14. El doctor Lyon y el compromiso de Miguel Polo #4
—Con respecto al hermano de Zahid al Rahfa, es evidente que su enemigo es también el nuestro.
Mister Markus debe cerrar ese fleco y le vamos a dar indicaciones en este sentido.
Pero seamos realistas, Zahid al Rahfa está fuera de circulación.
Este traidor está comiendo la fruta del árbol de Zaqqum, que es su alimento eterno.
Nabil bin Issi pareció tranquilizarse. El venezolano, que ya apuraba su tercera copa de whisky, apuntó con su voz atronadora.
—Ese catarí es historia. Sus restos están abrazados a una piara de puercos que son sus únicos compañeros en su viaje a la eternidad.
Sus palabras hicieron sonreír a los otros tres, especialmente a Bin Issi.
El príncipe saudí pareció regodearse con la idea de un creyente rodeado en el más allá de animales tan impuros y, además, alimentándose del árbol del infierno, cuyos frutos amargos y venenosos están destinados a ser alimento de los pecadores.
Entretanto, Markus bramaba de ira al dirigirse a sus colaboradores en la sala de reuniones de la Ray Trading en San José, la capital de Costa Rica.
—Como sigamos así, alguno de vosotros va a dormir en la calle el resto de su vida. Eso, después de devolverme hasta el último dólar de todo lo que os he pagado por hacerme perder el tiempo. No olvidéis que nadie se ríe de mí y vosotros ahora lo estáis haciendo. ¡Estoy harto!
Todos sus colaboradores tenían en la memoria casos de antiguos compañeros y compañeras caídos en desgracia.
No consistía solo en la muerte de quien hubiera fallado, sino que, en los casos de traición, esta se producía tras haber sometido a torturas seguidas de ejecución a sus esposas y amantes, a sus progenitores y hermanos e hijos.
Una vez convencido de que el terror había sido de nuevo instaurado, y de que ninguno de sus secuaces dudaba de lo que les aguardaba al menor fallo, Zhukov, que era un ser eminentemente práctico, cambió el sentido de la reunión.
—A ver, Penélope, ¿qué has averiguado de su patrimonio? ¿Tiene deudas? —preguntó Markus a la experta financiera.
—No las tiene. Su posición patrimonial es muy sólida. Calculo que dispone de unos seis mil millones de dólares líquidos y de unos cincuenta mil bítcoins —respondió la interpelada.
—¿Y no le podemos robar los bítcoins? —preguntó entonces el jefe al experto en informática.
—No veo cómo acceder a sus claves —musitó a modo de respuesta Maverick.
—¿Y no has conseguido entrar en el sistema de Solar Alternative?
—No he podido romper sus barreras… todavía —confesó el aludido.
—Quiero los secretos tecnológicos de su laboratorio… Y pronto —le espetó. Luego se dirigió al encargado de las operaciones especiales—. ¿Como va lo de Francia?
—Está en marcha, jefe —contestó Fabian, el gigantón—. Ya tenemos a las personas adecuadas. Podemos hacerlo en tres o cuatro semanas.
—Menos mal. Una buena noticia. No falles —le advirtió el jefe—. ¿Y en Alemania?
—Nos estamos infiltrando, tal y como acordamos.
—Y tú, Jack Ray, además de hacerme perder dinero con el negocio del café, ¿qué me traes?
—Vamos a intensificar los ataques en el mundo digital.
La estrategia es la que ya te expliqué. Conseguiremos crear nuevos enemigos que odien a Solar Alternative y a Paul Kloster.
Además, vamos a apoyar al tonto útil que acaba de aparecer…
Solo espero tu luz verde para empezar porque habrá que invertir una buena suma de dinero —respondió el experto en comunicación sucia.
Mientras que Lynton, Bin Issi y González se reunían en Berkshire y Markus organizaba su destrucción desde Costa Rica, Paul Kloster seguía viviendo su momento dulce.
Eran muchas las personas que trataban de acercarse a él.
Unos, por la vanidad de poder presumir de una relación cercana.
Otros, muchos, con la idea de presentarle propuestas de nuevos negocios.
Y los más numerosos, en busca de la oportunidad de ser contratados como asesores o intermediarios, siempre con el fin de obtener con ello un beneficio económico.
El domingo, Kloster abandonó París con destino a Madrid, aunque eso suponía contradecir su decisión anterior.
Quería acompañar a Miguel Polo para conocer a Juan José Almagro, el nuevo ministro de Energía.
Se trataba de una reunión de cortesía, a petición de Miguel, nuevo líder de Solar Alternative en España.
Para su sorpresa Kloster se encontró a un interlocutor muy operativo y empático. Enseguida simpatizaron.
—Este Juanjo Almagro es muy agradable y muy listo. Me ha sorprendido gratamente. Cuando quieras te vuelvo a acompañar —comentó Paul al salir del ministerio.
—Ya te adelanté que no tiene nada que ver con Luisa Celedero, que era una imbécil y una maleducada. Y no hablemos de Ernesto Fernández, el antiguo secretario de Estado, que era un perfecto inepto. Juanjo Almagro es un tipo de fiar —respondió Polo.
—¿Y qué ha sido de esa idiota y de su secretario de Estado?
—Van camino de la cola del paro, porque ya nadie quiere oír hablar de ellos. Ya sabes, en el ascensor de la política a veces suben muy alto personas no capacitadas y estos dos son un buen ejemplo de esa clase de estirpe que tanto abunda. Se han caído por el hueco de la escalera —concluyó Miguel.