El vuelo de la fortuna Capítulo 46
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Capítulo 46

Veintidós horas antes de la tragedia

El humo es denso.

Mar no repara en el superviviente de Bhopal , paralizado por la vorágine.

El pasaje arrasa con los manteles , el mobiliario y las plantas que encuentra a su paso entre empujones y gritos.

Aurora Mengual se acerca al hombre , que se protege la cabeza de la estampida, y lo aparta a tiempo.

Su pernera está empapada. La Afortunada de Les Alfaques no le culpa. Ese olor también alimenta su neurosis.

Poquet alcanza a Aguilar a pesar del tumulto.

— Está todo bajo control, ha sido una chispa en un transformador —jadea Patricia—. No ha llegado a prender siquiera. El humo es muy escandaloso.

Lo dice en voz alta. Como si necesitara decírselo a sí misma.

El mensaje tranquilizador resuena por los altavoces como un disco rayado.

«Conato de incendio controlado. Controlado».

La calma tardará un poco en regresar. Los viajeros necesitaban desgañitarse, canalizar la desesperación de las últimas horas.

Asiente. Los ropajes del escenario las protegen de miradas indiscretas.

—No ha llegado a prender —repite y continúa—: Ven. Mira lo que he encontrado.

Mientras la fundación estaba ocupada en ocultar la verdad, Patricia accedía al cuaderno sin custodia. Una vez cocinada la versión oficial, los hechos carecían de sentido.

Le enseña la Moleskine.

«¡El cuaderno!».

Patricia Aguilar se ha arriesgado mucho sustrayéndolo.

Lo abren ansiosas.

Entre la maraña de dibujos, sketches , garabatos y códigos, ha podido desentrañar algunas frases que pasaron por alto horas atrás. Patricia sabe lo que busca.

—Fíjate en estas palabras.

Se las muestra. Esto es lo que leen:

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Maravillas se concentra. Tiene la sensación de haber visto antes la primera inscripción. Aguilar traduce por ella:

—En esta frase, Ponce se pregunta si hay un segundo laboratorio a bordo, más allá del que todos conocemos.

Lee textualmente : «¿Laboratorio clandestino?». Eso era.

—A estas alturas, ese cuarto es un secreto a voces. Tengo entendido que es más grande incluso que la enfermería oficial donde se realizaron las extracciones. Es tan amplio que la ayudante de Nanshan me confirmó que dispone de cámaras frigoríficas… Estoy segura de que es ahí donde tratan a Hans.

«Está en contacto con el topo», piensa Poquet.

—No sé, Mar. Creo que ese chico es la clave.

—¿Hans?

—Sí. Y que quizá Savaté pudo dar con algo, una prueba que enlaza al chaval con los Afortunados y que no pudo contarme cuando quedamos … La noche en que…, en fin, ya sabes.

Mar le arrebata el cuaderno. Lee claramente la siguiente secuencia:

«¿Quién es el Heredero?».

—¿El heredero de qué?

—El heredero del imperio lechero. De Indace, de los negocios, de la fundación, del patrimonio, de las patentes. El heredero de todo, Mar…

—¿Qué tipo de pregunta es esa, Patricia? Pues… Hans Acevedo Volkers.

Silencio.

—Según el topo, el crío está a punto del fallo renal. Le están dializando. Necesita un milagro.

No se plantea si la fuente de la que le habla es de fiar.

Aguilar parlotea acerca de una enzima, de una investigación pionera que lidera la madre de Hans. Mar solo puede pensar en palabras como «Heredero», «laboratorio clandestino», un círculo y unas flechas.

Mira mejor.

El corazón le golpea en la garganta. Y allí está lo que busca. Las anotaciones feroces, los círculos y las flechas que entrelazan dos nombres y abrazan mortalmente a su marido.

— ¿Qué opinas de esto?

—Creo que este vuelo de la fortuna no es casual. Tampoco la lista de pasajeros. La fundación busca a una persona muy concreta para su Heredero.

Callan.

—Es lo que quería comentarte, Mar, por eso quería verte. El tiempo de tu encierro me ha servido para pensar. Según mi confidente, la persona afín debe cumplir ciertos requisitos para maximizar la compatibilidad.

—¿Como cuáles?

— Haber sobrevivido a varias catástrofes químicas. Esa exposición le habría hecho desarrollar la enzima que combatirá algunos de los síntomas.

Maravillas descifra la identidad que conectan las flechas.

También el número de las cabinas.

El escritor quería advertirlos de un peligro más profundo: la manipulación del dirigible. Tira por donde no es.

—Germán Casals, camarote veinticuatro. Y Curro Peiró, camarote veinticinco.

—El segundo nombre no me dice nada.

—A mí, al principio, tampoco. —Mar parpadea—. Me costó identificarlo porque no tenía sentido.

Patricia cree que habla del sistema de encriptación.

—Eso es. Me despistó que los números estuvieran a la derecha del papel en lugar de a la izquierda.

—No, Patricia. No es eso. Yo hablo de Curro, de Curro Peiró. El ambientalista pirado que mantiene que el planeta está al borde del colapso. Que el fin anda cerca.

—Predicadores.

—Algo así. Sostienen que somos poco menos que termitas.

Que para qué reducir, reciclar o apostar por modelos más limpios si ya hemos alcanzado el punto de no retorno…

—Pat la mira—. Me lo crucé , a ese tipo.

Al tal Curro Peiró. Fue el primer día que embarcamos y no supe reconocerlo.

Tanta excitación, tanto ruido visual. No supe verlo como una amenaza.

Después, volví a intuirlo en una fotografía.

Mantenía una actitud desafiante con Germán . Parecía que discutían…

—¿Y qué hace aquí? ¿Cómo ha logrado costearse el billete? No es uno de los Afortunados , su nombre no figura en los registros de la fundación …

—Porque se enroló como parte de la tripulación. Lo he tenido ante mí todo este tiempo…

La sonrisa de suficiencia de Peiró acude a su mente. La socarronería al adquirir las botas de protección en la Fea, la se guridad al decir que no las iba a devolver.

Porque nadie viviría lo suficiente para hacerlo.

Desconoce el vínculo con las desapariciones de su marido, pero entre ellos hay un nexo: sus mentiras han motivado el cambio de ubicación de la pareja. Curro Peiró los arrastró a la bodega del dirigible por algún motivo. Uno muy concreto.

—Hay algo que no me estás contando…

Comparte con Patricia sus temores.

—Ese hombre tuvo una gran influencia en la juventud de Germán.

El pro fesor Peiró organizó la expedición a Muxía de los voluntarios de la Universitat Politècnica en 2002.

Germán se implicó muchísimo y estuvo trabajando durante semanas con las manos desnudas.

Estaba tan orgulloso de su valentía… Eso fue mucho antes de conocernos.

—¿De qué heroicidad hablas?

—Del Prestige. Del vertido del petrolero en Galicia. Siempre se jactaba de que los estudiantes de Peiró trabajaron sin EPI , sin equipos de protección personal . Actuaron rápido, no había material para todos.

— Nunca Máis . —Aguilar recupera el sombrío eslogan que concentra la furia de aquellos años—. Entonces…

Las dos llegan a la misma conclusión: Fukushima y Prestige.

Dos catástrofes. Una persona. Camarote veinticuatro .

Germán es la única persona del Embryo que ha estado expuesta a dos sucesos altamente contaminantes en un periodo de diez años. En 2002, Prestige, y en 2011, la fuga de Fukushima. Solo Patricia se atreve a verbalizarlo:

—Mar, tu marido. ¡Tu marido Germán es la Vaca!

Sabe que eso no es todo. Que hay más.

—Te conozco. Suéltalo ya.

—La investigadora de Nanshan dice que la extracción del plasma será en las próximas horas.

Mira el reloj. Apenas faltan doce horas para el aterrizaje.

—La preparación del donante es un proceso costosísimo. Casi diez horas. Van mal de tiempo. Y esa gente es peligrosa. Si logramos jugar al despiste el lapso suficiente, quizá tengamos una oportunidad.

—Tengo que advertir a Germán.

—Hagamos una cosa.

—Dime.

— Tienes que ir a por él. Avisar. Tenemos que ocultarlo el periodo suficiente para que la extracción no sea viable por falta de tiempo.

Poquet contiene la respiración.

—¡¿Me estás escuchando?! —grita Patricia. Está en shock. La zarandea—. Tú ve a por Germán, le instas a que se oculte y yo bajo al laboratorio. Necesito evidencias, fotografiar el golpe mortal. Tengo que demostrar que la fundación orquestó la muerte de Ponce Savaté.

Las mujeres se alejan.

Patricia la esperará en el laboratorio fantasma.