El vuelo de los gansos 5. Paul Kloster, estrella global #3
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5. Paul Kloster, estrella global #3

—Nosotros en Alemania queremos fabricar paneles y baterías a gran escala.

Pero no queremos hacerlo solos —apuntó Michael Seiffert—.

Le hemos pedido a BBW Bank que nos asesore en la búsqueda de los socios adecuados y en la estructura financiera y lo que queremos saber, y por eso estamos ahora aquí, es si podemos trabajar con usted y con su empresa.

—La DEP es un socio industrial formidable para ustedes.

Tenemos una enorme capacidad de movilización de recursos.

Queremos estar en esa operación. Creo que Solar Alternative cambiará el mercado energético.

Con su irrupción, la industria generadora de electricidad actual se quedará obsoleta en pocos años.

Y la Deutsche Elektrizität no se va a suicidar.

Estoy seguro de que convenceré a mi junta directiva y a mi consejo de supervisión, porque entiendo que si no estamos con ustedes, nuestras instalaciones quedarán pronto obsoletas y el futuro de la DEP se verá muy comprometido.

Lo que queremos es estrechar la mano de nuestro asesino porque es así como sobreviviremos.

Nos queremos adelantar a la competencia.

Kloster, muy intuitivo siempre, ya había pensado en ese problema, pero jamás se había planteado verlo ni organizarlo de esta manera, como una operación paralela de destrucción del pasado e implantación del futuro, todo ejecutado simultáneamente.

Aquel industrial mostraba una notable inteligencia práctica.

Captó la mirada de Michael en sus ojos, y reaccionó con una de sus sonrisas cautivadoras.

Sin decirle nada, ya le estaba dando las gracias por sus gestiones.

Un camarero obedeció una señal del anfitrión y empezó a llenar unas copas tipo flauta de una botella mágnum de champán francés.

Paul alzó la copa y todos los presentes hicieron lo mismo.

Luego bebió un sorbo. Había observado fugazmente la botella verde con etiqueta negra y se dirigió al dueño de la casa.

—Wolfgang, hay que saber mucho para elegir un Salon para un brindis.

—Paul, no todo el mundo aprecia un Salon. Que tú lo hayas hecho es una señal de que nos vamos a entender. A partir de ahora llámame Wulf, que es como me conocen mis amigos —respondió en tono jovial.

Moritz Herrkutter observaba satisfecho cómo empezaban a encajar las primeras piezas de la ambiciosa operación que su equipo había diseñado.

Esta consistía en la creación de una nueva empresa que construiría varias fábricas de baterías y paneles para producirlos a gran escala.

En el esquema dibujado por BBW Bank, el grupo industrial Kronenbauer y el operador eléctrico DEP eran los dos candidatos idóneos para asociarse con Solar Alternative.

—Wulf, creo que lo mejor será que tu empresa empiece abandonando la energía derivada del carbón y que la sustituya por la solar fotovoltaica.

Debería tratarse de un proceso muy rápido y con compromiso público.

La siguiente etapa sería reemplazar el petróleo y el gas.

Si estás de acuerdo, podemos ser socios —dijo Kloster mirando fijamente al anfitrión.

—Paul, aciertas. Ambiciono descarbonizar la Deutsche Elektrizität y convertirnos en un productor y distribuidor de electricidad limpia. Vuestra tecnología lo permite. Es casi un sueño —contestó un Schmidt sonriente.

Se despidieron con grandes abrazos, y Paul voló esa misma noche de vuelta a Madrid. En la capital española debía continuar con su road show .

Pronto se reunió con Emma Fernández, líder del primer partido de la oposición parlamentaria, quien aceptó que la propuesta suponía una gran oportunidad para España porque entendía el doble beneficio que reportaría para su país: producir energía limpia y desarrollar una nueva industria solar fotovoltaica muy poderosa que crease mucho empleo.

El problema no era la oposición, sino el Gobierno, y su ministra de Energía.

Cinco semanas después de la rueda de prensa, el proyecto de Solar Alternative parecía dar pasos muy firmes.

Cuatro potenciales compradores se habían dirigido a Pellman & Finch para acceder al cuaderno de venta de la central solar experimental de Granada.

Simultáneamente, ese mismo banco de inversión asesoraba al equipo de Kloster en la definición de un acuerdo estratégico con Elecensa, dado el entusiasmo que mostraba Carlos Íñiguez, su presidente.

Era un socio ideal para empezar en el mercado español.

En Alemania todo iba también sobre ruedas. Se estaba definiendo la creación de un gigante industrial de cara a fabricar paneles y baterías.

La comunidad científica internacional no solo daba crédito a la nueva tecnología, sino que mostraba un gran entusiasmo por los logros obtenidos.

Todos los focos apuntaban al nuevo actor global de la energía solar.

Pero mientras que su imagen cautivaba a las redes sociales y a los medios convencionales del mundo entero, su nómina de peligrosos enemigos crecía de forma exponencial en un escenario oculto a sus ojos. Y para esto Paul Kloster podría no estar lo suficientemente preparado…