El vuelo de los gansos 2. Un anuncio trascendental, un personaje singular #4
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2. Un anuncio trascendental, un personaje singular #4

Muestra gratitud por todo eso, más a su madre que a su padre.

Y me cuenta cuál es ese libro que tanto le marcó.

Un ejemplar en tapa dura editado en 1949 por Oxford University Press.

Se titula A Sand County Almanac y es la obra póstuma del estadounidense Aldo Leopold, aquel hombre que en su juventud vio a una loba herida morir en sus brazos.

En la portada del ejemplar perteneciente a su madre, aparecían unos gansos salvajes posados en tierra y elevando el cuello para emitir graznidos.

El pequeño Paul no lo sabía, pero tenía en sus manos la obra fundacional del medioambientalismo, del ecologismo moderno.

Haber leído aquel libro ecologista avant la lettre le condujo a vivir un tiempo en la Camarga, solo, sin más compañía que dos perros aún muy jóvenes y en una zona donde miles de gansos pasan cada año una temporada muy larga.

—¿En la más completa soledad? —le pregunté—. ¿Puede usted soportar la soledad… mucho tiempo?

—No necesito soportarla, en ese momento la necesitaba, y en general la disfruto.

Mi cabeza no para, siempre estoy pensando o divagando; de hecho, no me siento nunca solo, me acompañan todas las bobadas que una cabeza es capaz de generar si la dejas a su aire.

¿No lo ha intentado usted nunca? Le desafío a que lo pruebe.

Vaya sin móvil, sin ordenador, sin radio ni televisión a cualquier lugar poco habitado.

Verá lo divertido que es pasear sin dirigirse a ninguna parte.

Con esta clase de tretas, desafiándote, es como seduce Paul Kloster a mujeres y hombres.

Antes de esa soledad buscada, Paul Kloster había superado su tartamudez infantil, y de joven fue un brillante alumno de la London School of Economics .

A sus compañeros de curso les hacía gracia el galimatías de su historia familiar, que explicaba el hecho de que hablase tan bien inglés como español y francés.

—Pero sus padres han terminado residiendo en Barcelona, y usted ha vivido mucho tiempo allí, ¿no es cierto?

—Soy ciudadano del mundo, aunque mi pasaporte sea británico. Las fronteras no me gustan nada. Soy también barcelonés y he viajado mucho por España. Así encontré el lugar ideal para mi planta experimental y científica en torno a la energía solar.

—Usted no es ingeniero ni especialista en ninguna de las ramas científicas que han permitido los avances que mencionó en su conferencia.

¿Le alcanza con el máster en Ciencias que se sacó también en la London School of Economics para entender bien lo que le cuentan, lo que hacen estos superespecialistas?

—Carezco de formación en ingeniería, en tecnología…

Como soy muy curioso y muy lector, tener una base del pensamiento científico metida en el cerebro me ha permitido leer y comprender libros bastante especializados en numerosos campos.

Disfruto con la divulgación científica y puedo medio entender incluso tres o cuatro pasos más allá.

Y digamos que llego a detectar muy pronto quién va en serio y quién es un charlatán, porque en todo el campo de la supertecnología y la ciencia avanzada también hay mucho caradura.

—¿Y en su especialidad, las inversiones, hay mucho sinvergüenza también?

—¿Caraduras en el mundo financiero? No se lo imagina usted… A montones.

El mundo de las inversiones con riesgo le apasionó cuando fue un trader en la City.

—No me gusta jugar a la ruleta, donde cada número es igual que todos los demás, no existe nada más que el azar.

Pero en la operativa de divisas, de bonos o de valores cotizados…

ahí tienes que saber muchas cosas, y, si eres osado, puedes obtener ganancias.

Porque para ganar mucho debes arriesgar, apostar por lo que nadie cree que merezca la pena invertir ni un penique.

Y no por llevar la contraria a todo el mundo, sino porque tú tienes algunos conocimientos sobre los motivos que hacen que unos bonos, unas acciones…

suban y otras caigan, porque tienes bastante idea de algunos sectores económicos y, sobre todo, porque tienes un saber innato acerca del espíritu humano, sus pasiones más elevadas y las más rastreras.

La solidaridad y la codicia. No se puede usted imaginar el chute de adrenalina que significa acertar en uno de esos juegos.

No hay casi ningún disfrute humano que se le pueda comparar.

—¿Podría contarme cómo dio el salto de esa pobreza casi absoluta, tras el divorcio, a tener la capacidad de invertir a fondo perdido el montón de dinero que se ha gastado en el proyecto de Solar Alternative?

—No es el momento. Desviaría el foco.

—Resulta obvio que usted no es nada tonto, que un enriquecimiento tan enorme y repentino solo se puede conseguir hoy en día en industrias como el tráfico de estupefacientes, la trata de blancas, de tailandesas o africanas… O el lavado de dinero negro a través de paraísos fiscales.

—Pues no es el caso —respondió con una sonrisa desafiante.

—¿De verdad que no ha dejado nunca rastro? ¿No ha montado Solar Alternative como un negocio para ocultar el origen oscuro de su riqueza?

Estas preguntas no tienen, de momento, respuesta.