13. Kloster retoma la iniciativa #2
—Ya que queréis saber todo de mí, os cuento —les dijo con total naturalidad—.
Soy doctor en Leyes, con una larga experiencia como ejecutivo en dos compañías multinacionales: una británica y otra holandesa.
He vivido en varios países antes de ser fichado para dirigir una de las grandes empresas energéticas alemanas.
Y uno de los primeros pasos que di fue liderar una fusión que creó la que ahora es una de las compañías eléctricas más grandes de Europa.
—Y tú eres, además, su primer ejecutivo —dijo Paul—. Y bien, empecemos. Vayamos al grano. Dinos, por favor, ¿quieres comprar nuestro parque solar de Granada, Wulf?
El alemán no dio rodeos:
—Desde luego que sí, sin dudarlo. DEP quiere operar en España y, más aún, ser el pionero en la explotación de los nuevos parques —respondió—.
Adquirir esas instalaciones no es más que un pequeñísimo paso.
Se trata de ir infinitamente más lejos. No necesito ocultar mis deseos ante vosotros.
Admiro lo que habéis hecho. Y sé que podéis avanzar muchísimo más si tenéis nuestro respaldo industrial, nuestro know-how tecnológico, las redes de distribución, el poder financiero… Todo lo que puedo ofreceros.
—Pues prepara la chequera porque tendrás que pagar lo que vale, que es mucho —dijo Paul con una sonrisa maliciosa.
—Lo haré, pero negociaré con Michael, no contigo —replicó Wulf de muy buen humor.
—¿No te fías de él porque es un expresidiario? Haces bien. Yo soy mucho más serio —terció Seiffert continuando con el juego.
Todos sabían que el trato no estaba hecho, que quedaba mucho por negociar, que había que consensuar toda esa letra pequeña en cuya definición milimétrica se enzarzarían los financieros y los técnicos en Derecho mercantil.
Pero con ese tono jocoso y mucho alcohol en el cuerpo se despidieron celebrando su nueva amistad.
Al día siguiente, el 27 de abril, los tres estaban citados para cerrar su asociación con Wilhelm Kronenbauer, en la sede del BBW Bank.
La firma del acuerdo se produjo en un tono de gran confianza.
A Herrkutter se le veía exultante. Era un gran triunfo para él.
Su entidad asesoraba y dirigía, en el apartado financiero, la operación corporativa más emblemática del año en Alemania y probablemente en Europa.
La nueva empresa tenía tres socios a partes iguales.
Solar Alternative aportaba el conocimiento y la nueva tecnología.
La Deutsche Elektrizität y el Grupo Kronenbauer garantizaban de forma solidaria la financiación para poner en marcha el proyecto.
La gestión de la nueva empresa correría a cargo de las dos corporaciones germanas y el BBW Bank era el sole book runner de un préstamo sindicado para cubrir la financiación.
Pellman & Finch, a petición de Kloster, actuaría como subdirector de la operación.
Todo lo que en España había sido de una lentitud insoportable, en Alemania se había convertido en una actitud businesslike que permitió celeridad en todo el proceso.
Después de la firma, Seiffert y Kloster fueron a las oficinas de HMDC-PR, la empresa de Hautemanière, para elaborar el comunicado de prensa que se difundiría al día siguiente.
Al entrar en la sala donde los esperaba la francesa, Michael intuyó enseguida que su amigo se metería en problemas.
Junto a Amélie estaba la directora de la filial alemana de su empresa.
Se trataba de una mujer cercana a la cuarentena.
Guapa, sofisticada, con una melena rubia y unos ojos de un intenso verde azulado.
Era la condesa Anneliese zu Quedlinburg.
El título nobiliario y el apellido los había tomado de su marido, mucho mayor que ella cuando se casaron.
Su nombre de soltera era Anneliese Stein.
Hautemanière y su equipo habían elaborado una nota de prensa que recibió la aprobación inmediata de todas las partes involucradas.
Antes de despedirse Michael observó que Paul le pedía los datos de contacto a la directora alemana de HMDC arguyendo razones operativas, «para coordinarse», oyó que explicaba su amigo.
Cuando ya estaban solos en el coche Michael comentó:
—Parece muy inteligente la directora de Amélie en Alemania ¿No crees?
—Sí. Me ha causado una buena impresión.
—¿Me equivoco si digo que le has gustado? Y ella a ti…
—No sé. Ya veremos —contestó Paul de manera evasiva.
—No es conveniente tener una aventura con una proveedora —dijo Seiffert—. Lo sabes de memoria.
—No te olvides de que acabo de salir de la cárcel —respondió Paul.
—Mira, expresidiario, haz lo que quieras. No he visto nada. Mejor con esta mujer que liarte con la esposa de Wilhelm Kronenbauer —concluyó Michael.
La constitución de la nueva empresa se anunció el 29 de abril. Fue un auténtico bombazo informativo. Era el primer gran paso para iniciar la revolución solar fotovoltaica global.
Nadie en el mundo entero podía ignorarlo: las cosas iban muy en serio.
Aquello ya no era una anécdota, sino un paso de gigante para el proyecto de Kloster.
Los alemanes, y no solo un banco sino también uno de los mayores conglomerados energéticos europeos y una gran corporación industrial, apostaban por las nuevas placas y baterías desarrolladas en los laboratorios de Solar Alternative.
En España fue el inicio de una crisis bastante aparatosa en el seno del Gobierno, lo cual fue contemplado con el lógico alborozo por la oposición.
La presidenta del Gobierno estalló en un ataque de ira contra su ministra de Energía y decidió destituirla.
Juan Carlos Casas, su asesor áulico, le recomendó esperar unos días antes de dar el paso. El jefe de la Oficina Presidencial quería reunirse urgentemente con su antiguo compañero de estudios. Era la única vía que podían abrir con el mundo de Solar Alternative.
—Miguel, estamos muy preocupados. España tiene que ir en cabeza en el desarrollo de vuestra tecnología. Es política de Estado, y hablo en nombre de mi presidenta —explicó Casas a su antiguo compañero de universidad en un almuerzo convocado de urgencia por el asesor presidencial.
El amigo de Kloster accedió sin dudarlo. Confiaba en la palabra de Casas, con el que había mantenido una muy buena relación en su época universitaria.
—Juan Carlos, no es tan fácil detener un proceso que ha avanzado mucho en Alemania mientras que aquí, cuando se os dio la oportunidad, permitisteis toda clase de operaciones secretas de la peor calaña, y se frustró.
Admite que llegas muy tarde. Además, como es lógico, dime tú qué harías si te hubiesen metido en la cárcel.
Paul Kloster está muy herido con este país.
No lo olvidéis. Y por si fuera poco el Ministerio de Energía cerró sus instalaciones.
Todo indicaba que ibais a la par con Carlos Íñiguez.
Además, sabemos que el Gobierno estudió la posibilidad de nacionalizar todos los activos de Solar Alternative en España.
¿Cómo crees que se puede borrar eso? —respondió Miguel Polo.
—Somos conscientes de todo ello y queremos arreglarlo —explicó el asesor presidencial.
—Muy difícil. Para empezar, Paul no quiere ni ver a Luisa Celedero.
—Ningún problema, la presidenta va a cesarla.
—Nosotros no entramos en asuntos políticos —respondió Miguel.
—Espero que no se os haya ocurrido abandonar España —dijo con la voz nerviosa el asesor presidencial.
—La verdad es que sí. Kloster quiere reubicar el laboratorio en otro país, desmantelar el parque solar experimental y cerrar la fábrica de paneles y de baterías. Y quiere hacerlo todo muy rápido —concluyó Polo ante la desesperación de su interlocutor.
—Dame unos días, por nuestra vieja relación, Miguel. Dame unos días, te lo ruego —pidió el principal consejero de Isabel Llerena.
Mientras tanto, en Estados Unidos, Harry S. Lynton III, el magnate del petróleo, reaccionó furioso ante la noticia de los últimos movimientos de Solar Alternative.
—Pero ¿me puede alguien explicar a qué se está dedicando Markus?
¿Cómo ha podido ocurrir? ¡Nos está estafando!
Dile que, o bien resuelve esto inmediatamente, o que nos devuelva el dinero que le hemos adelantado.
¡Que haga lo que sea, pero que pare a Kloster!
—gritaba fuera de sí a Peter Olsen, que le miraba atemorizado.
Conocía el carácter explosivo de su jefe, las decisiones que tomaba en caliente.
El esbirro de Lynton transmitió a Markus esa furia a punto de desatarse. Y lo hizo de forma determinante, sin medir sus palabras: «Vamos a usar tus métodos», llegó a decirle en una clara amenaza de muerte.
Markus estaba enfurecido. Herido profundamente en su orgullo. Él nunca fallaba. Siempre había fulminado a sus enemigos y cumplido sus compromisos, o al menos de eso presumía.
En sus oficinas de San José, tras reunirse con sus principales asesores, decidió que en ese momento crucial la máxima prioridad pasaba por infiltrarse en Alemania.
Kloster, ajeno al peligro letal que se cernía sobre él, vivía un momento muy dulce. Sentía que estaba triunfando, que dentro de poco nada podría parar a Solar Alternative. Una llamada de Michael Seiffert pareció confirmar esta sensación.
—Ludwig Schelling nos recibirá el próximo martes con todos los honores en la Cancillería. Entre hoy y mañana cerraremos los detalles —dijo a modo de saludo.
—¡¿Cómo?! —acertó a contestar Paul sorprendido.
—El canciller federal quiere conocernos.
Me han llamado de su gabinete para decírmelo.
Moritz Herrkutter me ha avisado antes, para que estuviese preparado.
Me ha explicado que en la cancillería están entusiasmados con la alianza que hemos firmado con la DEP y Kronenbauer.
Y eso significa que ha ido a ver personalmente al canciller, que siempre le hace caso.