7. Solar Alternative avanza #2
—¿Cómo lo saben? —se preguntó él en voz alta.
De vuelta en Madrid, Kloster retomó su agenda española sin perder de vista los avances que estaba consiguiendo Michael en Alemania. Las negociaciones para cerrar la alianza de Solar Alternative con la Deutsche Elektrizität y el grupo Kronenbauer discurrían a muy buen ritmo.
Además, Seiffert le informó por teléfono de que ya había tenido una toma de contacto inicial con el Gobierno alemán.
Primero se reunió en Berlín con la secretaria de Estado Parlamentaria del Departamento III del Ministerio Federal de Economía.
También se desplazó a Bonn para ver al responsable del Departamento KI (Energías Renovables y Clima) del Ministerio Federal de Medioambiente.
El objetivo, en ambos casos, era el de establecer una primera línea de comunicación con la Administración federal.
Encontró receptividad en sus dos interlocutores y se guardó mucho de informar de las negociaciones en curso con la DEP y el industrial Kronenbauer.
A su vez Kloster siguió adelante con su agenda española.
La primera cita era con el Ministerio de Energía.
El segundo encuentro con Luisa Celedero y Ernesto Fernández fue incluso más frío que el primero.
La ministra y el secretario de Estado de Energía no disimularon su falta de empatía con sus visitantes.
Para ambos, Kloster se trataba de un especulador extranjero que estaba provocando inquietud y malestar en el sector eléctrico español.
—¿Que nos pueden decir del proceso de venta de su parque solar experimental? —preguntó Fernández—. Este ministerio verá con muy buenos ojos que el comprador sea un grupo español.
—Este sería nuestro mejor escenario, porque buscamos aliados estratégicos en el sector energético español que impulsen el desarrollo de parques solares de tercera generación —contestó Miguel Polo.
—Entonces ¿podemos dar por sentado que no entrará un operador extranjero? —insistió el número dos del ministerio.
—Secretario, dependemos de las ofertas que nos presenten. Es una subasta —respondió el abogado.
Kloster no pudo evitarlo e intervino.
—No podemos malvender este parque: es único en el mundo. Solar Alternative necesita recursos financieros para fabricar paneles y baterías a gran escala.
—Creo que no ha entendido al secretario de Estado —terció la ministra con un tono de voz severo—. El Gobierno español no verá con buenos ojos que el comprador sea un grupo extranjero.
Los dos amigos salieron muy preocupados de la sede del ministerio.
Para ellos fue una sorpresa mayúscula encontrarse con la «recomendación» gubernamental de no vender el parque solar a un grupo que no fuese español.
Era evidente que, sin decirlo, la ministra les había amenazado con crear un traje a medida reglamentario que impidiera la entrada de un comprador de otro país, fuese de donde fuera.
—Tenemos un problema si la ministra y su número dos quieren intervenir en la subasta —reflexionó Miguel ya en el coche al salir de la reunión.
—Me sorprende, pero no del todo. Hilda Tournier ya me avisó de que los ejecutivos de Elecensa dijeron a los de Pellman que el Gobierno no autorizaría la venta del parque a un extranjero —dijo Kloster—. ¿Y si Íñiguez tuviera algo que ver en todo esto?
Ese mismo día, desde el gabinete de Presidencia de Elecensa se pusieron en contacto con la oficina española de Solar Alternative.
Querían cerrar una cita de Íñiguez con Kloster, los dos a solas.
Proponían cenar en la sede de la compañía, en el comedor privado del presidente.
Paul aceptó, a pesar de la viva recomendación de Miguel: «No hay que ir».
Dos días después, a las ocho y media de la tarde, Paul entraba en la sede de la empresa eléctrica.
El empresario del sector eléctrico le recibió con una gran sonrisa y con los brazos abiertos.
—Mi querido Paul, el héroe de las energías renovables, qué alegría verte. Bienvenido a mi casa —exclamó el anfitrión al recibir a su invitado.
Íñiguez llevó la iniciativa del encuentro desde el primer momento, mientras que Kloster, disimulando su incomodidad, prefirió mantenerse a la expectativa.
La primera parte de la cena discurrió conversando sobre temas triviales.
El eléctrico presumió de sus conocimientos sobre el mundo de la enología mientras degustaban una botella de Vega Sicilia Único cosecha de 1991.
—Esta cosecha está ahora en su plenitud. Tiene un aroma con notas de avellana. Es el roble. También notarás los tostados de la madera. El sabor en boca es muy largo.
A Paul no le podían resultar más aburridas estas explicaciones, sin duda tomadas al pie de la letra de la publicidad de la bodega.
Pese a no ser un connaisseur , a Paul le gustaba el vino de calidad, aunque no ocultaba sus preferencias por el francés frente al español.
No tenía nada en común con este sujeto. No le interesaba ni la persona, ni su vida, ni sus aficiones.
Solo quería olfatear si estaba sentado frente a un peligroso enemigo o se trataba solo de un engolado ejecutivo, ebrio de éxito.
Entonces su compañero de mesa entró directamente en materia, clavando los ojos en los de su invitado.
—¿Cómo va la venta de vuestro parque solar?
—En eso estamos ahora.
—Pero ¿habéis cerrado algún acuerdo?
—Aún no, Pellman & Finch está trabajando en ello…
No le dejó acabar. Íñiguez era frontal en sus exposiciones y siempre buscaba no dejar espacio a quien tuviese delante.
—Entonces… en España estáis como al principio y en Alemania no habéis empezado. Vuestra tecnología es revolucionaria, muy prometedora, pero a lo mejor necesita madurar un poco más vuestra capacidad negociadora, que parece ignorar las reglas del país donde habéis comenzado.
Así actuaba el personaje. Directo, algo presuntuoso y rozando la grosería. Era una táctica eficaz. Paul reaccionó para no verse arrollado.
—Nuestra tecnología está más que contrastada. En pocos meses habrá conocido un desarrollo espectacular. La empresa energética que la ignore cometerá un grave error estratégico.
—Tienes razón, pero encontraréis muchas dificultades. Necesitas aliados. Y yo estoy de tu lado. Elecensa quiere apostar por Solar Alternative. Queremos comprar vuestro parque solar experimental y alimentar de electricidad limpia a toda la comarca de Baza.
—Presentad la mejor oferta y el parque es vuestro. Pellman me informa de que hay siete grupos, entre ellos vosotros, que han mostrado un interés claro por el parque.
—¿Y no lo podemos arreglar tú y yo ahora mismo?
—No puedo saltarme a Pellman & Finch. Tienen un mandato de venta y debo respetarlo —respondió Paul con firmeza.
Íñiguez torció el gesto.
—Puedes revocar ese mandato. No te obliga.
—Tengo un compromiso moral con la presidenta de Pellman & Finch. No puedo hacerlo.
—Mira, Paul, te entiendo, pero cuando vengo a trabajar, yo el corazón lo dejo en casa.
—No lo puedo hacer. No me voy a saltar a Pellman.
—Elecensa, la antigua Eléctrica del Centro, es la gran empresa española del sector. El Gobierno no permitirá que el parque se venda a un operador extranjero —dijo Íñiguez dirigiéndole una mirada desafiante.
—¿Y cómo lo sabes? —inquirió Kloster.
—Eso es lo que se comenta. También que vuestras relaciones con el Ministerio de Energía no son las mejores. Es posible que esto tenga que ver con tu amigo Miguel Polo, que está más cerca de la oposición que del Gobierno.
A Kloster le inquietó este último comentario. Optó por no responder. Su interlocutor tiraba a matar y él se limitaba a esquivar las balas. Le resultó evidente que el presidente de Elecensa disponía de información sobre sus movimientos.
Íñiguez se despidió de Kloster con frialdad y una advertencia.
—Quiero ser tu amigo. Elecensa quiere trabajar con vosotros. No nos despreciéis.