15. El poder de las redes en la difusión de bulos
El poder de las redes en la difusión de bulos
Eran las ocho de la mañana cuando sonó el teléfono de Paul Kloster. Se trataba de Amélie Hautemanière. Descolgó inquieto. No era habitual que quisiese comunicarse con él a primera hora del día.
—Hola, Amélie. Si me llamas, tiene que ser por algo grave. ¿Debería preocuparme?
—Sí, Paul. Están apareciendo por multitud de canales unos vídeos supuestamente tuyos y muy peligrosos.
—¿De qué se trata?
—De deepfakes muy elaborados y muy bien hechos, tanto que parecen auténticos.
—¿Y qué se supone que hago en esos vídeos?
—Estás en una fiesta muy concurrida rodeado de mujeres semidesnudas y aparentemente borracho.
En un momento dado te sitúas en el centro de la reunión con un ejemplar del Corán.
Luego metes lonchas de jamón entre sus páginas, rocías el libro con tequila y lo quemas mientras profieres blasfemias contra Mahoma, proclamas racistas contra los árabes y dices ser un caballero cruzado.
Kloster se quedó estupefacto, sintió como si le estuviesen golpeando la cabeza con una maza.
Estallaba una nueva crisis en el mundo de Solar Alternative.
Alguien, según ella misma le dijo en esa llamada, desconocido tanto para los comunicadores de Hautemanière como para los detectives de Henderson, le estaba atacando con munición reputacional de grueso calibre y punta de uranio empobrecido.
La quema del libro sagrado de los musulmanes no era algo que se pudiese tomar a broma.
El falso vídeo se viralizó de inmediato.
O, mejor dicho, quienes lo habían elaborado se ocuparon de colgar este contenido en centenares de páginas web, que parecían desconectadas entre sí.
Como pudieron comprobar en la investigación que realizaron poco después los detectives de TBH y los comunicadores de HMC-PR, las publicaciones se realizaron en distintos idiomas del mundo occidental, pero también en idiomas del mundo asiático, así como en árabe clásico y árabe moderno, sin olvidar las variantes de ese mismo idioma en Egipto, Marruecos, más las zonas del Levante musulmán y del golfo Pérsico.
En resumen, quienes habían elaborado el ataque buscaron una difusión global inmediata, con especial incidencia en todo el espectro del mundo islámico.
Inmediata fue también la reacción. La calle árabe ardió.
Una ola imparable de indignación sacudió los cimientos de muchas poblaciones mayoritariamente integradas por creyentes musulmanes.
La efigie de Paul Kloster se empezó a quemar en manifestaciones espontáneas celebradas en Yakarta, Jartum, Islamabad, El Cairo y otras capitales del mundo islámico.
En pocas horas, Paul Kloster se convirtió en el primer enemigo del islam.
De nada sirvieron los desmentidos realizados por el equipo dirigido por Amélie Hautemanière.
No tuvo ningún efecto que explicasen la falsedad del vídeo por sus anomalías visuales, las incoherencias de sincronización labial, los movimientos faciales o corporales irregulares, ni los indicios de edición digital.
Tampoco sirvió que documentasen que todo arrancaba en páginas web de las que solían difundir noticias falsas, pero dándoles apariencia de reales.
A las grandes manifestaciones de protesta, algunas incluso en barrios de mayoría musulmana de algunas capitales europeas, se fueron sumando varios gobiernos de países productores de petróleo o gas.
Como Kloster era básicamente un apátrida, con la doble nacionalidad técnica británica y monegasca, la presión diplomática se dirigió hacia Alemania y España, los dos países que eran la punta de lanza de la nueva tecnología solar fotovoltaica.
La velocidad con la que la llamarada se había expandido por todas partes parecía increíble. Y lo cierto era que Solar Alternative no estaba preparada para hacer frente a una situación límite de estas características.
Thomas Henderson, nada más enterarse de lo que ocurría y comprender sus dimensiones, ordenó reforzar al extremo la seguridad de Kloster.
Paul ya no podría desplazarse sin un equipo de seguridad preparado para todo tipo de eventualidades.
Sus lugares de residencia contarían a partir de ese momento con una fuerte protección estática.
También se reforzó la vigilancia de las instalaciones de Solar Alternative.
Desde San José, Jack Ray y Maverick observaban satisfechos el resultado de su trabajo.
Por si todo eso fuera poco, el ataque de los hombres de Markus coincidió en el tiempo con otra iniciativa, de distinto cariz, dirigida también contra Paul Kloster.
En este caso se trataba del doctor Martin Lyon.
El activista anunció en Friburgo, casualmente ese mismo día, la creación del Movimiento Ciudadano para la Democratización de la Energía Solar Fotovoltaica ( Bürgerbewegung zur Demokratisierung der Solarstromerzeugung ), que sería conocido por las siglas BDS.
El medioambientalista explicó que su iniciativa se financiaría con aportaciones individuales a través del sistema de micromecenazgo en línea.
El objetivo era crear un movimiento destinado a presionar a los legisladores del Bundestag y al Gobierno federal para obligar, por ley, a que Solar Alternative priorizara los intereses de los ciudadanos alemanes sobre los de las grandes corporaciones.
El BDS tuvo un amplio eco en la sociedad digital. Enseguida se replicó en multitud de foros, siempre con valoraciones muy positivas. El hashtag «#pararalmegalodón» hizo fortuna en las redes alemanas.
Martin Lyon y su equipo estaban exultantes.
La reacción superó sus mejores expectativas.
Y mayor fue incluso el entusiasmo que mostraron ante el éxito de su campaña de crowdfunding.
En dos semanas alcanzaron los cinco millones de euros recaudados.
Una suma que les permitiría ir mucho más lejos de lo que habían previsto.
Cerca de 200.000 personas con aportaciones medias de veinticinco euros hicieron posible este milagro.
El dinero obtenido y la elevada masa de contribuyentes, muchos de ellos de fuera de Alemania, permitiría traspasar las fronteras germanas.
El doctor Lyon intuyó que podía extender con éxito su campaña a otros países y a las instituciones de la Unión Europea.
Se trataba, como explicaba muy ufano, de «parar al gran depredador, al Megalodón de la energía».
Aun así, Polo seguía trabajando sin problemas en España, donde Lyon encontró escaso eco, para repetir el esquema alemán. No tardó ni tres semanas en lograr una alianza para la fabricación masiva de los nuevos paneles y baterías. Varios candidatos trataron de sumarse al proyecto.
Finalmente eligió a Elecensa, ahora con un equipo de dirección totalmente renovado, a un gran holding con mucha experiencia en la construcción de infraestructuras y, para sorpresa de todos, a la mayor compañía petrolera española.
El primero de estos socios era la primera corporación energética española y, el segundo, uno de los grupos empresariales más potentes del país, presidido por un enemigo jurado de Carlos Íñiguez, quien en su segundo mes entre rejas ya había recibido dos postales de Paul.
El tercero de los compañeros de viaje de Solar Alternative en España, el grupo petrolero, estaba presidido por un veterano ejecutivo muy sagaz.
Este argumentó la necesidad de apostar por la nueva tecnología para no cerrarse las puertas al futuro.
El esquema elegido era similar al de Alemania.
Solar Alternative tendría una tercera parte del capital de la nueva empresa.
Las dos terceras partes restantes se lo repartían equitativamente los tres socios españoles, quienes también se encargaban de la gestión.
Estos últimos aportaban conjuntamente la financiación y Solar Alternative proporcionaba la tecnología.
Pellman & Finch lideraba la financiación sindicada, en su condición de sole book runner , y el BBW Bank era el subdirector del préstamo.
Al mismo tiempo el Gobierno español anunciaba un plan de incentivos fiscales para estimular la futura sustitución de los paneles obsoletos por los de nueva generación y bonificaba la instalación de las nuevas baterías, y así se cumplía escrupulosamente el compromiso acordado con Polo por el ministro de Energía.
En paralelo, se produjo la venta del primer parque solar fotovoltaico de nueva generación, el que estaba situado junto al laboratorio de Granada.
De esta operación se encargó personalmente Kloster.
Compitieron la DEP y un grupo de inversores dirigido por Pellman & Finch.
Finalmente, estos fueron los adjudicatarios pues presentaron una oferta económica casi estratosférica.
En principio, Wolfgang Schmidt se enfadó mucho. Quería el parque, pero no estuvo dispuesto a llegar al precio que ofrecieron sus competidores.
—Me has engañado —le espetó furioso el alemán en cuanto consiguió reunirse con Kloster.
—No, Wulf. Han pagado un sobreprecio, muy por encima del valor real del parque. La DEP tiene la mayor operación de todas, la de Alemania, y no te has equivocado al retirarte de la puja —contestó Paul.
—Ganar la subasta era un tema de prestigio —replicó Wulf.
—No te confundas. Este es un caso típico de avaricia inversora.
No quieren quedarse fuera de lo que consideran una oportunidad de ganar mucho dinero.
Lo han comprado con la idea de revenderlo pronto a un precio muy superior, no con la de conseguir beneficios operativos con la venta de electricidad limpia.
No es el caso de la Deutsche Elektrizität —dijo a modo de conclusión Kloster, sin consolar en absoluto a su socio alemán.
Mientras tanto, la oficina de infundios de Markus seguía trabajando para dinamitar la imagen del líder de la revolución solar fotovoltaica. Lo hacían a través de nuevos deepfakes , la mayor parte de ellos destinados a provocar la ira en la amplia comunidad musulmana.