El vuelo de la fortuna Capítulo 58
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Capítulo 58

Una hora antes de la tragedia

La tos ahogada de Begur tritura los nervios de la mujer que abre la clínica del Embryo.

Patricia procede sin esfuerzo. La tarjeta del bolsillo de la bata les allana el camino.

La batiente emite un zumbido digital y la luz cambia a verde al contacto con la banda magnética.

Entran sin ser vistas. Aguilar guía a la abuela a la sala de operaciones donde debe de estar Mar.

Caminan pegadas a la pared, dejan atrás las neveras, pero pronto sus precauciones ya no son necesarias.

Contienen la respiración ante las puertas altas, coronadas por sendos ojos de buey, que dan a la atmósfera estéril.

Miran por uno de los ventanales: allí no hay ni un alma. Algo no va bien.

El personal parece haber abandonado la sala de estampida.

Mascarillas, bisturíes y gasas se apilan sobre el mobiliario auxi­liar.

Pat se aferra a su mochila y continúa con paso firme hacia el quirófano.

Las puertas gomosas se abren pesadas. Ni rastro del equipo médico: cirujano, nefrólogo, anestesista, enfermeros. Nada. Tampoco del Heredero.

Las mujeres se miran perplejas.

Sobre la mesa de operaciones, sola y desnuda bajo los potentes focos, Maravillas Poquet yace exánime como un residuo sanitario.

—Hemos llegado tarde.

Begur rompe a llorar junto a la camilla quirúrgica. Su llanto es quedo, como el de los acostumbrados a sufrir.

Patricia se acerca a la Vaca, esa mujer inteligente y luchadora que ha dado su vida por el esclarecimiento de la verdad y que merece todo su respeto.

«No puedo creer que haya contribuido a este horror».

Desde su posición, acierta a ver a una Mar entre los electrodos.

Por su respiración acompasa da y el bip constante del soporte vital, se diría que está bien.

Maravillas Poquet continúa viva.

Se lo dice a Begur :

—¡¡Está viva!!

Su asma lo celebra.

Patricia comprueba la anatomía del pequeño milagro. Su cuerpo está intacto.

Algo no ha salido según lo previsto en la carrera por salvarle la vida a Hans Acevedo.

El rastro de sangre en el suelo, de unas ruedas apresuradas, explica una historia plausible: Hans no pudo resistir una intervención tan invasiva y entró en parada.

Las pisadas acompañando la camilla lo confirman .

El cambio de escenario por el fallo multiorgánico obligó a interrumpir el proceso prácticamente al inicio.

Desde entonces, el chico lucha por su vida en la unidad de estabilización anexa .

Por su parte, Maravillas lleva desnuda y abandonada a su suerte casi seis horas. La anestesia pronto comenzará a remitir , pero no es factible desplazarla en ese estado de seminconsciencia .

En apenas una hora arribarán a Lakehurst.

—Tenemos que moverla. —Begur zarandea a su nieta, que está fría como el hielo—. Patricia, tenemos que despertarla, llevárnosla de aquí, pero ¿cómo?

La droga es la respuesta.

Aguilar rebusca entre su bolso y se corta. Una hendidura profunda en su índice izquierdo comienza a manar. Un reguero de sangre roja y vibrante le mancha la bata.

—Mierda. —Su mano ha tropezado con el instrumental sustraído.

Sus dedos torpes dan con una fina inyección, similar a las de insulina.

—¿ Qué es eso? —pregunta la tos de Begur.

—Naloxona. Tenemos que despertar a la bella durmiente.

—¿Funcionará?

—Ahora lo veremos.