El vuelo de los gansos 2. Un anuncio trascendental, un personaje singular #3
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2. Un anuncio trascendental, un personaje singular #3

—La implantación de nuestra tecnología —respondió el líder de Solar Alternative— no debe verse afectada por la geopolítica.

—Hizo una breve pausa mientras regulaba su respiración—.

Contesto ahora a sus siguientes preguntas: por supuesto que queremos trabajar más allá de Europa, por supuesto que queremos extender nuestras operaciones a Asia.

Y, por supuesto, la República Popular China podría ser uno de nuestros muchos socios.

Y, de hecho, debería serlo; no en vano su gran país es el primer emisor mundial de gases de efecto invernadero y también el primer productor global de energía solar fotovoltaica.

La acidez del final de su respuesta provocó un murmullo bien audible entre los periodistas presentes en la sala.

Y así, por estos cauces, con respuestas cortas a preguntas variadas más o menos incisivas —la mayoría previstas por los ejecutivos de Amélie Hautemanière—, Kloster fue agotando los minutos previstos hasta concluir la primera rueda de prensa.

La segunda se celebraría más tarde con periodistas especializados en ciencia y tecnología.

El programa incluía una brevísima visita a las instalaciones del laboratorio y un refrigerio.

Fue entonces cuando el protagonista del día se mezcló con los medios, siempre de la mano de la comunicadora francesa.

Alternaba con los periodistas en pequeños grupos y, entre uno y otro, la corresponsal de The TransEuropean se hizo la encontradiza.

Al ver que se les acercaba la influyente periodista alemana, Hautemanière la tomó delicadamente del brazo y la situó frente a su cliente.

—Paul, quiero que conozcas…

Paul no le dejó continuar:

—… a Kerstin Holstein, corresponsal energética de The TransEuropean .

Recuerdo bien que me ha hecho una pregunta y se ha presentado.

Si puedo tutearte, Kerstin, te diré que te he reconocido por la foto que acompaña a tus columnas de opinión.

Soy lector habitual de tus artículos. Confieso que sentía una gran curiosidad por conocerte personalmente.

Aquel hombre era capaz de pronunciar esta frase sin parecer en absoluto que fingía para conseguir que una líder de opinión se congraciara con él.

Tenía un extraño don en el trato con las personas.

Y aunque la escrutó brevemente con la mirada, lo hizo sin que aquello resultase invasivo, quizá por su forma de sonreír mientras le dirigía esa mirada.

Kerstin notó una vibración especial en el cuerpo, algo que nunca le ocurría en su trabajo de periodista.

—Estoy encantada de conocerte, Paul. Sí, por supuesto, puedes tutearme —le dijo ella lo más rápido que pudo, tratando de evitar que él supiera lo que había sentido durante ese breve instante—. Quiero hablar contigo con más calma. Necesito ampliar la información —añadió.

—Estoy a tu disposición. Pero hoy creo que no va a ser posible. ¿Verdad, Amélie? —dijo mirando a su colaboradora.

—Estamos desbordados. Trataré de organizarlo para más adelante —respondió.

La alemana no se conformó. Sabía que una exclusiva en su medio era el objetivo máximo de la empresa de relaciones públicas.

—Quiero hablar directamente contigo y te pido que encuentres tiempo para mí, mejor mañana que pasado.

—Si tú estás de acuerdo, acepto —dijo Kloster mirando a Amélie.

—De momento no vas a dar una entrevista, ni a ella ni a nadie.

Tendríamos un aluvión de peticiones. Pero es bueno que habléis los dos.

Kerstin Holstein es una periodista de referencia.

—Y, mirando a la informadora, continuó—: Queda claro que no es una entrevista.

Puedes tomar notas, pero no puedes grabar la conversación.

Puedes entrecomillar alguna de sus palabras, pero solo las que sean declaraciones y siempre que las revisemos antes de que las publiques. ¿Estás de acuerdo, Kerstin?

—Sí, no grabaré. No será una entrevista y confirmaré contigo las frases que atribuya a Paul, pero ni una línea más, querida —contestó la alemana con una sonrisa, pronunciando el «querida» con cierta sorna.

Al irse él, Holstein siguió a Kloster con la mirada y continuó observándole de lejos.

Indudablemente se trataba de un seductor nato; no tenía que hacer ningún esfuerzo por caer bien.

Era, además, un hombre de una tremenda inteligencia emocional.

La alemana reparó en que miraba a los ojos de cada uno de sus múltiples interlocutores al tiempo que realizaba un rapidísimo barrido ocular para no perder la referencia del entorno.

Todo ello acompañado de unos movimientos corporales muy armónicos, propios de un deportista.

Dos días más tarde, Holstein tuvo el encuentro acordado, que se extendió algo más de dos horas y en el que la periodista experimentó una sensación inhabitual.

Tras muchos años hablando con líderes institucionales o empresariales, estaba muy acostumbrada a tratar con gente brillante. Pero este hombre parecía distinto.

En este contexto, comenzaba a esbozarse un personaje positivo y se daba por sentado que la apuesta de Solar Alternative tendría un largo recorrido.

Apenas unos días después de la rueda de prensa, el influyente medio The TransEuropean publicó una entrevista:

El misterio de Paul Kloster, millonario

y benefactor de la humanidad

A sus cuarenta y siete años, este centroeuropeo, con infancia y juventud mediterráneas, estudios en Barcelona y Londres y vida cosmopolita posterior, se ha propuesto revolucionar el mundo de la energía.

Por su aspecto —vaqueros viejos (no envejecidos) y una camiseta que parece no ser siquiera de una marca mediocre— se diría que no tiene mucho dinero.

Incluso que ni siquiera sabe de cuánto dinero dispone, pero es riquísimo.

Esta apariencia desaliñada podría ser estudiada, pero, en cuanto hablas con él, su manera directa de decirte las cosas te desarma, hasta el punto de que empiezas a pensar que ni él ni todo lo que está haciendo es un montaje publicitario.

De hecho, podría hablarse más bien de un sueño hecho realidad ya que, según anuncia Kloster, terminará con el poder del petróleo sin necesidad de voluntarismo ni extremismos ecologistas.

«Hemos conseguido que el petróleo sea un mal negocio.

Esa pesadilla acabará porque se convertirá en una energía más cara que la solar», me dijo en nuestra larga conversación privada tras los fastos promocionales. Esta es su promesa.

«… y así seguiremos viendo el vuelo en V de los gansos, tratando de entender el misterio de sus rutas de miles de kilómetros, la belleza de esas aves, su necesidad de marismas y humedales donde poder pasar el invierno».

«No me siento extraño en casi ningún lugar de la tierra», me confesaba el señor Kloster sonriendo.

La sonrisa es la clave. Una sonrisa que sale de sus labios y sus dientes blanquísimos, pero sobre todo de sus ojos luminosos, brillantes.

Esa sonrisa cautiva y convence. La sonrisa, y también la inteligencia que hay en sus ojos, que no miran como los demás.

Ojos que sonríen y que escrutan, según los momentos.

A Kloster le gusta hablar de sus raíces: «Mi madre toca muy bien el piano, y es muy lectora.

Nunca me ordenó que leyera, ni me lo aconsejó.

Pero en casa tropezabas con los libros que ella y mi padre estaban siempre leyendo, varios a la vez, de todas clases.

Novelas, ensayos, historia, y también muchos libros ilustrados de fauna, arte, muebles antiguos».