12. Resiliencia y determinación #3
—Mira, Pepe, hazme caso. Lo que tengo son pruebas irrefutables de varios delitos.
Es demoledor. Vale mucho dinero y si llega a manos de un juez, Kloster está muerto.
Y quiero un millón de euros en rama. Si no, nada.
Y te quedas con unas denuncias infundadas que has podido fabricar, pero que sabes tan bien como yo que en algún momento los tribunales se cargarán.
Ahora controlas al juez de instrucción y al fiscal, pero no tienes poder sobre toda la judicatura.
Pues bien: lo que yo te ofrezco es tan bueno que hundiría a Kloster en medio minuto. Lo que tú prefieras…
Finalmente, García Rebollar accedió. Luis Ramírez no pudo apenas resistirse cuando Pepe Rebollar aseguró que la información iba a ser definitiva para «hundir al cabrón de Kloster».
Tan solo unas horas después de la llamada, tenía lugar la cita en una habitación del hotel Meliá Castilla de Madrid.
Al dueño de Check Inside le costó aceptar el sitio, sabía que el hall y el bar eran espacios muy concurridos, pero finalmente accedió ante la insistencia de su informador y las certezas que le proporcionaba sobre la calidad de los datos que le facilitaría.
Hasta ese momento la relación entre ellos nunca había fallado, lo que provocó que Pepe Rebollar y Luis Ramírez, el esbirro de Íñiguez, bajasen la guardia y se confiasen.
El encuentro se celebró a la hora indicada y en el lugar convenido.
La estancia estaba preparada para el objetivo que se perseguía.
Los hombres de TBH ocupaban la habitación contigua, acompañados de dos notarios.
Disponían de un equipo de imagen y de sonido para grabar todos los pormenores de la reunión.
Cuando el ejecutivo de Elecensa y el dueño de Check Inside entraron en aquella suite ya habían caído en la trampa.
Palacete se atuvo al guion preestablecido, sin saltarse ni una sola línea.
Transcurrido cerca de un cuarto de hora, ya había conseguido que Pepe Rebollar hablase con toda claridad del espionaje realizado sobre Kloster, de los pagos abonados por sus servicios y de la implicación del presidente de Elecensa. Entonces llegó el momento clave.
—Bueno. Al grano. ¿Qué tienes para nosotros? Espero que valga le pena como para hacernos venir aquí, juntos —dijo García Rebollar. Su rostro enjuto lanzaba una mirada amenazadora.
—¿Habéis traído el dinero? —replicó Palacete.
—He traído una parte. El resto te lo daremos cuando comprobemos la información —respondió el expolicía.
—¿Estáis tratando de engañarme? No os daré la información si no veo antes la manteca colorá —insistió el espía mientras tocaba un sobre de papel cartón y tamaño A3 que llevaba consigo.
—¡Vete a la mierda! —gritó Rebollar.
Entonces el exmilitar se incorporó e hizo ademán de salir de la habitación. En ese momento Luis Ramírez intervino.
—Calma. Vamos a hablar con tranquilidad. Mira, Santiago, si lo que tienes vale lo que dices, te lo pagaremos. Hemos traído un adelanto, pero es imposible conseguir un millón de euros en efectivo en pocas horas. Explícame qué pruebas tienes.
—¿Cuánto dices que habéis traído? —preguntó el interpelado.
—Doscientos mil euros en billetes de cien, de cincuenta y de veinte. Aquí está el dinero, en este sobre —intervino García Rebollar.
—Ponlo encima de la mesa. Quiero ver el dinero —le instó el exmilitar, a lo que el comisario respondió extrayendo varios paquetes de billetes de un portafolios oscuro de piel.
Santiago Palacete cambió de actitud y les dio las supuestas pruebas elaboradas por el equipo de TBH, que los otros dos observaron con una sonrisa de satisfacción. Cogió el dinero que estaba encima de la mesa y antes de salir de la habitación les dijo:
—Esta es la primera entrega. Cuando tengáis los ochocientos mil euros que me debéis, os daré el resto, que es más importante incluso que lo que he traído hoy. Pero que no falte ni un céntimo. —Y abandonó la estancia.
Esa misma noche el equipo jurídico encargado de la defensa de Paul Kloster presentaba una denuncia ante un juzgado de guardia ordinario: mostraron pruebas de la conspiración.
Habían optado por no hacerlo en la Audiencia Nacional.
Dejaron constancia de los hechos: la confesión escrita del exmilitar, la grabación de la conversación telefónica entre Palacete y Rebollar y la de los tres en la habitación del hotel.
A primera hora de la mañana del día siguiente, el juez encargado del caso ordenó la detención preventiva de José García Rebollar y de Luis Ramírez.
Santiago Palacete no siguió el mismo camino porque encontró amparo en la figura de testigo protegido, que fue admitida por el juez de guardia a petición de los abogados de Solar Alternative.
A media mañana la información empezó a ser difundida por los primeros medios. Acabaría siendo la noticia del día: el director de Seguridad de Elecensa y un comisario próximo a las cloacas del Estado habían sido detenidos por construir una trama conspiratoria contra Paul Kloster y Solar Alternative.
De inmediato, el equipo de comunicadores dirigido por Amélie Hautemanière se puso manos a la obra.
Era su momento. Después de varios días enfrentándose a un muro infranqueable de incomprensión, podían defender a su cliente con argumentos irrefutables.
Todas las acusaciones contra Paul Kloster eran falsas y producto de una conspiración empresarial.
La noticia trascendió las fronteras españolas y se extendió a nivel global, debido precisamente al mito que se había formado en torno a la figura de Paul Kloster.
Las tornas estaban cambiando con gran rapidez.
El héroe caído de la revolución solar fotovoltaica habría sido víctima de una trama mafiosa, de una conspiración de la peor especie en España.
En la sede de Elecensa el desconcierto era absoluto.
Carlos Íñiguez se encontraba próximo a un estado de pánico, asegurando a sus subordinados que desconocía el proceder del director de Seguridad de la empresa.
Esa misma tarde se anunciaba públicamente el despido de Luis Ramírez, que la empresa argumentaba afirmando que no había cumplido los estándares éticos establecidos por el código interno de la corporación.
Mientras tanto, en la bolsa de valores, la acción de Elecensa se depreciaba un 8 por ciento.
En la Audiencia Nacional la situación también estaba evolucionando con rapidez.
El juez de instrucción y el fiscal que habían encarcelado a Kloster sentían que el suelo se hundía bajo sus pies.
Temían tener que dar explicaciones sobre sus decisiones y, lo peor, que se descubriesen sus buenas relaciones con García Rebollar.
El excomisario empezaba a ser un apestado y ellos sabían que, con el tiempo, acabaría por contaminar a quienes se le hubiesen acercado demasiado.
Los abogados de Solar Alternative presentaron la solicitud de sobreseimiento de las causas abiertas en la Audiencia Nacional contra Paul Kloster y exigieron su inmediata puesta en libertad.