11. Empiezan los ataques #2
Y así, en pocos días y de forma incomprensible para Solar Alternative, los problemas de Kloster en España afloraron de forma tan repentina como inexplicable.
Todo comenzó cuando un medio digital publicó una foto nocturna en la que Kloster besaba a la mujer con la que salía en Madrid, en la puerta del edificio donde ella vivía.
Para la mujer, una persona desconocida para el gran público, empezó un auténtico calvario.
Poco después, su foto estaba en todos los medios y su identidad en boca de los tertulianos, y enseguida en las revistas del corazón.
Unos días después vino otro golpe con un trasfondo distinto.
El digital dirigido por Gonzalo Onrubia publicó una información de denuncia por corrupción contra la empresa de Kloster.
El autor de la noticia aseguraba que existían indicios de importantes irregularidades en los permisos municipales con los que funcionaba desde hacía muchos años el laboratorio de Granada.
Según los indicios, la licencia de obras, tanto la autorización para el uso del suelo como los permisos de construcción y ocupación, había sido otorgada por la autoridad municipal sin que Solar Alternative hubiese proporcionado ni la información adecuada ni el estudio de impacto ambiental.
El agitador, conocido entre los periodistas españoles por su nulo rigor, insinuaba un posible trato de favor por parte del ayuntamiento correspondiente, e incluso insinuaba la posibilidad de que todo eso fuera resultado del pago de sobornos a funcionarios municipales o al alcalde, o a todos a la vez.
—Muy bueno lo de hoy, Gonzalito —le dijo por teléfono José García Rebollar al periodista.
—Mándame más madera, Pepe, que yo visto al mono y lo publico…
Ja, ja, ja —le replicó Gonzalo Onrubia con esa voz ronca que le había hecho célebre entre los televidentes que seguían sus frecuentes apariciones en tertulias nocturnas—.
Oye, lo de la novia decoradora también es tuyo, deduzco. ¿Por qué no me lo has dado a mí?
—Porque otros también tienen que comer —contestó el excomisario—. Voy a montar un tomate en la puerta de las oficinas de ese Kloster. Ya te avisaré. Puedes mandar a uno de los tuyos para que lo grabe y salga en los telediarios. Exclusiva, tío. Vamos a montarle un puto escrache.
El artículo se viralizó de inmediato en la sociedad digital, aunque no en los medios tradicionales.
La pequeña, pero eficaz, red corrupta en los medios del expolicía sacaba provecho de su relación.
Algunos medios españoles lo mencionaron.
En la tertulia de Víctor Molinero fue el tema estrella del día.
El radiofonista se mostró especialmente agresivo con Kloster y denunció, sin mencionar ninguna prueba, una supuesta connivencia del Gobierno con él.
Al mismo tiempo, la agitadora disfrazada de periodista Enriqueta Labadía pidió la intervención de la policía y de los tribunales para investigar lo que ya parecía seguro que era un caso de corrupción por soborno de funcionarios públicos.
Medios de comunicación de varios países, especialmente en Alemania, se hicieron eco de la noticia.
Gonzalo Onrubia no soltó la presa. Después del primer golpe, fue ampliando la información divulgando nuevas «pruebas» documentales que parecían refrendar la existencia de serias irregularidades en la obtención de las licencias municipales.
Onrubia estaba que se salía. Afirmó, agitando ante la cámara de una tertulia televisada un papel que no se pudo leer en ningún momento, que les habían dado autorización para un laboratorio, sí, pero que serviría para investigar el uso terapéutico de la aceituna en la curación de ciertos cánceres de la piel.
Otros medios y tertulianos, algunos de ellos políticamente alineados contra el Gobierno español, y otros con la oposición, dieron por buena, y replicaron, la información del medio dirigido por Onrubia.
La credibilidad de Kloster se estaba derrumbando en España a una velocidad de vértigo. Y lo hacía cuando aún no tenía atada la colaboración gubernamental, que él mismo y Miguel habían fijado como el objetivo táctico primordial en España.
Un grupo de personas, gente tabernaria y de aspecto ligeramente atrabiliario pagada por García Rebollar —en torno a una cincuentena—, se apostaron ante la puerta del edificio en el que Solar Alternative tenía su oficina madrileña.
Gritaban consignas contra él, acusándole de corrupto.
Cuando el coche en el que Paul se desplazaba trató de entrar en el garaje del edificio, lo bloquearon y lo zarandearon.
El chófer consiguió zafarse con un par de cambios de marcha corta y acelerones para asustar al gentío, y, mientras el vehículo abandonaba rápidamente la zona, una piedra se estrelló contra el cristal trasero y lo reventó.
Un colaborador del digital de Onrubia grabó con la cámara de su teléfono toda la escena. El montaje emitido, que impedía ver la escasa participación real de manifestantes, hacía pensar que había una multitud de ciudadanos enfurecidos arremetiendo contra Kloster.
El incidente en la puerta de las oficinas de Kloster supuso que, a partir de ese momento, contase con una escolta personal que le acompañaba en todos sus desplazamientos, puesta por la empresa encargada de la protección de las instalaciones de Solar Alternative en España.
Al poco tiempo, primero en el sistema Discord y luego en canales de las aplicaciones de mensajería de Telegram y de WhatsApp, se empezó a difundir un informe apócrifo que cuestionaba la fiabilidad de la tecnología de Solar Alternative.
Se aseguraba que sus nuevos paneles solares tenían una vida muy corta y que sus baterías se incendiaban con frecuencia.
El estudio parecía haber sido elaborado por personas con grandes conocimientos técnicos e información interna y secreta procedente de Solar Alternative.
El círculo se completó cuando, a través de los mismos canales, apareció una documentación también interna de Solar Alternative, con correos electrónicos incluidos y un balance económico de la empresa, que reflejaría una situación financiera crítica.
Kloster estaría cerca de la ruina y este hecho le habría obligado a acelerar la comercialización de sus paneles y baterías y a poner en venta el parque solar experimental.
—No sé de dónde ha salido esto, pero me viene muy bien —pensó José García Rebollar—. Diré que es mío y subo la factura.
El excomisario español no tenía nada que ver con esa otra corriente de información negativa contra los negocios de Kloster.
Su origen estaba en la factoría de Markus Zhukov, la red de Jack Ray.
Nadie había visto en realidad ningún documento completo, ningún canal ni medio estaba publicando nada que pudiera ser contrastado por fuentes fiables.
Pero eso no importaba, todo iba sumando en las redes de difusión de bulos.
Amélie Hautemanière se desplazó inmediatamente a Madrid para dirigir la estrategia de comunicación y parar los golpes.
Los informes anónimos en relación a la fiabilidad de la nueva tecnología estaban teniendo un efecto devastador sobre la imagen de todo el proyecto, incluso fuera de España.
Como resultado, las etiquetas negativas sobre Kloster y su proyecto eran trending topic global permanente.
La evolución de los acontecimientos amenazaba con poner en peligro la asociación en la que Seiffert estaba trabajando en Alemania.
Wilhelm Kronenbauer le llamó para decirle que necesitaba garantías tanto de que no habían incurrido en prácticas ilegales en España como de la fiabilidad de la tecnología.
Moritz Herrkutter se desesperaba viendo que peligraba la gran operación que había diseñado su banco.
Miguel Polo recibió una llamada del secretario de Estado de Energía.
Ernesto Fernández le amenazó de forma terminante con poner en marcha a los inspectores de su ministerio si no obtenían explicaciones inmediatas.
Al mismo tiempo, a Pellman & Finch llegó una comunicación de Elecensa indicando que no presentarían ninguna oferta de compra del parque experimental.
Al ser informada, Hilda Tournier se puso en contacto de inmediato con Paul para explicárselo.
—¿Qué está pasando? —le preguntó la financiera.
—No lo sé, Hilda. Estamos muy sorprendidos. Nos están atacando, y no solo en España.
—Por eso te llamo. Vente rápidamente a Nueva York. Quiero hablar contigo en persona y con la certeza de que nadie está escuchando nuestra conversación.
Esa misma tarde Kloster tomaba un avión para ir a verla.
Tournier le estaba esperando en su despacho.
—Paul, tenéis uno o varios problemas muy serios. Quería verte porque necesitas ayuda y tengo a la persona indicada para proporcionártela. No sé si te acuerdas de él, es Thomas Henderson. Su empresa trabaja para nosotros en todos los temas de seguridad.
—¿Es el detective que investigó el fraude de aquel operador de bonos en 2004?
—Sí, el mismo. Está en la antesala del despacho. Le voy a decir que entre, si te parece.
Paul asintió con la cabeza y miró hacia la puerta.
Thomas Beaulieu Henderson era el presidente de TBH (TB Henderson Control Risk Co.), empresa dedicada a la consultoría de riesgos. Una definición que enmarca la actividad de las agencias de detectives más sofisticadas, cuyo negocio se enfoca hacia el mundo empresarial y las grandes fortunas.
Estuvieron reunidos casi dos horas. Henderson se pasó la mayor parte del tiempo interrogando a Kloster y tomando notas de sus respuestas.
Buscaba hacer un primer dibujo de los problemas a los que se enfrentaba su nuevo cliente.
Tras completar la información que ya le había facilitado Hilda, Henderson hizo una conjetura:
—Es una conspiración potente. Creo que es una hidra con varias cabezas. Tendremos que cortarlas una a una. Investigaré, y tendrás noticias mías en breve.