Capítulo 33
Unas horas antes
Embryo
Bajo las bombillas del tocador, las ojeras de Arya son tan profundas como el abismo. En minutos, su piel mejora por sortilegio.
—¿Problemas para dormir?
—Problemas en general.
Arya se muestra ocurrente para esconder su sorpresa. Es una maga de talla internacional, pero que Volkers haya pedido verla a solas la desconcierta.
Aún no lo sabe, pero tratará de reclutar su memoria. Se han citado en el camerino.
—Pues usted dirá…
—Por favor, tutéame . Tenemos casi la misma edad.
No la tienen.
Volkers es preciosa. Arya es joven.
—Pues tú dirás, Monika —repite .
—Todo el mundo está encantado con tus acrobacias, con tus trucos… Es sorprendente cómo haces desaparecer billeteras, llaves, relojes…
La presidenta recuerda cómo la desvalijó, incluyendo su brazalete, y ni siquiera sintió una ligera presión. La maga es fantástica.
—Quería ofrecerte un contrato de larga duración.
Arya se tensa.
Monika Volkers tiene toda su atención. Desde que se retirara hacía unos meses tras lo sucedido con su hermana, los promotores han sido benévolos con las cancelaciones, durante un tiempo .
Después, las grandes giras cesaron. Nadie quería tratar con una artista inestable que, además, se negaba a realizar su número estrella: el truco nemotécnico de las Devant.
Arya conserva su fama y renombre, pero la purpurina apenas llega para financiar su tren de vida.
Su actuación en el Embryo iba a suponer un punto de inflexión en su trayectoria.
Monika conoce su desesperada situación. Que Ponce intercediera ante Monika para su fichaje cobra, de pronto, todo el sentido. Sabe que la tiene contra las cuerdas.
—Si el vuelo del Embryo funciona, sería un honor contar contigo en próximos itinerarios.
Serías, digámoslo así, nuestra intérprete residente.
Un contrato en exclusiva durante dos años para esta línea y para las otras tres que planeamos para Latinoamérica y Asia.
Como sabes, en las economías emergentes hay un gran nicho por explorar: el mercado del superlujo. ¿Qué me dices?
Volkers juega con cartas marcadas. Arya Devant aún no puede ver el truco.
—¿Artista residente?
Por el tono, ha caído en la trampa.
—Así es. Pero antes…
—Necesitas un pequeño favor. —Arya quiere conocer la letra pequeña.
—Algo sencillo. Solo que pongas tu memoria a trabajar.
—Sabes que ese número ya no está en mi repertorio, Monika.
—¿Y si tu memoria pudiera salvarle la vida a Ponce Savaté ?
El escritor es importante para ambas mujeres. Por motivos distintos .
—Ahora mismo solo quiero ver muerto a ese imbécil.
Volkers le tiende una cifra en una tarjeta.
Duda. No tiene muchas más opciones.
—Este es el importe por los dos años, entiendo. —Arya contiene su júbilo.
—No, querida . Son tus honorarios por actuación.
—¿Qué tengo que hacer ?
—Saber qué se lleva entre manos Savaté con su libreta.
—¿Solo eso? ¿Pero tengo que robarla?
—No, con que memorices el texto será suficiente.
Arya continúa maquillándose cuando Volkers cierra la puerta.
Es el turno de los labios . Su boca se expande elástica porque la misión ya está cumplida.
Hace horas que ha abierto ese cuaderno. Dar con la combinación fue un juego de niños.
Tuvo acceso al código la primera noche con Savaté, aquella que le hizo pensar que debía dosificarse en cuestiones amatorias.
Volkers ha contratado a un zorro para cuidar de su gallina. Sin embargo , sale ufana a la reunión con su marido donde conocerán la identidad de la Vaca. El comité de sabios los aguarda al completo.
—Tenemos al sujeto y el camarote.
El laboratorio contiene la respiración.
—Es una persona que ha estado en dos puntos calientes de la lista de catástrofes —explica Nanshan—, y además es cien por cien compatible con el Heredero.
Una vez descartado Ponce, la madre de Hans rompe a llorar.
Su marido le besa el pelo .
—¿En qué cabina está la Vaca?
—Cerca de aquí, en el camarote veinticuatro.
—¿En el casco? —pregunta Acevedo, confundido—. ¿Ha resultado ser un empleado?
—No exactamente , señor. El Afortunado compatible estaba alojado junto a su pareja en el primer piso, como todos los pasajes de primera . En algún punto de la travesía cambiaron de estancia, desconocemos el motivo. Ahora la Vaca se ubica en la zona inferior del Embryo.
—¿Puedo ver su expediente?
—Monika, no lo hagas. ¿Qué ganas poniéndole cara?
El hombre de las gafas escurridizas le tiende la tableta donde figura la documentación. La genetista se lleva una mano a la boca. Lamentará la muerte del Afortunado.
Es una persona inteligente. Acevedo también ve la foto. El parecido del sujeto le regala un viaje en el tiempo a una tienda de la Via Montenapoleone. Juguetea con su sello de oro. No había vuelto a pensar en aquella italiana desde los años setenta.
La practicidad se impone a la conmoción del empresario. Una consecuencia improbable está a punto de salvarle la vida a su único hijo.
La fortuna está de su lado.
—¿ Cuándo comenzará el proceso de trasvase? —pregunta Acevedo.
—En unas horas, esta madrugada, cuando todos duerman, mientras cubrimos el último tramo del Atlántico Norte.