Capítulo 61
El comienzo de la tragedia
La sacudida sorprende a Poquet, Begur y Aguilar arrancando los cortinajes del escenario del salón donde han buscado refugio.
La explosión deja paso a una llamarada alimentada por el hidrógeno, altamente inflamable.
El revestimiento de la estructura , una tela con tratamiento de aluminio, no ayudará.
El Embryo es una tea.
El zepelín, que se hunde en el aire por la parte posterior, tocará suelo en minutos.
Las sillas, mesas, platos y demás enseres del inmenso salón comienzan a precipitarse hacia la izquierda de la estancia como atraídos por el imán de un coloso invisible.
Mar lucha contra la gravedad, intenta encaramarse al escenario.
—Begur, ayúdame.
Con la ayuda de su abuela, accede al micrófono del escenario donde Arya Devant lució su talento.
Quiere alertar al pasaje. Está apagado, paralizado por las circunstancias.
Des esperada, recuerda que la mesa de mezclas se ubica tras el esce nario.
La vio mientras sustraía la llave de Ponce de la chistera hace ya tanto…
Consigue caminar hasta allí, agarrándose a las estructuras ancladas.
—Pat, vosotras romped una de las cristaleras. Intentadlo con las menores, obviad el ventanal principal —dice Mar.
Alcanza la mesa de mezclas. Aprieta todas las clavijas que encuentra, interpreta una pieza musical que suena a plegaria.
El aparato resucita.
Su mensaje resuena por todo el Embryo. Indica a los pasaje ros más cercanos a la proa que se dirijan al comedor.
Compar te con los oyentes el plan : saltar al exterior a través del salón panorámico.
Desde allí, los viajeros que se lancen a tiempo quizá puedan burlar las llamas, como en el siniestro original.
—Coged todo lo que podáis —dice Mar a sus cómplices—. Lo que pueda amortiguar la caída: manteles, cortinas, destripad las sillas… No sabemos cuántas personas pueden haber escuchado la advertencia y tenemos que estar preparadas para socorrerlas.
Otro estallido concatenado hace que el Embryo vaya perdiendo altura. Son las celdas de hidrógeno ardiendo una tras otra. La popa tocará suelo americano convertida en una bola de fuego.
—¿Cuántas personas piensas que lo lograrán ? —pregunta Begur.
—Las suficientes.
Obedecer le cuesta la vida a gran parte del pasaje. La recomendación de Schäfer de permanecer en sus camarotes le hiela la sangre a Mar, sitiada por el fuego.
«La suerte juega con el destino, y nosotros somos sus fichas».