5. Paul Kloster, estrella global #2
—Mira, imbécil. Sea ella o seas tú, no importa.
Lo que importa es que a su marido todo esto no le va a gustar.
Corta de inmediato. Ese tipo es una bestia.
La mayor parte de sus adversarios yacen en los cementerios empresariales.
¿Cómo es posible, con lo que está costando encontrar los socios adecuados, que te comportes como si aún fueses el veinteañero de nuestra etapa londinense?
Paul acusó el doble golpe, el físico y el que más le estaba doliendo: el dialéctico. Presentó bandera blanca con la mejor de sus sonrisas.
—Tomo buena nota. Tienes toda la razón. Confía en mí…
—Tú no tienes palabra cuando te tiran los tejos. Te aseguro que, si montas algún escándalo con Kronenbauer, me voy. Aquí no has venido a frivolizar con las mujeres de los grandes empresarios. Yo llevo mucho tiempo trabajando en algo muy distinto.
Por fortuna, fuera lo que fuese lo que sucedió en esa velada entre Kloster y la esposa del industrial, nadie lo supo y nada impidió que la recepción resultara un éxito.
Herrkutter, el anfitrión, estaba exultante y así se lo transmitió al día siguiente a Seiffert, en una llamada telefónica llena de entusiasmo, sin sombra de dudas ni suspicacias.
—Casi todos los que estuvieron ayer quieren veros para negociar en serio —explicó el banquero—. Desean saber más. El que ha insistido mucho es Wolfgang Schmidt. Y Wilhelm Kronenbauer me dijo al despedirse, casi como una orden, que organice una reunión.
—Perfecto —reaccionó Michael.
—Tenéis mi agenda a vuestra disposición. Creo en vuestro proyecto. El BBW Bank quiere ser vuestro banco.
—Ya eres nuestro banquero, querido Moritz.
—Me permitirás que al respecto exprese mis dudas. Paul Kloster es muy proclive a Pellman & Finch y amigo de Hilda Tournier, su presidenta.
—Y yo soy proclive al BBW Bank y amigo de Moritz Herrkutter, su presidente.
Michael sabía que el presidente del BBW Bank y la presidenta de Pellman se profesaban una profunda antipatía mutua y competían rabiosamente cuando se daba el caso.
Herrkutter era consciente de que su rival había conseguido el mandato de venta del parque solar experimental de Granada.
Por eso quería terciar de inmediato proponiendo una gran operación.
Proyectaba construir y financiar una alianza que permitiese la fabricación a gran escala de los nuevos paneles y baterías, en principio como una operación alemana, pero con ambición de repetirla en otros países.
Y todo debía hacerse muy rápido, mientras su rival se centraba en la venta del parque solar.
No se trataba solo de un tema personal con Hilda Tournier, era una competencia feroz entre uno de los bancos líderes de la Unión Europea y uno de los campeones de Wall Street.
Los dos amigos conocían muy bien el territorio que pisaban.
Michael Seiffert había desarrollado parte de su carrera en el BBW Bank, donde coincidió con Herrkutter y se hicieron amigos.
Por su parte, al salir de la universidad Paul trabajó en Pellman a las órdenes de Hilda Tournier y allí le fue muy bien.
Cuatro días después de la recepción, Kloster aterrizaba en el aeropuerto de Stuttgart a primera hora de la mañana.
A las diez estaba prevista una reunión con el marido de la dama seductora de la fiesta, que además era el fundador y propietario de uno de los mayores grupos industriales de Alemania con intereses en múltiples sectores y gran consumidor de energía.
Paul asistió al encuentro acompañado por Michael Seiffert y el banquero y mediador Moritz Herrkutter.
El presidente del BBW Bank fue directo al grano y expuso que ambas partes debían aliarse para fabricar los nuevos paneles y baterías a gran escala.
El anfitrión acogió la propuesta con atención, pero se mostró parco en sus expresiones.
Era un hombre con orígenes familiares en el norte perdido de Alemania, en la antigua Prusia oriental.
Se trataba de un septuagenario de fuerte carácter y pocas palabras.
Tras escuchar con atención la exposición de Herrkutter, Wilhelm Kronenbauer se dirigió a los dos amigos:
—Señores, para hacer negocios es necesario que exista una base sólida de confianza.
Con Moritz Herrkutter la tengo. Ambos sabemos que siempre cumplimos con nuestros compromisos.
Él responde por ustedes y yo confío en él.
A partir de ahora necesitamos que el BBW Bank defina con todo detalle el escenario que imagina para nosotros.
Si nos ponemos de acuerdo, hemos de trabajar con método y sin improvisaciones.
Y no lo olviden: siempre construyendo la confianza —manifestó mirando a Michael y sobre todo a Paul, que no movió un músculo.
Dos días después el banquero les organizó otra reunión, esta vez en Berlín, con Wolfgang Schmidt, el presidente de la DEP (Deutsche Elektrizität AG), uno de los grandes operadores energéticos europeos y uno de los mayores consumidores de energías fósiles de toda Europa.
Los tres cenaron en el apartamento que Schmidt utilizaba cuando se desplazaba a la capital federal.
Su domicilio familiar y la sede de la DEP estaban en Duisburgo, en la cuenca del Ruhr.
Como anfitrión no se anduvo por las ramas con sus invitados y enseguida entró en materia. Lo hizo directamente, con pragmatismo y claridad germana, antes incluso de pasar al comedor.
—Quiero dejarles muy clara la postura de mi empresa.
Creemos que su tecnología es revolucionaria y que tienen la llave del futuro de la energía.
Una vez hayamos revisado todo, queremos trabajar con ustedes.
Tengo en mente varias posibles fórmulas que van desde una asociación estratégica hasta comprar parte o la totalidad de Solar Alternative. ¿Qué les parece?
—Agradezco esta buena disposición —respondió Paul—. Queremos a la Deutsche Elektrizität como socio estratégico. La opción de entrar en el capital de Solar Alternative no está ahora sobre la mesa, el resto sí.