8. En la caverna de Markus #2
Un silencio espeso se impuso en la sala. Zhukov barrió con la mirada a sus subordinados, una y dos veces. Estuvo así unos segundos hasta que volvió a tomar la palabra.
—Y tú, Jack Ray…, además de hacerte el gracioso con el negocio del café y de vivir en un ático estupendo en Escazú, el mejor barrio de San José, ¿qué puedes explicarme? ¿Qué estrategia has diseñado para lo de Kloster con tu gente? ¿Cuándo vais a empezar?
—Paul Kloster es ahora icónico. Su marca es casi imbatible. Aunque sea un millonario depredador, su imagen se asocia a la de un mago medioambiental, el hombre bueno y generoso que puede salvar el planeta del cambio climático y todas esas mierdas…
—Eso ya lo sabemos, por eso estamos aquí. Lo que quiero es que me informes de tus planes específicos. ¿Qué vamos a hacer para que sea una persona odiada? ¿Cómo darle la vuelta completa a esa imagen tan inmaculada?
—Hemos diseñado una estrategia de deterioro de su imagen y de la de Solar Alternative.
Vamos a lanzar una guerra de desinformación.
Utilizaremos todas las herramientas para viralizar bulos, datos falsos, declaraciones manipuladas, vídeos deepfake .
Vamos a contar con varias empresas especializadas…
También recurriremos a los métodos tradicionales: contratar comunicadores y pagar a periodistas.
—¿Puedes ser más preciso? —inquirió el número uno .
—Se trata de sacar a la luz lo peor de la vida personal de Paul Kloster.
Además, podemos viralizar que está arruinado, que es un hombre de paja que responde a intereses desconocidos.
Lo dibujaremos como un gran manipulador que solo quiere crear un monopolio energético global.
También lo retrataremos como un supremacista occidental que busca volver a los esquemas de poder coloniales.
—¿Qué más?
Jack Ray tomó aire y continuó:
—Cuestionaremos la tecnología de Solar Alternative.
Por ejemplo, difundiremos bulos como que sus baterías se incendian con frecuencia y que sus paneles tienen una vida muy corta.
Que ocultan informes internos que recogen los muchos problemas que presentan esos inventos con los años de uso, en cuanto empiezan a tener un tiempo largo de funcionamiento.
Espero unos informes técnicos ad hoc, los están haciendo unos científicos que hemos contratado.
—Interesante —dijo Zhukov pensativo—. No es suficiente, pero puede funcionar como primer paso.
Con estas palabras despidió momentáneamente a sus colaboradores, que fueron abandonando la sala segura. Los volvería a ver antes de regresar al aeropuerto para tomar su avión hacia otro destino.
Markus salió de la estancia y se dirigió a un despacho próximo. Había concertado una cita con Peter Olsen, un ejecutivo de confianza de Harry S. Lynton III, que era su persona de contacto. Para hablar utilizaban teléfonos encriptados…
Zhukov llamó y Peter Olsen contestó al primer tono. Enseguida entraron en materia.
—Estoy movilizando todos mis recursos para concentrarlos en el trabajo que me han encargado —dijo Markus.
—Esperamos mucho de usted. ¿Cuándo veremos los primeros resultados? —respondieron al otro lado de la línea.
—Los primeros resultados ya los han visto. Eliminamos al único testigo incómodo. Y lo hicimos limpiamente, a gran altura, sobre el mar y en aguas internacionales. Nadie podrá encontrar su avión.
—¿Qué ha averiguado del objetivo principal? —apuntó con tono puntilloso el representante del cliente.
—Estamos investigando.
Olsen estaba acostumbrado a servir a su señor en las argucias, las trampas o los juegos corporativos, más o menos lícitos.
Tenía práctica en el pago a proveedores especiales de todo tipo.
Pero incluso con toda esa experiencia, no había conocido a nadie como Zhukov, ni estaba todavía capacitado para lidiar con ese tipo extraño.
Ni siquiera se imaginaba, por ejemplo, que quien estaba al otro lado del teléfono ya sabía mucho de él.
Conocía su carrera profesional, su dirección particular, su situación familiar, sus bienes, el estado de sus cuentas bancarias, el nombre de una amiguita que había ocultado a su esposa y a Lynton…
—Recuerde que debe resolver la provisión de fondos. Dígale a su jefe que exijo puntualidad.
—Ya hemos hecho el primer ingreso tal y como se acordó —replicó el hombre de Lynton.
—Voy a ser exacto, y le exijo que lo sea usted también. He recibido el 25 por ciento del precio de mis servicios. Pero no la provisión de fondos —insistió Markus.
—Estoy trabajando en ello —respondió el ejecutivo.
—No vuelva a contestarme con evasivas. ¡Nunca más! —espetó en tono imperativo—. Debe ingresarlo hoy mismo en las cuentas que le indiqué. Eso es lo que acordé con su jefe. De lo contrario esto se acaba ahora mismo.
Peter Olsen supo que le tenía bien agarrado.
Había retrasado conscientemente el pago de la provisión de fondos considerando que se trataba de una suma excesiva, que debía justificar Zhukov con algunos trabajos iniciales.
Había decidido que abonaría solo la mitad del importe convenido de la provisión y eso después de que Markus se lo pidiese de buenas maneras.
Pensó que con ese juego ganaría cierta fuerza.
—Ha sido un error, lo siento —respondió Olsen derrotado.
—Pues lo va a sentir mucho más, en sus carnes, como esto se repita. No me obligue a llamar la próxima vez a Lynton. Quiero el dinero ingresado antes de una hora. Yo no trato con tramposos, ni tampoco con tontos ni con débiles.
La estancia del número uno en San José concluyó al filo de la medianoche.
A esa hora, un jet con un único pasajero, identificado oficialmente como el canadiense Michel Gagnon, despegaba del aeropuerto Juan Santamaría.
Al día siguiente Fabian y Penélope tomaban, cada uno por separado, vuelos regulares en clase preferente para volver a sus bases.
Jack Ryan permanecería en Costa Rica. Maverick también.