El vuelo de la fortuna Capítulo 56
88%

Capítulo 56

Semanas antes de la tragedia

Castellón

Begur estuvo estacionada durante varios días, observando a su nieta. A diferencia de la persona resentida que se negó a es cucharla, quizá con la hija de su hija tuviera una oportunidad. Cuando se dispuso a bajar del coche de lunas tintadas, un repartidor se lo impidió.

Tuvo que regresar varias veces, siempre en sábado, hasta reunir la determinación de conocer a aquella chica ceñuda de la que le había hablado Milagros.

El día que se vio con fuerzas, Mar se hallaba en Cofrentes tratando de reclutar a un marido esquivo.

Begur tuvo la prevención de cambiar su aspecto al entrar a la Fea.

En una tienda de modas, quizá alguien pudiera reconocerla.

Solo tuvo que dejarse caer el pelo sobre la cara, despojarse de las joyas y lucir ropa impersonal de grandes almacenes.

El superpoder de los viejos funcionó. Ya en la tienda, seleccionó algunas prendas de baja calidad y entabló conversación con una Elena aburrida, con ganas de hablar.

Sobre el mostrador, una novela de Ponce Savaté .

La radio, de fondo, parloteaba sobre el enésimo Afortunado.

De forma natural, la charla derivó hacia el Embryo.

Elena anhelaba exagerar su amistad con quien cerraba la lista de la fortuna: Maravillas Poquet.

Esa misma tarde, Begur empleó parte de su herencia en un pasaje de primera clase.

La aproximación con Milagros había sido terriblemente torpe, precipitada.

No estaba dispuesta a cometer el mismo error con su nieta.

Quiso pensar que a Albert le agradaría la idea a pesar de todo.

El dirigible le brindaba cuatro jornadas completas de redención para ganarse la confianza de Mar.

Tropezarse allí con Acevedo sería inevitable.

Confiaba en que el español de sello dorado no la asociara con Milán.

Livia Ferrante era solo un fantasma.