofrecería con limitaciones a algunos gobiernos y a conglomerados energéticos de países alineados:

… al bloque OTAN, junto con Japón, Australia y Nueva Zelanda…

Pero no a todos los países y, dentro de ellos, nunca a todas las corporaciones energéticas…

Es necesario generar una dura competencia entre naciones y empresas, de tal forma que rivalicen duramente entre sí por ganarse nuestro favor ofreciéndonos las mejores condiciones.

Los elegidos serán los vencedores de la nueva guerra energética, siempre bajo control absoluto de Solar Alternative.

Así, según explicaba el documento, se conseguiría construir un sistema cerrado de oligopolios en la oferta de electricidad limpia de origen solar fotovoltaico.

Los países que lograran ser aceptados tendrían como «recompensa» el desarrollo en sus territorios de una industria auxiliar ligada a la implantación de la nueva tecnología.

Sus gobiernos se beneficiarían de un electorado satisfecho por el respeto al medioambiente y por el crecimiento del empleo.

Mientras que las empresas involucradas obtendrían un importantísimo incremento de su valor en bolsa.

El documento con membrete oficial proseguía:

Esta estrategia conducirá a una dependencia de Solar Alternative tanto de los países elegidos como de las empresas incluidas, que se irá acrecentando con el tiempo.

Con los beneficios obtenidos, dispondremos de ingentes recursos para financiar la investigación científica.

Nadie tendrá tanta capacidad de inversión como nosotros; y todos, salvo Solar Alternative, quedarán al margen del proceso de innovación tecnológica.

El doctor Lyon, que iba leyendo el documento en voz alta, levantaba de vez en cuando la vista para mirar a sus colaboradores, cuyos rostros revelaban la gravedad de toda esa información secreta.

Sus peores sospechas estaban siendo confirmadas, incluso más allá de lo que hasta entonces habían pensado sobre la empresa de Kloster.

Siguiendo el modelo de los oligopolios de Silicon Valley, un nuevo poder tecnológico vinculado al cambio climático derivaba fatalmente en un monopolio que solo pensaba en su propio poder y crecimiento.

En cuanto a ellos, los dirigentes de BDS, el aviso era muy claro: podrían tener un accidente en sus «desplazamientos por carretera».

No habían previsto que su integridad personal o su vida pudiesen estar en peligro por oponerse a los planes del Megalodón de la energía.

Tampoco habían imaginado que Solar Alternative se hubiese propuesto como verdadero objetivo el control y dominio del mundo a través de una tecnología capaz de salvar el planeta.

El informe confirmaba, sin ninguna duda, todas sus sospechas y temores, pero las llevaba mucho más allá. Paul Kloster era un insaciable depredador empresarial. Y, desde luego, nunca contaría con la fuerza de los ciudadanos en la implantación de su tecnología.

A Martin Lyon y a sus colaboradores no les cupo ninguna duda de la necesidad de pasar a la acción de inmediato.

Su seguridad personal estaba también en juego.

Debían convocar a los medios de comunicación para informar de lo que estaba ocurriendo.

Tendrían que hacer público el contenido de la misiva, tanto por medio de la prensa como subiendo la carta a la página web del BDS.

Esto último alertó a uno de los colaboradores del activista, un rubicundo y joven bávaro.

—Podríamos poner en peligro la vida de nuestro informante. ¿No sería más adecuado dar a conocer solo el documento? —preguntó.

—De ninguna manera. La carta es muy reveladora. Quien nos la haya mandado sabe a qué está jugando y los riesgos que corre. Sabrá protegerse. Ese no es nuestro problema —zanjó el doctor Lyon con una mirada fría.

Dos días más tarde, el líder del BDS compareció en rueda de prensa, acompañado de sus colaboradores más próximos, para dar a conocer la información que obraba en su poder.

Después de hacer público el contenido completo de la denuncia anónima, presentaron una batería de acciones legales.

La primera, ante la Policía Federal, por considerar que existían pruebas de posibles delitos penales en las amenazas contra la integridad física de los dirigentes del movimiento.

La segunda, una demanda civil laboral, denunciando los controles de seguridad a los que estarían sometidos los trabajadores de la filial alemana de Solar Alternative.

La tercera, ante las autoridades regulatorias, instándoles a iniciar una investigación sobre la empresa de Kloster por estar llevando a cabo prácticas monopolísticas.

Los medios digitales y convencionales llevaron la noticia a sus titulares. Sin embargo, aunque las denuncias que presentaron ante las distintas autoridades tuvieron una gran repercusión mediática, acabaron teniendo poco recorrido policial o judicial.

Por eso, en una nueva intervención ante los medios, y con un poder de convocatoria creciente, el doctor Lyon trató de conseguir el respaldo institucional.

—Apelo al Gobierno federal para que intervenga.

El canciller Schelling no puede ignorar la gravedad de estos hechos —proclamó con solemnidad, en un tono declamatorio que había ido practicando con el paso de los meses tras el inicio de su campaña—.

Apelo también a los partidos políticos con representación parlamentaria para que aprueben leyes que nos protejan de las actividades de Solar Alternative.

Por último, solicito una vez más a la Policía Federal que abra una investigación sobre las actuaciones de los mercenarios de Paul Kloster.

La sorpresa fue mayúscula en Solar Alternative.

Kloster y Henderson, desde Nueva York; Seiffert y Hautemanière, desde Frankfurt; y Polo, desde Madrid, mantuvieron una reunión telemática encriptada para analizar esta nueva crisis.

—He recibido una llamada de la oficina del canciller federal para preguntarme sobre estos documentos y la denuncia anónima.

Les he asegurado que todo es falso. Pero están muy preocupados.

Dicen que esto supone para el Gobierno un problema político y que debemos ser nosotros los que respondamos de manera inmediata y creíble —les contó Michael.

—Ahora mismo hay una prioridad, que es limpiar nuestra imagen. Una vez más. Desmentiremos inmediatamente todas las acusaciones de la carta y la falsedad del documento que ha presentado Martin Lyon. He preparado un comunicado para difundirlo a todos los medios, en cuanto lo aprobéis —apuntó Amélie.

Kloster, Seiffert y Polo dieron el visto bueno a la nota de prensa.

Luego Henderson tomó la palabra.

—Son muy pocas las personas que saben que trabajamos con Solar Alternative.

Manejo dos opciones: o tenemos un topo que se ha infiltrado en algún lugar de nuestras organizaciones, o nuestras conversaciones están intervenidas.

Debo deciros que descarto la segunda posibilidad.

Por tanto, tenemos un topo. No me cabe ninguna duda.

—¿Estás seguro? —preguntó Kloster, sorprendido.

—Si estás en lo cierto, ¿para quién trabaja esa persona infiltrada? —preguntó Amélie desconcertada.

—Para los mismos que elaboraron y difundieron el deep fake con la quema del Corán —empezó a decir Henderson, con el aplomo de quien ya está seguro de lo que afirma.

Y continuó—: Para los mismos que elaboraron y difundieron informes falsos sobre la fiabilidad de la tecnología de Solar Alternative y sobre los problemas financieros de Paul.

Para los mismos que, al margen de Íñiguez, contrataron al excomisario español haciéndose pasar por agentes de la CIA.

Y no sé aún si para los mismos que tomaron las fotos de Paul con la esposa de Kronenbauer.

Aquí nada es casual —concluyó el detective.

Paul se quedó en silencio. Y tras un minuto de reflexión que todos respetaron, alzó la vista y dijo:

—Amigos…, tiene que ser tal como dice Thomas.

Nada puede ser casual. Eso supone que tenemos un enemigo que es muy poderoso y que está muy especializado, muy bien financiado, y que trabaja con una clase de organización que nos ha superado por completo.

Cuanto menos tardemos en admitirlo, antes podremos actuar en contra del origen de todos los problemas.