4. Solar Alternative necesita una rápida expansión
Solar Alternative necesita una rápida expansión
Paul Kloster estaba exultante cuando recibió con los brazos abiertos a Michael Seiffert —recién llegado de Frankfurt para reunirse con él— y a Miguel Polo en las nuevas oficinas de Solar Alternative en Madrid.
Se habían conocido en Londres, cuando Kloster comenzó a trabajar y a destacar como trader .
Ellos dos ya eran amigos y, tras coincidir en diversas fiestas, Paul los invitó a vivir en su gran apartamento, donde sobraba sitio.
Desde entonces los unió una amistad muy intensa y estrecha, y cuando arrancó Solar Alternative, Kloster los animó a sumarse plenamente a lo que iba a ser una gran aventura tan económica como ecológica.
Una amistad que no les había impedido decirse mutuamente a la cara lo que pensaban los unos de los otros, ni discutir a menudo ciertas cosas del comportamiento de Paul.
Sobre todo, en lo referente a la erotomanía de Paul.
Era un donjuán nato, y eso podía crear problemas con las otras amistades de Seiffert y Polo.
Paul respondía que ese comportamiento era para compensar sus largos años de timidez.
«Es que yo era tartamudo, y más cuando hablaba con chicas».
Para sus amigos, esa respuesta se trataba solo de un pretexto.
«No nos cuentes milongas, Paul», le reprochaban.
También discutían sobre muchos otros asuntos, pero después de tantos años, los tres estaban de acuerdo en una sola cosa: convenía iniciar los pasos para hallar el camino hacia la expansión industrial de su proyecto tecnológico-ecologista.
Porque ahí se unían su amistad, su dinero y su futuro personal.
El objetivo del encuentro de ese día en las oficinas de Madrid era el de decidir la estrategia financiera de Solar Alternative.
Para que todo el proyecto alcanzara sus objetivos no podían seguir solo con las aportaciones personales de capital de Paul. Había llegado la hora de elegir socios.
Solar Alternative había establecido su cuartel general español en los dos pisos superiores de un moderno edificio acristalado de oficinas situado en el extrarradio norte de la capital española.
En el piso más alto, se encontraba el despacho de Paul, que contaba con una sala de reuniones adjunta.
El mobiliario era funcional, sin grandes concesiones.
No mostraba ningún detalle personal de su ocupante, ni tan siquiera fotos familiares.
De hecho, para Paul se trataba de un simple lugar de paso y a él le gustaba ir siempre ligero de equipaje.
España estaba en el eje de su proyecto por las instalaciones y centros de investigación andaluces, y todos supieron enseguida que era necesario un despacho en Madrid.
En Frankfurt disponía de otro despacho similar que aún no había utilizado, pero en el que ya estaba instalado su amigo y socio Seiffert.
—Aquí nos están recibiendo con los brazos abiertos —dijo Paul muy satisfecho de sus progresos.
—Es cierto. España quiere apostar por nuestra tecnología, ahora ya lo sabemos con seguridad —confirmó Miguel.
—Pero relativamente, solo relativamente. ¿No es así? Me habéis dicho que aún no habéis podido presentar el proyecto a la presidenta del Gobierno y que en el Ministerio de Energía no fueron «muy amigables», uso vuestras palabras —les recordó Michael.
—No exactamente así, esa es tu interpretación de lo que te hemos explicado —terció Paul—.
Creo que la ministra y el secretario de Estado de Energía no son hostiles, aunque estaban un punto molestos porque no sabían nada de Solar Alternative y de repente se habían enterado por los medios de comunicación de la existencia de un superlaboratorio en la provincia de Granada… y de todo lo demás.
—Necesitan un poco de tiempo para hacerse a la idea —matizó Polo—, para dejar de sentirse ofendidos. Luego obtendremos su apoyo y podremos hablar directamente con la presidenta del Gobierno.
—Esperemos que no nos pongan palos en las ruedas —dijo Michael—, porque el apoyo del Gobierno es imprescindible, aquí y en cualquier lado.
Quedamos en que íbamos a ir a tope desde este momento, a conseguir socios de verdad que nos permitan olvidarnos de la financiación y concentrarnos en los aspectos técnicos.
Francamente, esta clase de reticencias por cuestiones formales, que si no nos habíais avisado y todo eso tan español, me pone de los nervios.
Creo que en Alemania el Gobierno federal sería mucho más receptivo.
Mi país tiene un serio problema con la energía y los alemanes somos racionales y muy pragmáticos.
Si perciben que Solar Alternative es la solución, el apoyo será inmediato y absoluto.
Sabéis lo que opino, y estas actitudes iniciales que tiene España son indicativas de cómo funcionará todo aquí. No me convence.
—Los españoles también somos muy pragmáticos y además tenemos mucha imaginación —respondió Miguel, ofendido.
—¿Lo ves, Miguel? Tanta suspicacia hace que a veces os perdáis en el camino. Y además la planificación no es vuestro punto fuerte.
—Y a vosotros os falta iniciativa, intuición y, además, sentido del humor.
—Es posible que mis compatriotas sean un poco tristes. Vosotros sois muy alegres, y cuando estáis a punto de quebrar, llega el Weihnachtsmann alemán y os presta el dinero para que vuestra fiesta no se pare.
Kloster observaba divertido una escena que ya era habitual desde que los tres se conocieron en Londres. Alzó las manos y dijo:
—Alto ahí, no volvamos a hablar de tonterías.
A mí me da igual empezar en España o en Alemania.
Quiero estar en el país que sea más receptivo, el que mejor nos trate.
Nuestro desafío pasa por arrancar la expansión en uno de los dos y conseguir que todo funcione bien.
Es cierto que aquí el Gobierno no nos está dando una muy buena acogida, pero en el sector empresarial sí.
Tenemos un socio claro, nada menos que el presidente del primer grupo energético español, que ya nos ha dicho que quiere asociarse con nosotros a cualquier precio y no parece ser el único.
—El presidente de Elecensa sería un magnífico aliado, no cabe duda —intervino Miguel—. Y me dicen que la ministra hará lo que él diga. Sabe que su futuro está más en un cargo en una corporación que en la política.
—¿Crees que nos puede ayudar? —preguntó Paul.
—Ya estamos con estas cosas tan españolas, amigos míos —exclamó Michael muy alterado—.
¡Es un desastre que todo funcione en relación con aspiraciones personales en lugar de políticas de país!
Porque, además, a la que te enredas en tratos de esta naturaleza, luego hay que pagar peajes porque todo son intereses individuales, favores que hay que sufragar con favores, y eso no se acaba nunca.
Necesitamos socios convencidos de la importancia del proyecto de Solar Alternative.
Eso, y nada más. Ni quién es amigo de quién, ni quién tiene agarrado del cuello a no sé quién.
Y, dicho esto, Michael se quedó mirándolos en silencio a los dos. Vio que había dado en el clavo. Y aprovechó la circunstancia para lanzar el ataque que traía preparado:
—En Alemania nos podemos poner en marcha de inmediato y con el apoyo cerrado del Gobierno federal.
Para nosotros la energía es un asunto de Estado, y nuestra apuesta por el gas ruso ha fracasado.
Tenemos un sector empresarial muy potente y somos la primera economía de la Unión Europea.
Usamos más energía que varios países de la Unión juntos.
Y Solar Alternative nos ofrece la solución, sin depender de países que han demostrado no ser amigos.
—Sí, pero ahora cuenta con un sector industrial debilitado… —cortó Kloster, animándose a entrar en la discusión.
—Hemos de arrancar en España. Solar Alternative tiene aquí su laboratorio y su primer parque experimental —se defendió Miguel—. No sería razonable cambiar ahora nuestro foco y empezar de cero en Alemania.
Paul se quedó mirando fijamente a sus amigos, primero a Miguel, que se hallaba a su izquierda, más cerca. Luego a Michael, situado enfrente.
—Ya estamos instalados en este país con un laboratorio, una fábrica y un primer parque —empezó a razonar Kloster—.
En Alemania solo disponemos de una fábrica en Darmstadt y una oficina en Frankfurt.
Lo lógico es que primero apretemos el acelerador en España.
Creo que aquí Elecensa puede ser nuestro socio estratégico.
—Estoy muy de acuerdo con lo que dices —sonrió Miguel.
—Y entonces, ¿qué hacemos en Alemania?
—Ponernos en marcha simultáneamente, Michael. Vamos a empezar en España y a dar pasos en Alemania desde este mismo momento. ¿Crees que tu amigo Herrkutter nos puede ayudar?
—Claro que sí —afirmó Michael—. Moritz es el primer banquero de Alemania.
Pero, sobre todo, cree en las oportunidades de negocio que Solar Alternative puede generar para el BBW Bank.
Es nuestro gran aliado. Y si él entra, el Gobierno alemán vendrá a pedirnos permiso para sumarse y colaborar.
¡Imagina que Alemania resolviera de una vez por todas sus problemas energéticos en volumen y en precios!
Volvería a ser la gran potencia industrial que ha sido hasta hace no muchos años.
Como dices siempre tú, Paul, las cosas funcionan cuando se trata de soluciones reales para problemas reales, y el de la energía es acuciante para Alemania.
Tienen que agarrarse a nosotros, a nuestra solución real.
—Pues adelante —resolvió Kloster—, trabajemos en paralelo en los dos países. No debemos jugárnoslo todo a la apuesta española.
Decidieron que hablarían con el presidente de Elecensa y con la ministra y su segundo, y que, por su conocimiento del país, Miguel rastrearía otras opciones. Y en Alemania, lo dejaron para el mes siguiente, sin más esperas.